La cara B de hacer un doctorado sanitario: "Puedes estar años sin publicar"

Bea es optometrista y lleva cuatro años doctorándose entre Madrid y Boston. Ahora cuenta todo lo que ha aprendido

Bea, doctoranda y optometrista.


14 jul 2026. 15.20H
Bea lleva cuatro años haciendo un doctorado en Optomoetría entre Boston y Madrid y, con la experiencia acumulada, puede decir que muchas de las ideas que tenía al empezar no eran del todo ciertas. Algunas eran mitos, otras medias verdades que no reflejaban la realidad de la vida investigadora y que ahora busca desmontar en un vídeo en su cuenta de Instagram. 

"El doctorado está reservado solo a los más inteligentes" 


Uno de los primeros mitos que Bea tuvo que desmontar fue que el doctorado está reservado para las personas más inteligentes. La realidad, según explica, es diferente: "La inteligencia no te mete, pero la constancia hace que acabes". Tener capacidad es importante, pero la perseverancia, la paciencia y la capacidad de seguir adelante cuando los resultados no llegan son igual de decisivas para la optometrista. 

Otro de los grandes engaños es pensar que, si trabajas lo suficiente, necesariamente conseguirás sacar adelante la tesis. Frente a esta idea, Bea destaca que "puedes trabajar durante años sin tener resultados publicables". Eso no significa que no seas suficiente ni que estés haciendo algo mal. La especialista subraya que, más bien, nadie explica cómo funciona realmente el sistema académico, con sus tiempos, sus incertidumbres y sus dificultades.



El síndrome del impostor es muy común durante el doctorado 


También tuvo que enfrentarse a la sensación de que todo el mundo lo estaba haciendo mejor que ella. Durante un doctorado es fácil pensar que los demás avanzan más rápido, publican más o tienen mejores ideas. Sin embargo, según explica Bea, detrás de muchos investigadores existe el síndrome del impostor. "La diferencia es que pocas personas hablan de ello abiertamente", añade. 

Otro de los mitos, que también podrían aplicarse en los estudios de grado, es que el agotamiento desaparece al terminar la tesis. Pero, lejos de la realidad, Bea ha descubierto que, si decides continuar en la carrera académica, la presión no desaparece automáticamente. En este sentido, manda un mensaje claro: "Los limites hay que aprenderlos durante el doctorado, no después". 

Tener el título no te garantiza un futuro sencillo 


Sin embargo, para ella, el mayor cambio no es el documento que certifica los años de investigación, sino la transformación personal que ocurre durante el proceso. "El doctorado te cambia a ti", afirma rotundamente. 

El título tampoco te garantiza un futuro sencillo: "El mercado académico laboral es brutal. Nadie te asegura nada". 

Al final, como le ha ocurrido a Bea, son aprendizajes que muchos doctorandos descubren sobre la marcha, pero que ella ha querido resumir para poder ayudar al resto. 
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