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La paradoja de la salud moderna: Más tecnología, más espera

Opinión de Julián Ezquerra Gadea, médico de Familia, gestor y exsecretario general de Amyts

Montaje fotográfico: Lucía Sancho.


24 may 2026. 11.00H
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Opinión de Julián Ezquerra Gadea, médico de Familia jubilado, exsecretario general del sindicato Amyts, y exgerente de salud, en el marco del especial 'Reformar para preservar: Sistema Nacional de Salud', promovido por el posicionamiento del Comité Editorial de Redacción Médica


La paradoja de la salud moderna: Más tecnología, más espera


“La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades” (Organización Mundial de la Salud).

Si aplicamos esta definición al contexto de los sistemas sanitarios actuales, descubriremos una paradoja dolorosa: en los últimos veinte años, mientras la tecnología médica alcanzaba logros insospechados, las listas de espera quirúrgica se han duplicado en muchos países desarrollados. Detrás de cada número en una larga fila de espera hay una persona cuyo bienestar integral se resquebraja día tras día. Analizar las causas de este fenómeno, sus consecuencias humanas y los posibles caminos de solución se ha convertido en una urgencia moral y política de primera magnitud.

Al comenzar el siglo XXI, las listas de espera para intervenciones quirúrgicas eran ya un problema crónico en sistemas como el británico National Health Service (NHS), el español o el canadiense. Sin embargo, la comparativa con dos décadas después revela un empeoramiento sistemático. Según datos de la OCDE, la espera media para una cirugía de cataratas pasó de 90 días en el año 2000 a más de 180 en 2020 en países como Reino Unido, Suecia o Polonia. En España, las listas estructurales para operaciones como prótesis de cadera o rodilla se incrementaron en un 110% entre 2002 y 2022. Por su parte, Canadá registró en 2022 un récord de 1,4 millones de pacientes en lista de espera quirúrgica, el doble que en 2002 ajustado por población. Este patrón, lejos de ser una excepción, se ha convertido en la regla en sistemas de cobertura universal.


"No basta con que la sanidad pública sea gratuita; debe ser también eficaz y oportuna"



¿Qué ha ocurrido en dos décadas para que los tiempos de espera se hayan duplicado? Varios factores confluyen. El primero y más evidente es el envejecimiento poblacional. En 2000, el porcentaje de mayores de 65 años en Europa era del 15%; en 2025 roza el 21%. Una población más longeva requiere más cirugías: cataratas, artrosis, implantes de marcapasos, operaciones oncológicas. La demanda quirúrgica ha crecido mucho más rápido que la capacidad operativa de los hospitales. En segundo lugar, la pandemia de COVID-19 actuó como un acelerador catastrófico. Durante 2020 y 2021, millones de cirugías electivas se suspendieron para liberar camas UCI y personal sanitario.

Pero, aunque la emergencia sanitaria pasó, las listas no volvieron a niveles prepandemia: según la OMS, en 2023 aún había 10 millones de cirugías aplazadas acumuladas a nivel global. El tercer factor es estructural: la inversión en quirófanos y personal no ha seguido el ritmo. Mientras que entre 2000 y 2020 el número de cirujanos por habitante aumentó solo un 12% en la mayoría de países europeos, la demanda quirúrgica creció un 45%. Las jornadas de quirófano se mantienen en ocho horas diarias en muchos centros públicos, a pesar de que el sector privado ya opera con turnos de 12 o 14 horas.

¿Cuáles son las consecuencias de una lista de espera quirúrgica?


Las consecuencias de una larga espera quirúrgica no son meramente administrativas. Son clínicas y humanas. Un paciente con una hernia inguinal que espera dos años corre el riesgo de sufrir una estrangulación intestinal, una urgencia vital. Una persona con estenosis aórtica que aguanta 18 meses puede fallecer antes de ser operada. Estudios recientes del British Medical Journal estiman que, por cada seis meses de espera para una cirugía cardiovascular, la mortalidad aumentaba un 15% en el período preoperatorio. Más allá de la supervivencia, está la calidad de vida. La espera prolongada genera ansiedad, depresión, pérdida de empleo y aislamiento social. Una mujer con dolor de cadera que no puede caminar sin muletas durante dos años no está disfrutando de su "bienestar físico, mental y social". La sanidad no puede limitarse a salvar vidas en el momento crítico; debe evitar que la vida se vuelva un infierno antes de la intervención.

Sin embargo, sería injusto señalar solo a la financiación. También hay problemas de organización y priorización. En los años noventa muchos sistemas públicos introdujeron listas de espera únicas y transparencia en los tiempos. Dos décadas después, la gestión sigue siendo opaca y fragmentada. Faltan sistemas informáticos interoperables que permitan derivar pacientes de un hospital saturado a otro con capacidad ociosa. La colaboración público-privada, cuando existe, suele ser mal regulada y provoca desigualdades: quien puede pagar acude a clínicas privadas y sale de la lista, empeorando las estadísticas de los que no pueden.

Además, no todas las listas de espera son iguales. Mientras que en Oncología la mayoría de países han conseguido tiempos razonables de menos de 30 días, en cirugías de Ortopedia u Oftalmología los plazos se disparan. Duplicar el tiempo de espera para una prótesis de rodilla no es tan mediático como duplicarlo para un cáncer, pero para una persona de 78 años significa dos años de dependencia y sufrimiento.

¿Hay soluciones reales? Sí, pero requieren un cambio de enfoque.

Primero, es necesario rediseñar los quirófanos como centros de alto rendimiento. En hospitales de Estados Unidos o Alemania, los quirófanos funcionan 14 horas diarias, cinco o seis días a la semana, con equipos rotativos.

Segundo, hay que separar la cirugía urgente de la programable, creando pabellones exclusivos para cirugía mayor ambulatoria.

Tercero, apostar por la inteligencia artificial para predecir y gestionar listas de espera, asignando turnos quirúrgicos en función de la gravedad, no por orden de llegada.

Cuarto, reconocer que duplicar las listas de espera también es un problema político. Ningún gobierno ha perdido elecciones por tener listas largas, pero sí por colapsos puntuales. Mientras no exista un indicador claro de rendición de cuentas, las listas seguirán creciendo.

En conclusión, que las listas de espera quirúrgica se hayan duplicado en dos décadas no es un accidente ni una fatalidad demográfica. Es el resultado de decisiones sistemáticas de infrainversión, mala organización y una cultura que prioriza la atención inmediata sobre la preventiva y la programable. Volviendo a la definición inicial de salud, esta no puede existir si la espera por una cirugía anula el bienestar psicológico y social del paciente.

No basta con que la sanidad pública sea gratuita; debe ser también eficaz y oportuna.

El desafío de los próximos veinte años no será solo inventar nuevas cirugías robóticas o fármacos personalizados, sino garantizar que quien las necesite no tenga que esperar el doble que sus padres.

Porque una sociedad que duplica sus listas de espera mientras presume de avances tecnológicos no es una sociedad más sana: es una sociedad que ha aprendido a hacer más compleja la enfermedad, pero no a hacer más humana la espera.

Aunque pueda contener afirmaciones, datos o apuntes procedentes de instituciones o profesionales sanitarios, la información contenida en Redacción Médica está editada y elaborada por periodistas. Recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional del ámbito sanitario.