Europa Press
05 mar 2020. 14.04H
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MADRID, 5 (EUROPA PRESS)

El Grupo Español de Trasplante Hematopoyético y Terapia Celular (GETH) de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH) ha lanzado las 'Guías clínicas para el cuidado ginecológico de la paciente receptora de un trasplante de progenitores hematopoyéticos', para garantizar un seguimiento ginecológico "integral" frente a las posibles secuelas del trasplante de médula ósea en mujeres, con motivo del Día Internacional de la Mujer.

Estas guías clínicas surgen de la necesidad de establecer recomendaciones y protocolos para los especialistas involucrados en el cuidado de la mujer receptora de un TPH.

"El apoyo debe venir de hematólogos, endocrinos y ginecólogos, siendo fundamental que estos últimos formen parte de un equipo multidisciplinar desde el primer momento", ha señalado la coordinadora de estas guías, la hematóloga del Hospital Clínico Universitario de Salamanca, la doctora Lourdes Vázquez.

En España se realizan cada año más de 3.000 trasplantes deprogenitores hematopoyéticos (TPH), denominados genéricamente como trasplantes de médula ósea, que han logrado mejorar la supervivencia de los pacientes con cáncer en la sangre. Esto se ha visto reflejado en la disminución de las recaídas, la mejora de los tratamientos, la prevención y el tratamiento de las infecciones, así como el cribado de segundas neoplasias.

Sin embargo, los expertos aseguran que la enfermedad injerto contra receptor (EICR) y sus secuelas a largo plazo del TPH continúan siendo un "reto" para los sanitarios.

Además, en el caso de la mujer, se suman otros factores como "la presencia de cambios fisiológicos atribuibles al fallo ovárico prematuro, la aparición de la EICR genital, el incremento de la probabilidad de padecer un cáncer de cérvix o la infertilidad", según ha explicado Vázquez.

POSIBLES SECUELAS TRAS UN TPH

Entre un 25 y un 52 por ciento de las mujeres trasplantadas de médula ósea sufren un EICR genital. Si bien aún se trata de una patología infradiagnosticada, los expertos aseguran que su detección ha aumentado en los últimos años, gracias a la mejora de los cuidados, las exploraciones ginecológicas sistemáticas y la definición de los criterios diagnósticos.

Según Vázquez, la EICR genital contribuye "de manera directa" a la disfunción sexual. En concreto, un 66 por ciento de las pacientes supervivientes de un trasplante de médula ósea experimentan dificultad sexual, con pérdida de libido, dispareunia (73 por ciento de los casos) y menor placer sexual (68 por ciento).

Por otra parte, una de las complicaciones más graves a largo plazo tras un TPH es una segunda neoplasia. En estos casos, el carcinoma escamoso de cérvix es el tercer tipo de cáncer más frecuente en pacientes que han recibido un TPH alogénico. De hecho, el riesgo de estas mujeres a padecer este tipo de cáncer es 13 veces superior al de la población general y 18,5 veces mayor en las mayores de 34 años, como ha señalado la especialista.

Asimismo, el fallo ovárico prematuro es otro de los problemas que pueden derivarse tras un TPH y que se caracteriza por la ausencia de menstruación durante más de cuatro meses, la falta de esteroides sexuales y la elevación de la hormona gonadotrófica antes de los 40 años, que puede derivar finalmente en una menopausia precoz.

"Toda paciente en edad pre y postpuberal debe ser informada de las consecuencias y sintomatología del fallo ovárico prematuro y, si no ha cumplido su deseo reproductivo, tiene el derecho a conocer las posibilidades de preservación de su fertilidad, si es posible", ha resaltado la doctora.

Por todas estas causas, los expertos defienden la necesidad de un abordaje multidisciplinar y un seguimiento ginecológico anterior al TPH en las mujeres receptoras "siempre y cuando las condiciones clínicas de la paciente lo permitan". Un seguimiento que deberá, además, continuar en la fase postrasplante para contribuir a que tengan una vida "rigurosamente normal en todos los ámbitos, incluyendo el sexual y reproductivo".

En este plan de cuidados específicos antes, durante y después del proceso del TPH, el trabajo de las enfermeras se considera clave.

"Somos uno de los pilares fundamentales para la detección precoz de las complicaciones y el cuidado de la salud ginecológica y sexual de la mujer receptora de un TPH. En el marco de esta educación, tenemos que empoderar a la paciente para que participe en el programa de seguimiento y en las revisiones de forma activa", ha destacado la enfermera experta en TPH del Instituto Clínic de Enfermedades Hematológicas y Oncológicas, del Hospital Clinic de Barcelona, Mª Teresa Solano.

NOVEDADES Y RETOS EN EL TPH

Según la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), España alcanzó en 2018 un "máximo histórico" de trasplantes de médula ósea, con un total de 3.378.

"En el último año, hemos sido testigos de importantes novedades en el TPH, como la introducción de nuevos y potentes agentes inmunosupresores, la total implantación a nivel asistencial del trasplante haploidéntico y la aplicación de las terapias con células CAR-T por parte de los equipos de TPH en los hospitales autorizados para su aplicación", ha señalado el presidente del GETH y jefe del Servicio de Hematología del Hospital Clínico de Valencia, Carlos Solano.

En este sentido, los principales "retos" a los que se enfrentan los especialistas son: mejorar las metodologías de selección celcular para reducir la incidencia de la EICR y lograr la reconstitución del sistema inmune después del trasplante.

"La incorporación real de la figura del responsable hospitalario de TPH, así como la implantación y desarrollo de programas y equipos de trasplante domiciliario, mejorarán los resultados de este proceso terapéutico y la calidad de vida de los pacientes, junto con la reducción de costes y la contribución a la sostenibilidad del sistema sanitario", ha concluido el presidente del GETH.

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