La epidemia del cáncer continúa avanzando a nivel mundial y los casos no dejan de aumentar, especialmente en mujeres jóvenes. Ante esta realidad, la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha presentado el informe
Brindando atención oncológica de alto valor, un análisis del Registro Europeo de Desigualdades en el Cáncer. Además, en el estudio hay una conclusión clara: la situación socioeconómica de los pacientes es decisiva tanto en el acceso al tratamiento como en la supervivencia: los hombres con bajo nivel educativo registran una mortalidad oncológica un 83 por ciento superior a la de aquellos con estudios más altos, mientras que en las mujeres la diferencia alcanza el 31 por ciento. Por ello, el informe pone el foco en la
necesidad de reforzar la supervivencia con una estrategia a largo plazo y en la estandarización de
rutas asistenciales integradas que permitan
reducir los diagnósticos en los servicios de urgencias.
La clase social del paciente, determinante en el tratamiento de cáncer
En 2024, en la Unión Europea se diagnostican de media 5,1 nuevos casos de cáncer por minuto. Además, uno de los datos más preocupantes es el aumento del cáncer de inicio temprano, que afecta a personas de entre 15 y 49 años. Esta situación obliga a
replantear las estrategias de prevención y detección precoz.
Las desigualdades sociales siguen marcando el pronóstico de la enfermedad. De nuevo, el nivel educativo emerge como un factor determinante: los hombres con menor formación presentan una mortalidad oncológica un 83 por ciento superior a la de aquellos con estudios más elevados; en el caso de las mujeres, la diferencia es del 31 por ciento. A esta brecha se suma la denominada
toxicidad financiera: el 16 por ciento de los pacientes europeos ha retrasado o evitado tratamientos por motivos económicos, una situación especialmente frecuente en el sur y el este del continente.
Sin embargo, esta situación convive con grandes avance en la
atención oncológica. La expansión de los medicamentos biosimilares está teniendo un impacto positivo, al liberar recursos que pueden reinvertirse en innovación. A ello se suma la apuesta por modelos asistenciales más cercanos al paciente, como la
cirugía ambulatoria y la
hospitalización a domicilio para quimioterapia e inmunoterapia, iniciativas ya consolidadas en países como Francia o Bélgica, que mejoran la eficiencia hospitalaria y la calidad de vida. No obstante, el desarrollo farmacológico continúa, no siempre se traduce en un beneficio clínico claro: el 41 por ciento de los nuevos medicamentos oncológicos aprobados por la Agencia Europea del Medicamento entre 1995 y 2020 no mostró un valor añadido cuantificable .
Una de las principales señales de alarma del actual abordaje del cáncer es la forma en que se llega al diagnóstico. En el caso del cáncer de pulmón, el 33 por ciento de los casos se detecta a través de los servicios de urgencias, una vía que suele asociarse a estadios avanzados y a un peor pronóstico. Para reducir estos diagnósticos tardíos, los expertos insisten en la necesidad de estandariza
r rutas asistenciales integradas. La creación de centros de diagnóstico rápido y de circuitos de derivación basados en síntomas inespecíficos se presenta como una solución eficaz, siguiendo modelos ya implantados con éxito en países como Dinamarca y Suecia.
Este cambio debe ir de la mano de una
atención más cercana y centrada en las personas. Hoy, solo uno de cada tres pacientes siente que recibe una atención realmente personalizada. Por eso, escuchar de forma sistemática la voz de los propios pacientes se vuelve esencial: sus testimonios y valoraciones permiten medir mejor los efectos secundarios de los tratamientos y comprender su impacto real en la calidad de vida y en la recuperación diaria.
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