Europa Press
23 abr 2019. 18.17H
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MADRID, 23 (EUROPA PRESS)

Rascarse la piel desencadena una serie de respuestas inmunológicas que culminan en un mayor número de mastocitos activados (células inmunitarias implicadas en reacciones alérgicas) en el intestino delgado, según una investigación realizada en ratones por investigadores del Hospital Infantil de Boston (Estados Unidos).

Esta comunicación entre la piel y el intestino identificada ayuda a arrojar luz sobre la relación entre la alergia alimentaria y la dermatitis atópica (un tipo de eccema), una enfermedad caracterizada por la piel seca y con picazón, y que supone un gran factor de riesgo para desarrollar alergia alimentaria.

Sin embargo, la relación precisa entre las dos afecciones sigue siendo incierta. Como el picor es un síntoma importante de la dermatitis atópica, las personas con la enfermedad, particularmente los bebés, a menudo se rascan la piel. El estudio actual propone que rascarse la piel estimula la expansión de las células más grandes del intestino.

Los investigadores encontraron que algunas células de la piel responden al rascado produciendo una proteína de señalización celular llamada 'IL-33', que entra en el torrente sanguíneo. Cuando llega al intestino, trabaja en conjunto con la 'IL-25', una proteína secretada por las células del revestimiento del intestino, para activar las células linfoides innatas de tipo 2 (ILC2). Los ILC2 activados producen dos proteínas adicionales de señalización celular, la IL-13 y la IL-4, que se encontraron responsables de la expansión de los mastocitos intestinales.

Los investigadores también encontraron que a medida que los mastocitos se expandían, el revestimiento intestinal se hacía más permeable, lo que facilitaba la entrada de alérgenos en los tejidos. En particular, los ratones que se sometieron a la extracción con cinta adhesiva tuvieron reacciones más graves a los alérgenos de los alimentos que los ratones que no lo hicieron. Finalmente, encontraron que las biopsias intestinales de cuatro niños con dermatitis atópica contenían más mastocitos que las de cuatro niños sin la afección.

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