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La OMS urge a los gobiernos a integrar la voz ciudadana ante catástrofes

En una guía junto a Cruz Roja y Unicef, propone "mapeos comunitarios" para conocer las necesidades de la población

Ihor Perehinets, director de Seguridad Sanitaria en OMS Europa; María Alcázar, directora de Cooperación Internacional en Cruz Roja Española; y Octavian Bivol, jefe de Unicef en Europa.


01 abr 2026. 05.15H
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La Organización Mundial de la Salud (OMS) llama a las autoridades sanitarias a integrar el “mapeo comunitario” en sus sistemas de salud, un “proceso participativo” para empoderar a la ciudadanía a la hora de elaborar estrategias de preparación y respuesta ante emergencias de salud pública, como brotes de enfermedades, crisis humanitarias y catástrofes naturales. Para ello, ha publicado una guía con herramientas basadas en recursos ya disponibles y un método dividido en tres fases: desde el estudio de la comunidad, pasando por la elaboración del propio mapeo identificando las necesidades ciudadanas, hasta el monitoreo y la evaluación de las iniciativas adoptadas.

Según el documento, elaborado por la Oficina Regional de la OMS en Europa, Unicef y la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC, por sus siglas en inglés), “la preparación y la respuesta ante emergencias debe diseñarse y ejecutarse con las comunidades, y no sólo para ellas”. No en vano, “están en el corazón mismo de la preparación y la respuesta”. Su implicación como “participante activa” en la planificación e implementación de los planes ante emergencias sanitarias da lugar a “intervenciones más eficaces, inclusivas y sostenibles”.

El mapeo comunitario “implica a los miembros de la comunidad en todas sus fases, desde la identificación de prioridades y recursos hasta el análisis de la información y el desarrollo de soluciones”. Además, “ofrece una vía más allá del sistema sanitario para llegar a grupos de población diversos y reforzar los vínculos entre las comunidades y los servicios de salud formales”. “Aplicando metodologías participativas, las autoridades y los equipos de respuesta pueden codiseñar y ejecutar intervenciones más ajustadas a las necesidades locales y que no dejen a nadie atrás”, reza el documento, que se nutre de la experiencia de organizaciones internacionales en emergencias sanitarias y “demuestra que la participación comunitaria genera confianza, refuerza la resiliencia y mejora los resultados en salud, incluida la protección de las comunidades”.

Otra de las ventajas que ofrecen los mapeos comunitarios, según la guía, es su naturaleza adaptativa. Al basarse en los recursos de los que dispone la propia comunidad y sustentarse en la participación activa, “puede integrarse en las medidas en curso y alinearse con mecanismos más amplios de coordinación de emergencias”.

Tres fases para sumar la voz de la comunidad al sistema


El primer paso para reforzar el papel de la ciudadanía en la prevención y respuesta ante emergencias de salud pública es el pre-mapeo. En esta fase se evalúa el alcance de la emergencia concreta en las comunidades, se definen los objetivos del mapeo comunitario, se lleva a cabo un análisis de datos secundarios sobre demografía y salud, entre otros; se identifican las comunidades más afectadas y marginadas para, posteriormente, priorizar la atención a estos grupos; se recopila información de contacto de las partes interesadas de la comunidad, se contacta con estas para obtener información sobre sus riesgos y sus recursos; se prepara un plan de acción de mapeo comunitario y, por último, se establecen un equipo y unas herramientas de mapeo.

La segunda fase es la del mapeo en sí. En el documento se propone involucrar a las partes interesadas en la comunidad haciendo entrevistas individuales y organizando charlas. Con la información obtenida tocaría hacer el mapeo comunitario participativo, un trabajo de campo para identificar barreras y vulnerabilidades de la comunidad, recursos y resiliencia comunitaria, necesidades concretas de la comunidad y brechas en los servicios y en la información. Con ello, se han de identificar o establecer “mecanismos de retroalimentación comunitaria”.

Por último, en la etapa de post-mapeo se analizarían los resultados del mapeo triangulando los datos, a partir de lo cual se elaboraría un informe resumiendo hallazgos y recomendaciones clave. Esos resultados se presentarían a la comunidad para hacer un análisis en común e incorporar posibles cambios. Con los datos se daría forma al plan de respuesta de emergencias, que habría de contar con un sistema de monitoreo, evaluación y aprendizaje.

“El conjunto de herramientas subraya la importancia de comprender los recursos, capacidades y estructuras locales existentes, y de aprovecharlos para garantizar que las intervenciones sean específicas para cada contexto, inclusivas y sostenibles”, se indica en la guía.
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