Cómo hacer de la fístula un ‘riñón’ más duradero

La técnica ventury es una de las que mejores resultados están obteniendo durante los últimos años

Martes, 17 de noviembre de 2015, a las 17:03
José A. Puglisi. Madrid
“La fístula es el riñón artificial para quienes padecen de enfermedades renales. Sin él, la calidad y esperanza de vida de muchos pacientes descendería”. Así de contundente es el presidente de la Sociedad Española del Acceso Vascular (Sedav), José García Medina, al destacar la importancia del desarrollo en nuevas técnicas que permitan prolongar en años la vida útil de las fístulas.

José García Medina, presidente de la Sedav.

Según indica el jefe de la Unidad de Radiología Vascular e Intervencionista del Hospital General Universitario Reina Sofía de Murcia, “se han realizado importantes avances en el ámbito quirúrgico, como la realización de microcirugías para aprovechar las venas y arterías de menor calibre, facilitando el tratamiento en pacientes con calcificación en las arterías. Sin embargo, la mayor innovación se ha registrado en radiología vascular”.

Una de las técnicas más importantes es la Trombectomia Reolitica que permite “la resolución de la trombosis de las fistulas mediante un dispositivo que realiza la aspiración del trombo a través de la inyección de solución salina a gran velocidad creando una zona de presión negativa que genera un efecto vacío de gran alcance, consiguiendo la eliminación del trombo y del suero salino inyectado”, explica el presidente de la SEDAV. De este modo, se favorece el mantenimiento de la fistula durante más tiempo.

Otra solución, que aún está en fase de experimentación, plantea la utilización de balones de angioplastia impregnados de fármacos que inhiben el mecanismo celular que ocasiona la restenosis. “Al impedir la obstrucción de la zona donde se implementó el stent, se genera una menor presión sobre la fístula y garantiza un funcionamiento que, en rasgos generales, permitirá alargar en gran medida su vida útil”, recalca García.

Los avances permitirán ayudar a los especialistas ante el incremento en el número de casos registrados en España. “Actualmente, se estima que hay entre 100 y 125 pacientes en diálisis por cada millón de habitantes, pero la cifra aumenta con rapidez y, cada 10 años, se duplica la cantidad de casos”, precisa. La evolución viene determinada por el envejecimiento de la población, así como por una esperanza de vida más larga (que hace tener pacientes que, usualmente, no se tendrían) y la mayor presencia de enfermedades como la diabetes, hipertensión y cardiopatías.

Procesos de renovación

A pesar de los importantes avances alcanzados, García destaca que aún quedan algunas asignaturas pendientes. “Es necesario alcanzar una mayor organización y coordinación de grupos multidisciplinares dentro del área de enfermedades renales, donde todos los especialistas trabajen con un norte en común”. “Una iniciativa que, desde la Sedav, ya se comenzó hace poco más de dos años, en línea con las organizaciones que existen en Francia, Europa y Estados Unidos”, agrega.

Otro aspecto que buscarán alcanzar es un mayor apoyo de la Administración. “Tenemos que encontrar la fórmula para que se comprenda que las enfermedades renales no son de segundo orden, sino que están al mismo nivel que otras como el cáncer o las cardiacas. Un 10 por ciento de las personas tendrán una enfermedad renal y siquiera lo sabe, por lo que nos enfrentamos a una situación con unas dimensiones similares a una pandemia”, sentencia.

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