El Gobierno estudiará cómo minimizar el impacto de la
edad, por lo que implica
tanto a nivel físico como emocional, en la relación entre un profesional y su puesto de trabajo. Y lo hará poniendo el foco sobre la
sanidad, un sector “prioritario” por su relevancia, crecimiento y feminización. De forma paralela, se abordará cómo afecta la paulatina
digitalización de las actividades laborales y la “brecha” que provoca respecto a las generaciones más jóvenes.
La primera de estas auditorías será llevada a cabo por la
Universitat de València, adjudicataria de un contrato que asciende hasta los 37.285 euros. Según consta en los
pliegos de condiciones la licitación, el objetivo principal no es otro que analizar “la interacción entre la edad de las personas trabajadoras y la prevalencia de la exposición a exigencias emocionales y físicas”. “Se realizará un análisis combinado para establecer perfiles de trabajo atendiendo a
demandas físicas y emocionales y su interacción con la edad de la persona trabajadora para comprobar sus efectos en el riesgo laboral latente y el impacto en su salud”, añade.
En los propios pliegos se incide en la necesidad de “reforzar la
protección de las personas trabajadoras en situación de mayor riesgo o vulnerabilidad”. Y en este apartado se hace una mención directa al sector sanitario, sociosanitario y asistencial.
Apela el departamento de
Yolanda Díaz a que en los últimos años se han detectado fenómenos “que implican una reducción de la productividad y la satisfacción de las personas trabajadoras”, así como un aumento de los riesgos laborales derivados de las situaciones sociales (Covid-19) y las condiciones laborales. “Fenómenos como la
‘gran renuncia’ o ‘la desvinculación silenciosa’ implica que las personas trabajadoras prestan atención al coste que tienen las demandas del trabajo (sobre todo emocionales, pero también físicas) en sus vidas -indica-. Esta afectación implica un riesgo general en la salud física y mental de las personas trabajadoras y producen un ciclo de pérdidas que afecta fuertemente al contexto laboral”.
Asimismo, recalca la importancia de focalizarse en “
sectores feminizados y con un crecimiento previsto muy importante”, lo que conduce a un paulatino envejecimiento de la población, la desaparición progresiva del cuidado familiar, la relevancia de la labor de las personas complementada por la digitalización de la compañía para evitar problemas como la soledad, etcétera.
“Por lo tanto, el propósito de este contrato contribuye a los objetivos de la Estrategia Española de Seguridad y Salud en el Trabajo en general y a los del Grupo de Transiciones Digital, Ecológica y Demográfica en particular y permitirá al Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) realizar
asesoramiento técnico, acciones de formación y sensibilización en función de los resultados obtenido”.
Auge de la digitalización en sanidad
La segunda licitación ha sido adjudicada al
Instituto de Biomecánica de Valencia (IBV) por valor de 34.130 euros y consiste en la elaboración de un diagnóstico de situación respecto a las competencias digitales de los profesionales “en función de la edad, la
brecha digital y generacional y su impacto en la salud y en el desempeño”.
Respecto a ese impacto de la digitalización en las condiciones de seguridad y salud en el trabajo, el Ministerio subraya que “no hay ningún sector excluido de sus efectos”. “Todas las actividades con potencial digitalización en mayor o menor grado: búsqueda de información, administración,
realización de actividades físicas y manuales, movilidad, diseño, elaboración, venta… son transversales a todas las ocupaciones y actividades laborales -apunta-. En este sentido, es preciso relacionar las competencias digitales con la propia evolución de las características demográficas que definen la sociedad actual, especialmente en relación con el envejecimiento y con la brecha digital generacional. Estas transformaciones exigen que los
trabajadores dominen competencias digitales no solo básicas, sino cada vez más complejas, lo que puede convertirse en una barrera real para la inclusión y permanencia laboral de las personas trabajadoras”.
La irrupción de la
inteligencia artificial o de la historia clínica electrónica, los nuevos sistemas de gestión hospitalaria o la telemedicina constituyen buenos ejemplos de esta evolución en el sector sanitario.
Algunas de las consecuencias esperadas por esta brecha tecnológica son bajos niveles de productividad, mayor resistencia al cambio, reducción del bienestar emocional y laboral y disminución de las oportunidades de promoción.
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