La
pandemia del Covid-19 transformó los
sistemas sanitarios, pero también alteró el funcionamiento de las instituciones, las dinámicas sociales y los mecanismos de financiación pública. La
Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) estima en 35.000 millones de euros el coste derivado de la crisis sanitaria. Para hacer frente a ese impacto, el presupuesto del
Fondo de Contingencia prácticamente se duplicó a partir de 2021. Sin embargo, aunque el importe se mantiene en la actualidad, gran parte de esos recursos se destina a gastos que poco tienen que ver con situaciones imprevistas. Por ello, en su último
informe sobre riesgos fiscales, el organismo lanza una seria advertencia: el objetivo original del fondo se ha desvirtuado y la
capacidad de reacción financiera ante futuras crisis es hoy muy limitada.
¿Cómo actúa el Fondo de Contingencia ante las crisis sanitarias?
La dotación del Fondo de Contingencia se mantiene en
3.964 millones de euros desde 2023. Entre 2012 y 2020, este instrumento contó con una asignación relativamente estable, situada en torno a los 2.500 millones de euros. Sin embargo, a partir de 2021, y como respuesta al
impacto económico del Covid-19, su presupuesto tuvo un incremento porcentual de casi un 60 por ciento, hasta rozar los 4.000 millones.
Este aumento refleja el enorme potencial desestabilizador que tienen las emergencias sanitarias sobre las cuentas públicas. De hecho, la
AIReF incluye las pandemias dentro de los grandes riesgos ambientales y las clasifica como riesgos biológicos. Según sus estimaciones, la crisis sanitaria derivada del Covid-19 tuvo un coste de 35.000 millones de euros, una cifra que evidencia cómo este tipo de acontecimientos requieren una capacidad de respuesta financiera muy superior a la necesaria para afrontar la mayoría de desastres naturales o
fenómenos meteorológicos.
Sin embargo, el análisis de la ejecución del Fondo de Contingencia revela una
vulnerabilidad preocupante de cara a futuras pandemias. Aunque este mecanismo registró una ejecución media del 84 por ciento entre 2012 y 2025, porcentaje que se elevó hasta el 90 por ciento tras la irrupción del Covid-19, la AIReF advierte de que su finalidad original se ha ido desdibujando. El organismo señala que una parte importante de sus recursos continúa destinándose a financiar gastos previsibles o recurrentes, en lugar de cubrir
contingencias excepcionales e imprevistas, lo que reduce su capacidad de reacción ante nuevas crisis. Solo en 2025, el gasto no imprevisible absorbió algo más del 71 por ciento de la dotación total del fondo.
Así, la
sanidad pública necesita mecanismos de financiación ágiles e inmediatos para reaccionar ante emergencias imprevistas, como las crisis sanitarias. Por ello, al comprometer de forma recurrente el Fondo de Contingencia para cubrir gastos ordinarios o discrecionales que deberían estar previstos en los
Presupuestos Generales del Estado (PGE), se limita la capacidad real del Estado para inyectar liquidez de emergencia al sistema sanitario. El resultado es evidente: unas finanzas públicas y, en consecuencia, un sistema sanitario menos protegido frente a una
posible nueva pandemia o a riesgos similares.
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