Sara Marín, médico: "El secreto de la longevidad está en nuestras manos"

Marín detalla las claves del antienvejecimiento a raíz de un estudio español a la persona más longeva del mundo

La doctora Sara Martín Berbell. / Instagram: @uncafecontudoctora


16 jul 2026. 11.45H
Cuando María Branyas falleció en 2024 a los 117 años, convertida en la persona más longeva del planeta, un equipo de científicos españoles aprovechó su legado para intentar responder a una de las grandes preguntas de la medicina: por qué algunas personas envejecen mucho más despacio que otras. La respuesta, sorprendentemente, no se encontró únicamente en su ADN, sino también en algo tan cotidiano como sus heces.

Así lo explica la médico Sara Marín en un vídeo publicado en su cuenta de Instagram (@uncafecontudoctora), donde repasa los hallazgos de este estudio y explica por qué la microbiota intestinal podría ser una de las piezas clave, aunque no la única, del rompecabezas de la longevidad. "¿Sabéis que han encontrado el secreto de la persona más longeva del mundo para vivir tantos años? Y está en su caca", plantea la especialista.

Un cuerpo de 94 años y un intestino de 20


El primer hallazgo que obtuvo el estudio tiene que ver con la llamada edad biológica, un concepto distinto a la edad cronológica que mide el estado real de envejecimiento del organismo a partir de marcadores moleculares. Según explica la médico, los investigadores que estudiaron a Branyas descubrieron que, pese a sus 117 años, "tenía un cuerpo de 94 años y un intestino de 20".

Para entender este dato, hay que conocer el concepto de epigenética, la disciplina que estudia cómo el ADN va acumulando marcas químicas a lo largo de la vida. "Son como códigos de barras que tu cuerpo va grabando en el ADN cada año que pasa", describe Marín, y explica que esas marcas hacen que el material genético se pueda "leer" cada vez peor, lo que se traduce en un peor funcionamiento del organismo con el paso de los años. Al medir estas marcas en Branyas, los científicos comprobaron que se correspondían con las de una persona de 94 años, 23 años menos respecto a su edad real.


Pero esto no es todo, pues los investigadores también descubrieron que la composición de la microbiota intestinal de Branyas era la de una persona mucho más joven. “La microbiota cambia con la edad, y las bacterias que ella tenía eran las propias de una persona joven”, señala la especialista. Estas bacterias producen ácidos grasos de cadena corta que lo que hacen “es alimentarse de la fibra que tú comes y transformarla en gases y en ácidos grasos de cadena corta, como por ejemplo, el butirato”, detalla la médico.

Este compuesto, según Marín, cumple varias funciones relevantes en el organismo:

  • Fortalecer la barrera de las células.
  • Ayudar a fortalecer nuestro sistema inmune.
  • Regular la inflamación.

"Esa inflamación es, precisamente, lo que acaba dañando las células, haciéndonos envejecer y produciendo enfermedades". De hecho, según la especialista, la microbiota es capaz de producir sustancias que llegan a todo el organismo y que podrían ayudar a prevenir patologías como el alzhéimer, la obesidad, el infarto, el ictus o el cáncer.

Hábitos y la dieta mediterránea


Más allá de la epigenética y la microbiota, los hábitos son un aspecto fundamental para envejecer más lento y mejor. Para vivir tantos años, María “seguía una dieta mediterránea, además de comer tres yogures al día y estar muy arropada por su familia”, afirma Marín.

Sin embargo, estos hábitos concretos no deben interpretarse como una fórmula mágica, pero sí indican que “el secreto de la longevidad realmente está en nuestras manos, y que los hábitos pueden modular nuestros genes; lo que se conoce como epigenética”, concluye la médico.

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