El Ministerio de Ciencia aprobó el pasado mes de mayo una inyección de
8.000 millones de euros para financiar proyectos de alta tecnología. “Vamos a seguir apostando por la innovación para la transformación del mercado y de los sectores productivos”, afirmó entonces la ministra
Diana Morant. El objetivo es acelerar el desarrollo de tecnologías llamadas a cambiar el futuro, pese a los largos plazos que exige su investigación. En el ámbito sanitario, las expectativas están puestas en la hadronterapia, una tecnología basada en el uso de
iones pesados que se perfila como una de las alternativas más prometedoras para el tratamiento oncológico.
La propia ministra Diana Morant, destacó su potencial al señalar que “quizás en el futuro tengamos un equipo de
curación del cáncer que se haya desarrollado con este esfuerzo”. Sin embargo, los expertos consultados por
Redacción Médica son mucho más escépticos al hablar del alcance real que esta tecnología puede llegar a tener en la práctica clínica.
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Los oncólogos radioterápicos sentencian que la eficiencia clínica de la hadronteraia no está lo suficientemente demostrada
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La hadronterapia es una
modalidad de radioterapia que utiliza
partículas de iones pesados o protones para
destruir células tumorales. La ya popular
protonterapia es un tipo de hadronterapia que emplea únicamente protones, pero hay otras técnicas que se sirven también de neutrones. Pese a sus potenciales virtudes, tanto
Carlos Gomà, profesor adjunto de Física Médica en la Katholieke Universiteit de Lovaina (Bélgica); como
Jordi Giralt, oncólogo radioterápico del Hospital Vall Hebron y profesor del área de Radiología y Medicina Física de la Universidad Autónoma de Barcelona, advierten que una apuesta excesiva por este tipo de tecnología podría ir en detrimento de otras necesidades asistenciales. Ambos comparten una misma premisa: la
eficiencia clínica de la hadronterapia todavía no está suficientemente demostrada. Además, insisten en que, en la carrera por incorporar nuevas tecnologías sanitarias, España debería centrar sus esfuerzos en cuestiones más urgentes.
¿Necesita España invertir en hadronterapia?
En la misma línea, Carlos Gomà define la hadronterapia como “un nicho dentro del nicho” de la protonterapia. Aunque reconoce que “los iones pesados tienen algunas propiedades, como una densidad de ionización más alta y, en teoría, pueden tener un
efecto biológico más intenso en el tejido, tanto en el tumoral como en el sano”, considera que apostar ahora por esta tecnología sería “
rizar el rizo”.
“Es verdad que las partículas de radioterapia tienen unas ventajas, pero luego hay que ver cómo esto se traduce a la clínica. La diferencia entre protones y hadrones es muy poca. Así como hay mucha diferencia entre la radioterapia convencional,
con rayos X de altas energías, y los protones, que son hadrones ligeros, la diferencia entre los hadrones ligeros, que son los protones, y los hadrones más pesados, como el helio o el carbono, es menor”, explica.
Con este argumento, rechaza la necesidad de invertir en una instalación de hadronterapia. Además, señala que las barreras existentes no son pocas. Por un lado,
destaca el elevado coste, tanto de los aceleradores como de los sistemas de transporte del haz hasta el paciente. “No tienen gantry; el paciente, las localizaciones que se pueden tratar están más limitadas, los grados de libertad que tiene el profesional asistencial son menores, porque no puedes acceder al paciente desde todos los ángulos”, señala.
También apunta a un importante inconveniente relacionado con la complejidad biológica de la hadronterapia. “No es tan fácil hacer la traducción de propiedades físicas, de dosis de radiación a efecto biológico; con los protones es más sencillo”, asegura.
Disparar a los tumores "con un cañón"
“La radioterapia, para entendernos, se basa en administrar radiaciones donde está el tumor o la zona que se quiere tratar -detalla en la misma línea
Jordi Giralt-. Esta energía
produce ionizaciones en el DNA de las células; causa roturas cromosómicas y la muerte celular de los tumores”. En la gran mayoría de los casos se usan fotones, pero hace ya algunas décadas “se empezó a trabajar con otras partículas (desde protones hasta ionos de carbón) y que “tienen una masa muchísimo mayor”. “
Es como si en lugar de disparar con una bala ya lo hicieras con un cañón”, resume. Y, por tanto, es una práctica “más destructiva”.
El principal problema es que mediante esta técnica se irradia no solo el tumor, sino también el tejido sano, y ello
“produce una toxicidad”. “Las unidades de protones tienen una
indicación clara para el cáncer infantil porque es una forma de tratamiento que irradia menos tejido sano -incide-. La hadronterapia usa estas partículas pesadas mucho más grandes que transmiten mucha más energía, pero son más destructivas”. Por ello, su uso es preferible en el caso de tumores muy resistentes. “Pero la experiencia de su eficacia es muy limitada porque hay muy pocos datos clínicos”, advierte.
¿Cuál es la prioridad de España en tecnología sanitaria?
“La necesidad, personalmente, de una instalación de hadronterapia, yo no la veo. Sobre todo en este momento.
A lo mejor en diez años se podría hasta llegar a plantear, pero tampoco hay ninguna gran evidencia”, sentencia. En este sentido, insiste en que España tiene otras necesidades más urgentes en materia de tecnología sanitaria. “La primera es ponerse al día con la protonterapia” agrega Gomà.
En el contexto de Europa occidental, España es actualmente uno de los países peor situados en cuanto a acceso a protonterapia, tanto por número de salas como por capacidad en relación con la población. “España está a la cola de Europa. Creo que esta es, sin duda, la prioridad, y donde, desde mi punto de vista, podemos conseguir mayor ganancia a nivel clínico”, concluye.
A juicio de Jordi Guiralt, el futuro pasa a corto y medio plazo por el
impulso de la protonterapia, que posiblemente se convertirá en el “estándar” para ciertos tipos de pacientes “porque producen menos toxicidades y más beneficio a largo plazo en la reducción de morbilidad y supervivencia". "En estos momentos, gracias a la
Fundación Amancio Ortega, tenemos la gran oportunidad de ser uno de los países líderes en la protonterapia y tenemos que aprovecharlo", concluye.
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