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Invertir en salud, un impulso para la economía y la fortaleza social

Un informe de la OMS describe nuevas fórmulas para construir sociedades más saludables y equitativas

Hans Henri, Director Regional de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para Europa.


02 feb 2026. 06.00H
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La presión económica y social aumenta entre los países europeos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El envejecimiento de la población, el encarecimiento del coste de la vida, la transformación tecnológica y el reto medioambiental limitan la capacidad de los gobiernos de invertir en salud, bienestar y equidad sanitaria. El informe Desbloqueo de fondos para el bienestar, la equidad y las sociedades saludables: manual básico pone el foco en la política fiscal y explora instrumentos financieros, mecanismos de contratación y enfoques innovadores, como los bonos sociales o los nuevos modelos presupuestarios, para impulsar la transición hacia sociedades más saludables.


Medidas financieras para invertir en salud


La situación financiera es compleja. Los países se enfrentan a altos niveles de deuda pública y márgenes presupuestarios cada vez más reducidos. A esto se suma la necesidad de responder al envejecimiento de la población, al encarecimiento del coste de la vida y a las transiciones verde y digital, sin poner en riesgo la inversión en salud y bienestar.

En este contexto, el citado informe propone un cambio de mirada a la hora de elaborar los presupuestos públicos. Frente a un enfoque centrado únicamente en el crecimiento económico, plantea situar el bienestar de las personas en el centro de las decisiones. De ahí surgen los llamados presupuestos de bienestar, que utilizan indicadores de salud y equidad para orientar la inversión pública y que ya se aplican en países como Nueva Zelanda, Canadá o Islandia. En la misma línea, también analiza experiencias como el marco de Victoria, en Australia,  que demuestran que invertir en prevención y en intervención temprana no solo mejora la calidad de vida, sino que también genera ahorros a largo plazo al aliviar la presión sobre los servicios de emergencia, ya que un menor consumo conlleva una menor cantidad de riesgos asociados.


Cómo construir sociedades saludables


Los impuestos sobre el tabaco, el alcohol o las bebidas azucaradas no solo aumentan los ingresos del Estado, sino que también contribuyen a reducir el consumo de productos nocivos para la salud, como muestran las experiencias de México y Vietnam. Francia, por su parte, ha decidido gravar los billetes de avión y ciertas transacciones financieras para fortalecer la financiación de la salud pública. A estas medidas se suman herramientas como los bonos sociales, los contratos de resultados sociales y la inversión de impacto. El impacto económico es innegable. La evidencia demuestra que cada 100.000 euros destinados a la salud pública generan, de media, cuatro nuevos empleos en otros sectores. La conclusión es clara: invertir en salud es invertir en el futuro y es también un multiplicador económico.

Sin embargo, construir sociedades más saludables y resilientes requiere algo más que dinero: necesita una estrategia clara. Esto implica diseñar presupuestos públicos sólidos, aplicar una fiscalidad inteligente que desincentive productos perjudiciales y utilizar el capital privado de manera estratégica. Ahora bien, para que estas medidas funcionen, la colaboración entre los ministerios de salud, finanzas y economía se presenta como un elemento clave e imprescindible.
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