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La OCDE coloca la sanidad como un motor económico ante una potencial crisis

El organismo alerta de la necesidad de reformas para elevar la productividad ante el cambio demográfico

Mathias Corman, secretario General de la OCDE.


10 abr 2026. 05.30H
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Revisar los fundamentos del crecimiento se ha convertido en una prioridad ante el deterioro de las perspectivas económicas a medio plazo en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Este frenazo responde, en parte, a la debilidad sostenida de la inversión empresarial tras la crisis financiera global, así como a una menor dinámica empresarial y a la ralentización en la acumulación de capital humano. Aunque la solidez del empleo en los últimos 15 años ha amortiguado este impacto, el envejecimiento de la población y la escasez de mano de obra amenazan con frenar este avance. Así lo constata el informe Fundamentos para el crecimiento y la competitividad 2026, publicado recientemente por la OCDE.

En este contexto, el organismo advierte de la urgencia de impulsar reformas estructurales que reactiven la productividad, tras más de una década de retroceso en el impulso reformador. El informe propone herramientas para afrontar estos retos y subraya el papel clave de la salud pública como pilar de la competitividad: sin una población sana, las inversiones en innovación o infraestructuras no alcanzarán su potencial por la falta de capital humano cualificado.

Una defensa de la salud como motor económico


El envejecimiento demográfico amenaza el crecimiento económico en la OCDE. Según el informe, la población en edad de trabajar se reducirá un 8 por ciento de aquí a 2060, con caídas superiores al 30 por ciento en algunos países, lo que podría recortar en un 40 el crecimiento del PIB per cápita respecto a la década de 2010. En este contexto, la salud deja de ser un gasto para convertirse en un factor clave de política laboral, ya que mantener a los trabajadores mayores en buen estado es esencial para paliar la escasez de mano de obra y el desajuste de competencias.

Del mismo modo, las desigualdades en salud  están frenando al capital humano. Eslovaquia es un claro ejemplo, la brecha en esperanza de vida según nivel educativo limita el acceso a formación continua y dificulta la adaptación a la transición digital y verde. Para ello, se propone reforzar la “fiscalidad saludable”, con impuestos al tabaco, alcohol o alimentos ultraprocesados, para reducir la mortalidad evitable y financiar la prevención. Aunque la inteligencia artificial puede impulsar la productividad,  la OCDE aegura que solo las reformas estructurales garantizarán un crecimiento sostenible.

¿Cómo garantizar una transformación saludable de las sociedades?


Sin una población sana, las inversiones en inteligencia artificial o infraestructuras físicas no alcanzarán su máximo potencial por la falta de capital humano capaz de operarlas. Por ello, la OCDE aboga por reorientar los sistemas sanitarios desde la curación hacia la prevención, al considerar que el gasto preventivo ofrece un mayor retorno que la atención hospitalaria tardía.

El organismo concluye que países como Hungría o Polonia deben racionalizar su red hospitalaria. No se trata de recortar, sino de introducir incentivos basados en resultados y sistemas de pago por desempeño en la Atención Primaria, con el objetivo de garantizar la sostenibilidad financiera ante el aumento de los costes asociados al envejecimiento.

Por último, el informe insta a reforzar la coordinación digital entre la atención sanitaria y los cuidados de larga duración para evitar duplicidades y mejorar la calidad de vida de los pacientes.

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