¿Qué tienen en común
Rosalía y la
biología estructural? La respuesta a esta cuestión la tiene un joven jienense, cuya pasión por la artista le ha llevado a homenajear con su hallazgo científico el título de una de sus
canciones más populares. Fue, en concreto, la forma de castañuelas que adquiría la
proteína analizada en su laboratorio de Harvard lo que llevó a este investigador a bautizarla como RyDEP (Rosy Despechá).
"Cualquier nombre que consiga hacer llegar el
descubrimiento a más personas y al mismo tiempo ayudar a la compresión de lo que se está estudiando es un buen nombre", defiende Miguel López, orgulloso de la repercusión que ha tenido su decisión ya que hasta la cantante de Motomami hacía
mención a este guiño en uno de sus conciertos en Boston. "Me hizo especial ilusión como fan que soy, puesto que la sigo desde antes de que sacara su primer álbum y como investigador, también me pareció increíble".
El entusiasmo causado por su elección, tanto entre sus
compañeros de laboratorio como en el caso de su profesor, demuestra no solo que la fama de Rosalía ha logrado "cruzar fronteras" si no también que "Harvard es mucho menos sobrio de lo que quizás se piense en general".
Freno a las señales de alarma celular
Sin embargo, el nombre fue solo el colofón a un proceso que comenzaría con una pregunta: "¿hay
estrategias aún desconocidas que los virus han desarrollado para esconderse del sistema inmune?". Con este punto de partida en mente, este biólogo molecular, natural de Úbeda, empezaría a "investigar con distintas líneas celulares, en busca de algún caso en el que el virus pareciera tener una especial ventaja en la batalla". Hasta que él y su equipo se toparon con un hallazgo interesante: un
agente patógeno que codifica la proteína RyDEP.
Distintos experimentos bioquímicos y la aplicación de la biología estructural les permitiría "identificar el
mecanismo de evasión inmune". En concreto, la proteína, descubierta en bacteriófagos -virus que infectan bacterias-, es capaz de destruir aquellas 'señales de alarma' que les permiten a las
células entrar en un estado de peligro y al
virus replicarse e infectarlas eficientemente. En otras palabras, la RyDEP hallada tendría la capacidad de
frenar la infección vírica.
Lo cierto es que, en los últimos años, la evidencia ha demostrado que las bacterias y los animales comparten
principios básicos de inmunidad, es decir, "muchas de las estrategias de nuestro sistema inmune están también
presentes en el sistema inmune de las bacterias". De hecho, las proteínas para hacer edición génica, provienen de la investigación del sistema inmune de las bacterias, por lo que dicho descubrimiento con impronta musical "podría
ayudar a ampliar los conocimientos en este ámbito", vaticina López.
Además, teniendo en cuenta que RyDEP "tiene
proteínas homólogas en humanos, relacionadas con procesos como la contracción muscular o aspectos del sistema nervioso", descubrir su capacidad de acción en "virus y bacterias", abriría también la puerta a futuras "
hipótesis más directas sobre como las proteínas similares en personas pueden estar funcionando" y avanzar en el conocimiento científico de una manera "más rápida".
Lucha contra la anti-ciencia
Por desgracia, sin embargo, "la ciencia por sí sola no tiene tantos seguidores como pueden tener personalidades como Rosalía", reconoce López, obligado a migrar para seguir desarrollando su carrera como investigador. "Empecé a trabajar en un laboratorio desde primero de carrera, y eso es algo muy difícil de conseguir en España", admite, ya que "no se destina suficiente dinero a la
infraestructura científica" y "la situación de los investigadores puede llegar a ser bastante precaria, empujando a muchos científicos a tener que irse fuera a formarse y a trabajar".
Antes de rozar la mayoría de edad, y tras cambiar la Astrofísica por la Biología, este joven tenía claro que su futuro formativo estaba fuera de las fronteras españolas. Después de lograr con 17 años una
beca para cursar el bachillerato internacional en el Colegio del Mundo Unido de Maastricht, López continuó apuntando alto y, gracias a una nueva ayuda académica, lograría entrar en la
Universidad de Yale para hacer un programa combinado de grado y máster en 4 años en
Biología Molecular, Celular, y del Desarrollo. Una vez completado el grado, decidiría permanecer en suelo estadounidense, donde realizó el doctorado y comenzó su carrera de científico como parte del
programa de Ciencias Biológicas y Biomédicas de la Universidad de Harvard.
Ahora, mantenerse en este campo dependerá de su capacidad para hacer frente al sentimiento
"anti-ciencia" que prolifera en este país: "El clima político que lo acompaña, no lo pone nada fácil para
investigadores jóvenes", lamenta.
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