El estigma de la incontinencia retrasa hasta tres años su diagnóstico

Medtronic ha lanzado esta alerta para concienciar sobre el impacto silencioso al que se enfrentan millones de personas

Franco Marinello, especialista en coloproctología del Hospital Universitario Vall d'Hebron.


15 jun 2026. 06.15H
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Con motivo de la Semana Mundial de la Continencia que tiene lugar del 15 al 21 de junio, expertos de referencia nacional en salud pélvica, se han unido junto a Medtronic, compañía líder en tecnología sanitaria, para concienciar sobre el impacto silencioso al que se enfrentan millones de personas en España: las disfunciones del suelo pélvico. Con la intención de romper el tabú que rodea a estas patologías, los profesionales sanitarios alertan sobre el grave impacto físico, social y psicológico de estas alteraciones funcionales y recuerdan que existen tratamientos eficaces para recuperar el control de la vida diaria.

Las disfunciones del suelo pélvico engloban un conjunto de patologías de alta prevalencia que afectan de manera silenciosa a una gran parte de la población: se estima que entre el 12% y el 14%1,2 de los adultos sufre incontinencia urinaria, entre el 5% y el 11%3-8 padece incontinencia fecal, y el dolor pélvico crónico llega a afectar a entre el 10% y el 26%9,10 de la población. A pesar de estas cifras masivas, la vergüenza y el estigma social actúan como un muro invisible, provocando que los afectados tarden hasta tres años en buscar ayuda médica.

El estigma y la falsa normalización de la patología



La incontinencia y el dolor pélvico destruyen de forma silenciosa la rutina y la confianza de los pacientes. La necesidad constante de localizar un baño, el miedo a las pérdidas imprevistas o el dolor persistente limitan la libertad individual y provocan un aislamiento severo.

Uno de los principales problemas es que el paciente tiende a asumir los síntomas como una consecuencia natural de procesos vitales. "La principal barrera sigue siendo el silencio. Muchos pacientes tardan años en consultar por vergüenza, miedo o porque creen que la incontinencia fecal es una consecuencia 'normal' de la edad, de un parto o de determinadas cirugías", explica Franco Marinello, especialista en coloproctología del Hospital Universitario Vall d'Hebron en Barcelona. "A esto se suma que, en ocasiones, tampoco se pregunta de forma activa en la consulta médica, lo que provoca un importante infradiagnóstico de una patología que es profundamente compleja y multifactorial".

Este contexto es especialmente visible en la salud femenina, donde las secuelas físicas se ocultan de forma sistemática. Ana Belén Muñoz, especialista en ginecología del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla en Santander, recalca que "las pérdidas de orina, el dolor, la sensación de peso pélvico o cualquier alteración tras el parto o durante la menopausia no deben asumirse como algo normal por el hecho de ser mujer o haber tenido hijos. Son síntomas frecuentes, pero eso no significa que haya que resignarse. Es fundamental tratar de manera precoz antes de que los problemas se cronifiquen".

Para quienes sufren en la intimidad este problema, los profesionales sanitarios animan a los pacientes a tomar conciencia y acción, según destaca Luis López-Fando, especialista en urología del Hospital Universitario de La Princesa en Madrid, "la incontinencia no es algo con lo que haya que resignarse a vivir. Existen opciones de diagnóstico y tratamiento que pueden mejorar de forma muy significativa los síntomas y la calidad de vida. Dar el paso de consultar es fundamental para recibir una valoración adecuada".

El retraso diagnóstico y la fragmentación en la atención



El tiempo que pasa un paciente ocultando su patología tiene consecuencias clínicas graves. El retraso de hasta 36 meses en recibir un diagnóstico adecuado favorece que la disfunción empeore y requiera intervenciones más invasivas en el futuro.

"Abordar estas patologías de forma aislada y sin una coordinación estructurada dificulta ofrecer una atención integral al paciente, traduciéndose en demoras, duplicidad de pruebas, variabilidad en los tratamientos y una utilización poco eficiente de los recursos", advierte López-Fando.

Por su parte, Eduardo Morán, especialista en urología del Hospital Universitario Politécnico de La Fe, Valencia, detalla que existen momentos decisivos donde la intervención médica debe acelerarse para evitar que el daño sea mayor: "Ante la aparición de síntomas de alarma como el dolor, la presencia de sangre en la orina (hematuria) o la incontinencia continua, o cuando el paciente muestra refractariedad al tratamiento inicial y no mejora, es fundamental redirigir el caso de inmediato a unidades de atención especializada".

Es por ello que el futuro en el manejo de las disfunciones del suelo pélvico pasa por la prevención, la intervención temprana con tratamientos conservadores y la innovación tanto tecnológica como asistencial.

Isabel Montes, especialista en rehabilitación, del Hospital Universitario de Gran Canaria Dr. Negrín, destaca el valor de actuar desde el primer momento: "La rehabilitación del suelo pélvico no debe entenderse como el último paso, sino como una de las primeras líneas de tratamiento. Una valoración precoz y un abordaje rehabilitador adecuado permiten identificar factores musculares, posturales y funcionales, evitando o retrasando tratamientos más invasivos". Para la doctora, fortalecer la detección en los centros de Atención Primaria es prioritario: "Identificar la disfunción de forma temprana en las consultas de cabecera evita la cronificación y permite ofrecer tratamientos más eficientes y humanos".

Para los casos más severos, la medicina ha experimentado avances revolucionarios que permiten recuperar el control físico. "La neuromodulación sacra ha cambiado por completo el paradigma en muchos pacientes con incontinencia severa, ofreciendo mejoras funcionales impensables hace unos años", destac Franco Marinello.

Sin embargo, los expertos coinciden en que la mayor innovación debe ser asistencial y humana. "El verdadero éxito de un tratamiento no debe medirse únicamente por el número de episodios de pérdidas anotados en un diario médico, sino por algo mucho más real: si el paciente ha recuperado la confianza para viajar, salir a comer fuera, hacer ejercicio o, simplemente, vivir sin miedo", concluyen.

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