El desarrollo tecnológico y la
inteligencia artificial están transformando los sistemas sanitarios. Su integración ya es una realidad. Sin embargo, aún persisten fuertes brechas en su aplicación. El informe
Ampliación de la inteligencia artificial en el ámbito de la salud, publicado recientemente por la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), señala que solo el 10 por ciento de los países utiliza esta tecnología en el ámbito clínico, como en la imagen médica. Una estadística que choca de lleno con una aplicación del 100 por cien en lo que refiere a labores administrativas.
Una idea que se alinea con los datos del
Barómetro Sanitario del Centro de Investigaciones Sociológicas, que registró evidentes reticencias de la ciudadanía española sobre la incorporación de la
inteligencia artificial a la atención sanitaria. Ante esto, la OCDE subraya que el éxito de estas herramientas dependerá, en primer lugar, de generar confianza entre la población y, en segundo, de avanzar en una
mayor coordinación de las políticas entre países. Sobre esto último, el organismo propone una hoja de ruta basada en cuatro ejes: contar con los recursos necesarios, garantizar la seguridad, implicar a los distintos actores y generar confianza.
¿Cómo integrar la IA en los sistemas sanitarios?
La integración de la inteligencia artificial en el sistema sanitario se ha convertido en uno de los grandes retos para los
sistemas de salud. Según la OCDE, lograr su implantación requiere actuar sobre cuatro pilares clave, empezando por corregir el desequilibrio entre el
desarrollo tecnológico y la
capacitación de los profesionales. El uso de datos sanitarios avanza muy rápidamente, pero solo el 29 por ciento de los países ha puesto en marcha medidas para formar en ello a sus profesionales. Así, la integración de la IA difícilmente podrá traducirse en mejoras reales si no va acompañada de una
fuerza laboral preparada y con garantías éticas.
A esto se suma también el reto de la
fragmentación de los datos, que sigue siendo el punto más crítico. Pese a que el sector sanitario genera cerca del 30 por ciento del
volumen global de datos, menos del 5 por ciento se utiliza para la toma de decisiones. Para revertir esta situación, la OCDE insta a los gobiernos a adoptar los
principios FAIR, que garantizan que los datos sean localizables, accesibles, interoperables y reutilizables, y a crear autoridades específicas que faciliten su gestión, siguiendo modelos como el
Espacio Europeo de Datos Sanitarios.
Otro de los grandes obstáculos es la falta de
gobernanza. Apenas el 18 por ciento de los países cuenta con un organismo específico de supervisión de la IA en salud, lo que dificulta que su desarrollo sea seguro. Para avanzar en este ámbito, la OCDE recomienda desarrollar
estrategias sectoriales que diferencien los riesgos clínicos de los administrativos. Algo en lo que ya se está trabajando desde España. El informe también plantea la necesidad de contar con una figura que sepa
liderar los proyectos de inteligencia artificial y que actúe como punto de referencia, coordinando a los distintos actores implicados y ayudando en los distintos conflictos que puedan surgir.
Por último, el informe subraya la necesidad de adaptar las evaluaciones de
tecnologías sanitarias a esta nueva realidad. Actualmente, solo el 24 por ciento de los países ha incorporado los algoritmos a estos procesos, un paso clave para determinar qué herramientas pueden ser financiadas por
los sistemas públicos.
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