La
preparación del examen MIR suele plantearse como una etapa de dedicación exclusiva, durante la que los aspirantes centran todo su tiempo en estudiar durante meses. Sin embargo, no todo el mundo puede pasar meses sin una remuneración económica. Es el caso de
Macarena Galera, médica formada en Argentina, quien ha pasado los meses anteriores a la celebración de la prueba trabajando, primero a tiempo completo y, en la recta final, a media jornada, y a pesar de ello ha conseguido lograr un buen resultado en la prueba.
Su día a día distaba mucho del ideal de médico centrado únicamente en el
examen. De hecho, relata que ha sido un proceso marcado por cambios de trabajo, mudanzas y adaptación a un nuevo país."Me comparaba todo el tiempo pensaba que a otros les iba a ir mejor porque solo estudiaban y yo estaba en desigualdad de condiciones", recuerda esta médica. Una comparación que le acabó pasando factura.
"Me daba con un látigo", reconoce, al verse incapaz de cumplir con el ritmo que marcan las academias.
Ante esa falta de tiempo, Galera decidió reenfocar su estrategia de estudio para el examen. "No podía estudiar de los libros. Los manuales no los toqué, solo para cosas muy puntuales, porque no me daba la vida y tenía que trabajar con lo que tenía, que eran las clases y los apuntes", explica en el vídeo publicado en su perfil de TikTok. Así, su
primera vuelta se basó en ver todas las clases y tomar apuntes desde el inicio, priorizando la comprensión frente a la acumulación de contenido. "Fue full clases", señala, dejando los manuales solo para consultas puntuales.
A partir de ahí, su preparación giró en torno a las preguntas y los simulacros. "Yo intentaba hacer todos los desgloses que pudiera y todos los simulacros, con cronómetro y sin hacer trampa", detalla. Además, desarrolló un sistema propio para corregir errores: un
cuaderno organizado por especialidades donde
anotaba cada fallo para repasarlo antes de los siguientes exámenes. Este enfoque práctico le permitió optimizar el tiempo disponible. "Las preguntas te van dando
pistas de por dónde van los temas, suelen hacer enfoque en esto", explica, una dinámica que le permitió centrar el estudio en los contenidos más preguntados y optimizar al máximo el tiempo disponible.
Del desgaste emocional a un buen número MIR
No obstante, la falta de tiempo y la presión constante provocaron en Galera una gran carga emocional. "Si que habré perdido tiempo llorando, angustiada, castigándome, porque lo daba todo y para mí no era suficiente", recuerda. Además, los resultados en los simulacros tampoco ayudaban. Se movía en posiciones entre el 8.000 y el 11.000, lo que reforzaba la idea de que no iba a lograrlo. "Pensaba: no me va a dar", reconoce.
Sin embargo, el examen cambió el rumbo. Con 125 netas, esta futura especialista logró un número de orden de 4.405, muy por encima de lo que anticipaban sus simulacros. "No sé si se me apareció la virgen o qué", comenta con ironía. "Trabajando todo el tiempo, con media jornada, estudiando… sí se pudo", cuenta agradecida.
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