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Neuromodulación: de los trastornos del movimiento a la conducta

Esta técnica, muy eficaz en párkinson, se abre camino para influir en la toma de decisiones.

José A. Obeso, director del Centro Integral de Neurociencias AC del Hospital Universitario HM Puerta del Sur (HM Cinac), en Móstoles (Madrid).

02 mar 2016. 16.40H
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POR SANDRA MELGAREJO
Miguel Fernández de Vega
“La neurociencia ha evolucionado desde el concepto clásico de que el cerebro se lesiona y enferma hacia un concepto más funcional en el que se definen alteraciones de circuitos y conexiones del sistema nervioso que es posible modificar”. José A. Obeso, director del Centro Integral de Neurociencias AC del Hospital Universitario HM Puerta del Sur (HM Cinac), en Móstoles (Madrid), ha dirigido el curso ‘Neuromodulación y neuroestimulación cerebral: nuevas perspectivas y aplicaciones terapéuticas’, que ha congregado a numerosos especialistas en estas técnicas.

La neuroestimulación es una ‘vieja conocida’ de los especialistas en trastornos del movimiento, dado que se ha utilizado desde hace medio siglo para interrumpir circuitos relacionados con el temblor. “Esta intervención quirúrgica tiene una serie de complicaciones porque es irreversible. Sin embargo, desde hace dos décadas, se ha desarrollado una técnica inspirada en los marcapasos cardiacos, es decir, insertar electrodos en zonas concretas del cerebro para generar un campo eléctrico que cambie las señales anormales y restaure funcionalmente esos circuitos”, ha explicado Obeso.

En este sentido, la estimulación cerebral profunda ha producido “cambios notables” en trastornos del movimiento como la enfermedad de Parkinson, la distonía y los tics. “Hay descargas eléctricas anormales tanto por exceso (temblor) como por defecto (lentitud) y todas son susceptibles de ser moduladas. Al principio se intentaban bloquear, pero lo ideal es eliminar lo malo y mejorar lo bueno. De esta forma surge el concepto de neuromodulación, que no se trata solo de apagar o encender, sino de restaurar los circuitos”, ha detallado el director del HM Cinac.

El especialista en trastornos del movimiento ha destacado los últimos avances técnicos: “Según el patrón de estimulación y la zona del cerebro sobre la que se actúe, se generan cambios plásticos y es posible crear una situación no solo con efecto inmediato, sino a medio-largo plazo. Este ámbito está en gran desarrollo porque, hasta ahora, los electrodos de estimulación no permitían modular”.

Actualmente, la neuromodulación ya tiene aplicaciones terapéuticas en dolor, depresión y trastornos del movimiento. En este último campo, su funcionalidad se aprovecha desde dos perspectivas: en trastornos que son más complejos, como la distonía de torsión o el síndrome de Tourette, y para reducir efectos secundarios, ya que permite que el tratamiento sea más específico.

En la seguridad y especificidad de la técnica también influye la neuroimagen, cuyo desarrollo ha permitido “visualizar la mayor parte de las dianas y que la colocación de los electrodos sea mucho más eficaz, exacta y rápida. Todo el procedimiento es más simple. Además, la neuroimagen permite analizar el impacto funcional de una determinada estrategia terapéutica”, ha señalado Obeso.

Modificar la toma de decisiones

El próximo paso de la neuromodulación será poder intervenir en trastornos psiquiátricos, como las adicciones. “Cuanto más cambios plásticos conlleva un mecanismo anormal, más necesario es modularlo e interferir con esos cambios. El gran desarrollo de la neuromodulación será interferir en la conducta”, ha afirmado el especialista.

Así, el curso impartido en HM Cinac, que ha contado con la colaboración de Boston Scientific, ha comenzado repasando el efecto que tiene la técnica sobre el núcleo subtalámico, “la diana estrella para el tratamiento de la enfermedad de Parkinson, cuya eficacia está ampliamente reconocida gracias a una tecnología que maximiza el beneficio y minimiza los efectos secundarios”, ha comentado Obeso; ha seguido con las posibilidades de la neuromodulación sobre la corteza cerebral, con lo que se busca impactar sobre problemas no resueltos en enfermedad de Parkinson y otros trastornos del movimiento; y ha finalizado con sus posibles aplicaciones sobre los ganglios basales, que influyen en la conducta y en la toma de decisiones.

En la actualidad, también está en desarrollo la estimulación magnética, que no es invasiva ya que prescinde de la cirugía necesaria para insertar los electrodos. No obstante, Obeso ha matizado que se trata de una técnica “experimental” y que todavía no está demostrada su efectividad: “La enfermedad de Parkinson responde muy bien a la estimulación cerebral profunda y deja poco margen de mejora. Sería contraproducente utilizar la estimulación magnética para evitar la cirugía porque su eficacia no está probada”.

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