Los sitemas de salud de los países de la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) generan cada vez más datos, pero lograr convertir esa información en decisiones que transformen las políticas públicas sigue siendo un desafío. El informe
Aprendizaje a través de la Evaluación del Desempeño del Sistema Nacional de Salud (HSPA) identifica tres condiciones esenciales para que esta transformación tenga éxito.
La primera es contar con una infraestructura de datos sólida, basada en registros electrónicos interoperables. La segunda es garantizar la
participación activa de quienes forman parte del sistema en el diseño de las méstricas. Esto incluye a profesionales sanitarios, gestores y ciudadanos. Y la tercera la alineación política. Los resultados deben conectarse con las prioridades gubernamentales para que la información se traduzca en cambios reales en las políticas públicas.
La información, clave para la gestión sanitaria
La gestión sanitaria está cambiando. Ya no se trata solo de acumular datos, sino de transformarlos en información que oriente decisiones estratégicas. Ahora, frente a la
presión asistencial y el envejecimiento de la población, los países están evolucionando hacia modelos centrados en resultados y en el valor en salud.
En este proceso cobran especial relevancia los indicadores que recogen
la experiencia y la percepción de los propios pacientes. Ya no solo importan incicadores clásicos como la mortalidad o la incidencia de enfermedades, sino que también se evalúan otras variables como la calidad de vida, el bienestar y la efectividad percibida de los tratamientos, especialmente en pacientes con enfermedades crónicas.
El dato sanitario, una guía para la política
Uno de los grandes desafíos actuales de los sistemas de salud es convertir los datos en decisiones útiles. La OCDE identifica tres áreas que están transformando la manera de medir su desempeño. La primera es la resiliencia. Después de la pandemia del
Covid-19, los sistemas de salud analizan cómo los hospitales y redes asistenciales pueden ampliar recursos, reorganizar servicios y garantizar la atención esencial ante crisis inesperadas.
La segunda es la s
alud digital, que implica evaluar la interoperabilidad de los registros electrónicos y la facilidad de uso de los portales para pacientes, asegurando que la información fluya de manera eficiente entre profesionales y usuarios. La tercera es la sostenibilidad, que conecta la práctica clínica con su impacto ambiental, reconociendo que un sistema de salud eficiente también debe ser responsable con su entorno.
Para la OCDE, un sistema de salud sostenible no depende solo de la financiación. Es igual de importante contar con una infraestructura de datos sólida y un identificador sanitario individual, que permita seguir el recorrido de cada paciente de manera segura y eficiente. Además, la gobernanza debe e
quilibrar la independencia técnica de las evaluaciones con su aplicación práctica en la política pública.
Finalmente, la organización subraya que mejorar la evaluación del desempeño solo es posible si se cumplen tres condiciones: tener datos fiables, involucrar activamente a médicos, gestores y pacientes, y alinear los resultados con las prioridades del gobierno.
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