Dormir seis horas entre semana y recuperar el sueño perdido el fin de semana se ha convertido en una rutina tan extendida que casi nadie la cuestiona. Sin embargo, el cuerpo no gestiona esa
falta de sueño de forma clara, pues la
privación crónica, aunque sea moderada, deja huella en un sistema hormonal muy concreto, el del
cortisol. Esta hormona es la que regula buena parte de nuestra respuesta al estrés a lo largo del día.
En este sentido, el médico
Sebastián La Rosa ha publicado un vídeo en su cuenta de Instagram donde advierte que
dormir poco de forma sostenida no solo se traduce en cansancio o falta de concentracón al día siguiente, sino en un
patrón hormonal que se parece al de una persona bastante mayor, independientemente de la edad real de quien duerme poco.
Qué le pasa al cortisol cuando se duerme poco
El cortisol
no se mantiene estable a lo largo del día. Sube por la mañana y va cayendo de forma progresiva a medida que avanza la jornada, hasta tocar su punto más bajo antes de dormir. Ese descenso, explica La Rosa, es justamente lo que falla cuando el sueño no es suficiente. "Cuando se duerme poco tiempo, el
cortisol de la tarde, el que tendría que estar cayendo progresivamente,
queda elevado", señala el médico. “Su valle, el valor más bajo, termina siendo más elevado de lo que debería”.
Ese desajuste no se queda en un dato aislado de un mal día. Según La Rosa, se retroalimenta con el propio problema que lo provoca. "Esto es importante porque genera un
círculo vicioso con respecto a la privación del sueño y de la calidad del sueño". Dormir mal eleva el cortisol, y un cortisol más alto de lo normal, a su vez, dificulta seguir durmiendo bien.
El punto en el que más insiste La Rosa es que este problema no requiere privaciones extremas de sueño para que suceda. Basta con la rutina que sigue buena parte de la población de forma más o menos consciente. "La
restricción crónica, que es algo muy común en la gente que suele dormir 6 horas o 6 horas y media por noche, deja un patrón que se parece hormonalmente al de una
persona mayor", explica.
La comparación no es una forma de hablar. El propio médico detalla en qué se traduce exactamente ese parecido hormonal. "Eso quiere decir que dejamos
valores más elevados de cortisol y dejamos una
peor respuesta al estrés luego", señala el especialista. Es decir, no solo cambia una cifra en una analítica, sino la capacidad del cuerpo para gestionar el estrés del día a día, algo que normalmente se asocia al paso de los años y que, según esta explicación, también puede acelerarse por la
falta de sueño sostenida en el tiempo.
La solución no son los suplementos
Frente a este problema, el médico
no recomienda el consumo de suplementos para reducir el cortisol. "La verdadera reparación de nuestra respuesta al estrés no es tomarte un suplemento para bajar el valor de una sustancia en sangre", afirma. Para La Rosa, el error de fondo está en tratar el cortisol elevado como si fuera el problema en sí mismo, cuando en realidad es la
consecuencia de algo más profundo: una respuesta al estrés que ha dejado de funcionar bien.
Por eso plantea un enfoque distinto, centrado en
entrenar nuestra respuesta al estrés y algo que llamamos
respuesta autonómica, para aprender a funcionar mejor sometidos al mismo estrés que sabemos que no va a cambiar: el que viene de afuera", resume.
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