El sistema público de salud se consolida como una herramienta clave para la
redistribución de la riqueza. Según el Décimo Informe del Observatorio sobre el reparto de los impuestos y las prestaciones, elaborado por investigadores de la Universidad de Zaragoza y de Fedea, la prestación de servicios sanitarios redujo
la desigualdad de la renta disponible de los hogares españoles en un 8,5 por ciento durante el año 2023.
El dato se encuentra ligeramente por debajo de
l 9 por ciento registrado a lo largo del año 2022, aunque sigue demostrando el impacto que tiene
el modelo de la sanidad universal en la economía familiar.
Además, el análisis revela que el impacto de la asistencia sanitaria en la economía de los hogares es
altamente progresivo. A pesar de que
se trata de un modelo universal, su valor real impacta con mucha más fuerza en la
s familias con menos ingresos, ayudando a equilibrar su capacidad económica frente a las rentas más altas.
Un beneficio de 5.115 euros por hogar
Los datos del informe reflejan que el gasto público en sanidad aumentó un
4,9 por ciento entre 2022 y 2023. Para un hogar español medio, recibir estas
prestaciones en especie (consultas, cirugías o tratamientos) supuso un beneficio valorado en
5.115 euros anuales.
La importancia de este "salario en especie" varía considerablemente según el nivel de renta:
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Hogares con menos recursos: Para el 20 por ciento de la población con menor renta (primer quintil), el valor de la sanidad pública equivale al 31,6 por ciento de su renta bruta.
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Hogares con mayores ingresos: En el extremo opuesto, para el 1 por ciento más rico de la población, el servicio sanitario solo representa el 1,3 por ciento de sus ingresos totales.
Sumando el efecto de la sanidad y la educación, estas prestaciones no monetarias representan casi el
44 por ciento de la renta bruta de los hogares más pobres, frente a apenas el 2 por ciento en los más acaudalados.
Mayor impacto redistributivo que la educación
El estudio técnico, firmado por los economistas
Julio López Laborda, Carmen Marín y Jorge Onrubia, confirma que la sanidad tiene una capacidad para corregir desigualdades superior a la de la educación pública. Mientras que la sanidad recorta la brecha de desigualdad en un 8,5 por ciento, la educación lo hace en un 3 por ciento.
Esta diferencia se explica porque
el gasto sanitario total es superior y porque su uso está más extendido entre
todos los tramos de edad y niveles de renta, mientras que la educación se concentra en hogares con hijos y tiene un efecto menor en niveles superiores como la universidad.
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