Compartir vida y profesión con un médico puede facilitar la comprensión mutua ante las
guardias, el cansancio o la falta de tiempo, pero también implica
convivir con rutinas marcadas por el hospital, los calendarios imposibles y conversaciones que rara vez se quedan fuera del trabajo. Sobre esa realidad ha reflexionado en tono de humor, la médica de Familia María Escori, que ha aprovechado su aniversario de boda con un internista para publicar en su perfil de X un particular decálogo sobre
qué no hacer en las parejas de médicos.
"Si la endogamia de este gremio es irremediable por lo menos háztela más llevadera", escribe en un hilo publicado en X, donde reúne diez consejos en clave de humor basados en situaciones cotidianas que, según da a entender, forman parte habitual de la
convivencia entre profesionales de la salud.
Guardias, series médicas y conversaciones imposibles de cortar
Uno de los primeros consejos que plantea Escori pasa por
no preguntar qué tal ha ido la guardia si no se dispone de tiempo suficiente para escuchar la respuesta completa. "No preguntes '¿qué tal ha ido la guardia?' si no cuentas con 25-45 min para escuchar todo tipo de penurias", señala. En ese mismo mensaje recomienda "asentir y validar todo lo que cuente" antes de mandarte a dormir. En el caso de que la situación se da en ambos sentidos considera que se está hecho "
el uno para el otro".
La médica también pone el foco en la organización de las
guardias dentro de la pareja y advierte de que planificarlas con demasiado detalle no suele salir bien. Cuando los turnos de uno y otro apenas coinciden, resume la logística doméstica con una frase que traslada la casa al lenguaje clínico: "nevera estable, polvo sin descompensación, ropa para planchar proliferando y el
estado del cubo de la ropa sucia es crítico".
En su lista también hay espacio para los libros de Medicina acumulados en casa, los nuevos proyectos profesionales que restan tiempo a la pareja y la imposibilidad de ver juntos una
serie médica sin convertir el visionado en una
revisión técnica constante. "Pasar el capítulo discutiendo las incongruencias, fallos, e inverosimilitudes de guion no es desconectar, es un tribunal médico con pausas publicitarias", apunta. Por eso, recomienda optar por ficciones alejadas del ámbito sanitario.
Diagnósticos en casa, vacaciones difíciles y un botiquín vacío
Otro de los límites que plantea Escori es el de no ejercer de médico del otro dentro de casa. "No es buena idea diagnosticaros y trataros el uno al otro", sostiene. A su juicio, la implicación emocional interfiere en la
objetividad clínica: "
El amor lo ciega todo, hasta el ojo clínico". De ahí que defienda que cada uno sea atendido por un profesional ajeno a la relación.
La autora del hilo también ironiza sobre lo difícil que resulta
no hablar de trabajo en el tiempo compartido. "NO se puede hablar de trabajo más del 10% del tiempo compartido", escribe, aunque enseguida reconoce que llevarlo a la práctica es complicado, porque basta con empezar una frase sobre un caso clínico para que la conversación derive de nuevo hacia el hospital.
En el terreno personal, esta especialista se detiene en la planificación de las
vacaciones, que presenta como una tarea casi imposible cuando hay que
cuadrar guardias, cursos, sesiones, incidencias y festivos. Aun así, anima a no renunciar: "Buscar días juntos mirando los calendarios de guardias, cursos, sesiones, incidencias, festivos... parece imposible". También recuerda que el secreto profesional no debe romperse en casa, "aunque el chisme sea potente", y cierra con una imagen doméstica que rompe con el estereotipo del sanitario siempre preparado: "No compréis una caja para hacer de botiquín en casa, no tenéis ni un triste paracetamol que no esté caducado".
Tras los diez puntos, la médica aclara el tono del hilo y lo remata con un mensaje de aniversario dirigido a su pareja. "¡Es broma! (casi todo)", escribe, antes de agradecer "estos cinco años de
equipo multidisciplinar domiciliario" y desear que "lo que el generalismo ha unido no lo separe el
burnout".
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