Promulgada en 1986, la
Ley General de Sanidad emergía como una norma ambiciosa que pretendía reorganizar el
Sistema Sanitario en España bajo una premisa que hoy recobra urgencia: la salud integral requiere
tanto de tratamiento clínico como de prescripción social. Para ello, el texto situaba la prevención y los condicionantes del entorno -como el medio ambiente, la alimentación o los riesgos laborales- en el centro de las preocupaciones médicas, obligando a crear nuevas estructuras públicas. Sin embargo, casi cuatro décadas después, los
trabajadores sociales sanitarios, figuras esenciales para dar apoyo a los pacientes antes, durante y después de la hospitalización, advierten de las carencias acumuladas. “Desde mi perspectiva, hay acciones preventivas que están bastante bien diseñadas, pero
hay alguna problemática estructural, sobre todo relacionada con la limitación al acceso a estos recursos”, afirma sobre la evolución de la ley
Rocío Quijada, responsable de Trabajo Social del
Hospital San Juan de Dios de Sevilla.
La especialista estima que hay una
sobrecarga del sistema, también en esta área, debido a los tiempos de espera elevados y la dificultad de acceso. “Nosotros, desde el hospital, no tenemos acceso a eso a los barrios, a las zonas. Por eso, nos coordinamos con las unidades de Trabajo Social en
Atención Primaria diariamente”, expone. Quijada, a este respecto, incide en que aunque el funcionamiento del recurso existente es “de calidad”, convive con una
escasez importante: “En barrios desfavorecidos, a nivel Sevilla, a lo mejor te encuentras una trabajadora social por centro de salud”, sostiene. Aún así, en su caso personal, es consciente de que su hospital funciona bastante bien al estar en contacto continúo con el equipo médico, pero no es lo general.
“Es una ley que traía mucha ilusión el tema de la
prevención y la promoción de la salud, pero ahí se ha quedado”, lamenta
Julio Piedra, trabajador social sanitario del Servicio Andaluz de Salud. Explica que en la actualidad, lo único que pueden ofrecer, en su experiencia personal, es asistencia, dentro de las posibilidades de un
sistema desbordado. “La prevención y la promoción pueden reducir muchos daños, pero está a un lado ahora mismo”, expone. Para él, la solución más viable es dar una dotación presupuestaria mayor a esta área, de forma que la el desarrollo de la prevención sea posible, tal y como pide la ley.
La necesidad de su reconocimiento como profesión sanitaria
A pesar de que su labor, junto con la de otros profesionales, es la que vela porque la prevención llegue a los sectores más vulnerables, no están reconocidos como una profesión sanitaria. “Es cierto que cada vez se tiene más en cuenta, y con la
Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias se está reivindicando. En Atención Primaria se está priorizando que en todos los centros de salud haya un trabajador social, en hospitales también, y en
salud mental. Pero todavía queda mucho por llegar”, analiza Piedra. Pese a que se trata de un avance, el profesional opina que se está priorizando otro tipo de figuras: “Todavía no encaja, o no se dan cuenta de la
importancia que tiene la esfera social a la hora de intervenir con el paciente. Y sobre todo en la reducción de costes”, especifica.
Los trabajadores sociales sanitarios consideran necesario que se haga más énfasis en los
aspectos sociales de las personas a la hora de hacer una intervención clínica. Otra de las cuestiones son las prescripciones sociales: “Trabajar con los pacientes en que ellos mismos descubran sus activos para la salud en su propio entorno, junto con el tratamiento clínico, e ir acompañado con esta
prescripción social les ayudará en lo que respecta a su desarrollo”, estima el trabajador social sanitario.
La influencia socioeconómica en la salud
La prevención tal y como se expresa en la Ley General de Sanidad no se puede llevar a cabo con garantías sin tener en cuenta el entorno del que parte el paciente, o sus condicionantes personales. Detrás de la falta de adherencia a un tratamiento médico puede haber distintas causas que no necesariamente tienen que ver con “la motivación” para seguirlo. “Nos encontramos mucha
situación de soledad en las personas mayores, de falta de red de apoyo e, incluso, de recursos económicos que les impiden acceder a unos recursos que hagan de su situación algo óptimo”, considera Quijada.
En el momento en el que un médico indica que el paciente no está haciendo un seguimiento del tratamiento, se pone en marcha el
diagnóstico social sanitario para analizar los problemas y necesidades de la persona afectada. “La esfera social tiene un papel muy importante”, incide Piedra, y pone un supuesto ficticio sobre la mesa: “Imagínate el caso de una persona que viene con ansiedad y depresión, que está tomando benzodiacepinas y no funciona el tratamiento como quisiera el médico. Cuando hace la interconsulta, podemos ver que está en
riesgo de exclusión residencial o con un paro cronificado que le está dificultando cubrir las necesidades básicas de la vida diaria”. Es por ello que apunta a que las necesidades sociales deben resolverse para acompañar a la intervención clínica que se está realizando. A día de hoy, la Ley General de Sanidad no recoge situaciones de salud propias del contexto actual, como pueden ser pandemias, la irrupción de la inteligencia artificial o la situación económica del momento presente.
En relación a esto, Quijada destaca un tema común: hay veces que el periodo de hospitalización puede verse prolongado por causas no médicas, sobre todo cuando se trata de personas de mayor vulnerabilidad. “Puede ser por una
situación de desestructuración familiar o una concienciación de que se trata de un tema más social que clínico”, agrega. En cuanto a la soledad, desde su hospital intentan trabajarlas mediante su red de voluntariado, con personas que acompañan a las personas mayores en su estancia en el centro. Ambos profesionales coinciden en la necesidad de trabajar en la
multidisciplinariedad en materia de prevención tanto para mejorar la situación de los pacientes como para reducir la “sobreutilización” de los recursos hospitalarios.
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