Europa Press
17 feb 2020. 17.09H
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MADRID, 17 (EUROPA PRESS)

El grupo de CIBERDEM liderado por Ángela Mª Martínez Valverde en el Instituto de Investigaciones Biomédicas Alberto Sols ha revelado que la proteína tirosina fosfatasa 1B (PTP1B) podría jugar un papel clave en el eje intestino-hígado en ratones con esteatohepatitis no alcohólica (NASH).

Además, el estudio publicado en la revista 'Molecular Metabolism', ha identificado un papel protector de la deficiencia de PTP1B frente al cambio en el microbioma intestinal durante la NASH acompañado con una menor permeabilidad de la barrera intestinal.

En concreto, el estudio describe que en la esteatohepatitis no alcohólica se producen una serie de cambios en la microbiota intestinal y en los niveles de los ácidos biliares y del péptido GLP-1 en suero. "Estudiamos las características intestinales y la permeabilidad de la barrera en ratones de genotipo salvaje y deficientes en la enzima PTP1B alimentados con una dieta estándar o deficiente en colina y metionina durante 4 semanas como modelo experimental de NASH", ha dicho Valverde.

De hecho, prosigue, en el estudio se observó que, a pesar del fenotipo proinflamatorio de los ratones con deficiencia global de PTP1B, estos ratones estaban parcialmente protegidos contra las alteraciones en la microbiota intestinal durante la NASH y presentaban una mejor integridad de la barrera intestinal y, por tanto, menos permeabilidad bajo esta condición patológica.

Y es que, estudios realizados en organoides de intestino han puesto en evidencia que la inhibición de PTP1B induce un aumento en la secreción de GLP-1 lo que podría contribuir a la protección intestinal observada en el modelo 'in vivo'.

"La esteatohepatitis no alcohólica se caracteriza por un componente proinflamatorio robusto tanto a nivel hepático como sistémico, junto con un microbioma intestinal específico de la enfermedad", han expuesto los investigadores, quienes han comentado cómo PTP1B desempeña un papel distinto en las células inmunes y no inmunes.

De hecho, en estas últimas, la proteína inhibe las cascadas de señalización proinflamatorias de manera que en el contexto del intestino su deficiencia desencadena la secreción de GLP-1 por las células enteroendocrinas. "Estudiar en mayor profundidad los mecanismos responsables de la mejora del fenotipo en los ratones deficientes de PTP1B con esta patología del hígado podría ayudarnos a determinar su posible valor terapéutico", ha zanjado la investigadora.

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