La respuesta frente a las
agresiones en el entorno sanitario debe articularse de forma conjunta. Desde la implantación de un registro único hasta priorizar medidas de prevención en los centros sanitarios, las
soluciones para paliar esta violencia sistemática en el sistema sanitario componen el eje central de unos
episodios que pasan a consolidarse como un problema estructural de la sanidad española. Un caldo de cultivo que
se cobra más de 18.000 agresiones anuales en el Sistema Nacional de Salud (SNS).
Estas son varias de las ideas que salieron a la luz en un debate organizado por
Redacción Médica en colaboración con el Colegio Oficial de Enfermería de Madrid (
Codem). Esta mesa contó con la participación de
Miguel Ángel Rodríguez, director general de Recursos Humanos y Relaciones Laborales del Servicio Madrileño de Salud (
Sermas);
José Miguel Carrasco, doctor e investigador en Salud Pública, licenciado en Sociología y Ciencias Políticas;
Salvador Campoy, Comisario y jefe de la Brigada Central de Inspección e Investigación e Interlocutor Policial Sanitario; y
Mar Rocha, directora adjunta a la Presidencia del Codem.
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Debate completo sobre las agresiones a profesionales sanitarios en el plató de Redacción Médica.
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La infradenuncia y las agresiones a profesionales sanitarios
Quien dibuja la
magnitud asistencial en Madrid es Miguel Ángel Rodríguez. El representante del Sermas contextualiza el escenario al señalar que con más de 90.000 empleados —de los cuales 23.000 son enfermeras— ,
el Servicio Madrileño de Salud registró en el último año 4 millones de asistencias en urgencias y 46 millones de consultas en Atención Primaria. Rodríguez asume que el volumen de interacciones propicia situaciones complejas: "Evidentemente
no hablamos de casos aislados, hablamos de un problema estructural y que, por lo tanto, exige una respuesta estructural".
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Miguel Ángel Rodríguez, director general de Recursos Humanos y Relaciones Laborales del Servicio Madrileño de Salud (Sermas).
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Por su parte, Mar Rocha califica la cifra de
18.000 agresiones anuales en España como "escandalosa" apunta hacia los datos ocultos. "Pese a estas cifras, hay una infradenuncia.
Seguramente nos encontremos con muchas más agresiones que no conocemos, precisamente porque se han normalizado o porque se tiene miedo a presentar esas denuncias", advierte.
Esta visión es respaldada por Salvador Campoy, quien matiza que la repercusión mediática de estos sucesos suele ser muy limitada o escasa, reducida a hechos muy concretos. El portavoz policial alerta del peligro de que los incidentes se queden en estadísticas internas de colegios profesionales o de consejerías de sanidad:
"Si no hacemos visible el problema, no va a haber concienciación".
La perspectiva analítica la aporta José Miguel Carrasco. Si bien coincide en el diagnóstico estructural, el investigador en Salud Pública introduce un matiz organizativo. "El sistema sanitario y la prestación de servicio influyen en cómo los pacientes reaccionan ante los profesionales, que al fin y al cabo
son la cara visible de un sistema que en estos momentos tiene bastantes deficiencias y genera frustración", explica. No obstante, pide proporcionalidad para evitar una alarma generalizada, recordando que
"la mayor parte de los pacientes no agreden a los profesionales".
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Mar Rocha, directora adjunta a la Presidencia del Colegio Oficial de Enfermería de Madrid (Codem).
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Del modelo de cuidados al consumo de servicios
Al analizar las
causas de esta tendencia al alza en los últimos ocho años de las agresiones a profesionales sanitarios —interrumpida únicamente por el confinamiento de 2020—, los ponentes coinciden en señalar un profundo cambio sociológico en la percepción del sistema sanitario. Mar Rocha apunta a dos vertientes: la puramente sistémica —falta de profesionales, sobrecarga laboral y peor gestión de tiempos— y la
social. "
Se ha dejado de ver al profesional sanitario como un profesional; lo que se le demanda es un servicio que a veces no pueden recibir ni en tiempo ni en forma".
Rodríguez refrenda este argumento detallando las dinámicas actuales en las salas de consulta. "Los usuarios cada vez saben más, se meten en internet, miran, curiosean y luego exigen cosas que a lo mejor no corresponden, provocando
discrepancias con las medicaciones y expectativas superiores".
El comisario Campoy añade a la ecuación un factor que considera generalizado:
la intolerancia a la frustración de los ciudadanos, que ante cualquier necesidad de asistencia reaccionan con agresividad debido a, entre otras cuestiones, la pérdida del principio de autoridad del sector médico.
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Salvador Campoy, comisario y jefe de la Brigada Central de Inspección e Investigación e Interlocutor Policial Nacional Sanitario.
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Carrasco va un paso más allá y determina esta situación como una consecuencia directa del
‘cambio de identidad’ que vive la propia profesión sanitaria. "
Hemos pasado de un modelo de cuidados a un modelo de consumo. Los pacientes ya no van a ser cuidados, van a recibir un producto de consumo que es una asistencia sanitaria que ha perdido el trato directo y se ha convertido en un proceso de medicalización", sentencia el sociólogo.
Según su criterio,
la ruptura en la confianza y el respeto surgen de la propia estructura del sistema sanitario: "Si los profesionales tienen que ver a un paciente en cinco minutos, difícilmente puede haber esa confianza; y si te cambian al médico y a la enfermera cada dos semanas, no puedes construir una relación".
Como ejemplo de esta
quiebra del respeto clínico, Campoy saca a relucir el impacto de la tecnología. "Hay pacientes que han visto su enfermedad a través de una Inteligencia Artificial, van al médico y le plantan cara diciendo que está equivocado", afirma el Interlocutor Policial Nacional Sanitario.
"Hay pacientes que han visto su enfermedad a través de una Inteligencia Artificial, van al médico y le plantan cara diciendo que está equivocado".
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Las barreras de la denuncia y el 'peaje laboral'
La
asimilación de la agresión verbal como una condición del puesto de trabajo es uno de los mayores obstáculos para atajar el problema. Para Carrasco, la infradenuncia encierra una realidad que ya se palpa en el sector sanitario: "Lo realmente preocupante es que no se denuncie porque se está normalizando ese tipo de relación dentro de la asistencia sanitaria".
Además, el sociólogo apunta al
“farragoso” proceso administrativo y al
temor del profesional a encontrarse a diario con el agresor entre los pacientes que acuden al centro sanitario.
Rocha, como representante del Codem, corrobora que muchas enfermeras asumen la violencia como "parte del trabajo". "Doy mi denuncia, ¿y para qué va a servir? Si además las consecuencias suelen ser mínimas para el agresor,
dejas de denunciar porque sientes que vas a perder el tiempo", lamenta. Asimismo, critica la
falta de registros unificados entre el Ministerio de Sanidad, la Policía, el Sermas y los colegios profesionales.
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José Miguel, doctor e investigador en Salud Pública, licenciado en Sociología y Ciencias Políticas.
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Ante esta inacción, el comisario Campoy establece un paralelismo con la violencia de género, advirtiendo de que "el agresor aprende". "Si el primer día ha sido una agresión verbal y no ha pasado nada, mañana va a ser una agresión física a un compañero.
Si no denuncias esa agresión verbal que has sufrido hoy, mañana va a ser una agresión física", sentencia con firmeza.
La Administración madrileña también tiene voz. Rodríguez, como director general de Recursos Humanos del Sermas, asegura que el servicio de la Comunidad de Madrid continuará
reforzando la cultura de la denuncia mediante la revisión y actualización de sus protocolos y unidades de referencia de atención al agredido.
"Si el primer día ha sido una agresión verbal y no ha pasado nada, mañana va a ser una agresión física a un compañero".
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¿Son necesarios los botones de pánico?
El debate adquiere un tono más tenso al abordar las
medidas punitivas y de protección física. Miguel Ángel Rodríguez expone los datos del informe de agresiones del Sermas de 2025: el 62 por ciento de los incidentes registrados se deben a discrepancias asistenciales e informaciones negativas sobre prescripciones. El representante del Sermas descarta que la
falta de profesionales sea el factor determinante, argumentando que desde 2019 las plantillas efectivas reales han crecido en más de 8.000 trabajadores, incluyendo 2.500 enfermeras.
Mar Rocha rebate frontalmente este argumento y vincula la violencia de manera directa con la
escasez de recursos, especialmente en Atención Primaria, que concentra el 51 por ciento de las agresiones de todo el país. "En España tenemos 350.000 enfermeras y faltan 100.000 más para dar servicio a la población. Se ha aumentado la plantilla, pero también la población, por lo que la saturación es mayor", comenta.
La
propuesta de soluciones divide a los participantes en esta mesa de debate. Mientras la policía y la administración abogan por reforzar la seguridad física, la Enfermería y la sociología exigen un enfoque humanista.
Carrasco es uno de los que se opone a la inclusión de ciertas medidas planteadas por Campoy para los espacios sanitarios. "Asumir que en un lugar donde se cuida tenemos que tener
botones de pánico y un guardia de seguridad... Algo está fallando muy seriamente dentro del sistema", sentencia.
Para el investigador, el botón de pánico es "un paso atrás". Así lo califica, a la par que propone medidas previas como la
alfabetización en salud de los ciudadanos, el diseño de espacios arquitectónicos abiertos, la
incorporación de mediadores culturales, trabajadores sociales y que las enfermeras trabajen en parejas.
Por su lado, el comisario Campoy defiende el valor de la seguridad privada y de la tecnología en los centros. "Que tengas un
vigilante en la entrada de Urgencias no es una medida coercitiva, es una medida preventiva. Aquella persona que llega sobreexcitada ve a alguien que le puede reducir esa excitación", argumenta en relación a las palabras de Carrasco.
Como prueba de la necesidad real de estas medidas, el Interlocutor Policial Nacional Sanitario desvela un dato:
la Policía Nacional realizó 8.000 acompañamientos a ambulancias en todo el territorio nacional durante el último año. "Si te piden esos datos es porque tenemos un problema", zanja.
"Que tengas un vigilante en la entrada de Urgencias no es una medida coercitiva, es una medida preventiva. Aquella persona que llega sobreexcitada ve a alguien que le puede reducir esa excitación"
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El impacto psicológico y la alerta permanente
Más allá de las discrepancias sobre el modelo, las consecuencias de la violencia se traducen en un deterioro de la salud mental de las plantillas y en una merma de la calidad asistencial. La directora adjunta a la Presidencia del Codem, Mar Rocha, señala que las encuestas muestran una
prevalencia de entre el 20 por ciento y el 30 por ciento de profesionales quemados (es decir, con el síndrome de burnout) en sus puestos de trabajo. "Ir a tu trabajo con la guardia puesta en vez de ir a cuidar tiene un impacto sistémico. Trabajar en un entorno de miedo o alerta permanente es perjudicial tanto para el profesional como para la seguridad del paciente", advierte.
Esta situación alimenta una realidad histórica preocupante que Carrasco pone sobre la mesa: la Enfermería, junto a la educación, es la
profesión con mayor porcentaje de deserción y abandono prematuro antes de la jubilación.
Por su parte, Rodríguez reconoce que las agresiones dejan una
huella psicológica y aporta datos específicos del Summa 112, el colectivo que sufre las agresiones físicas de manera más aguda en Madrid. El año pasado, hasta un 16,7 por ciento de los profesionales del servicio de emergencias agredidos requirieron apoyo psicológico especializado.
¿Evolución asistencial o colapso del sistema?
El tramo final del debate ha derivado en un
análisis sobre el actual modelo de gestión. Miguel Ángel Rodríguez rechaza con firmeza el discurso del colapso del sistema sanitario. "Llevo oyéndolo toda la vida... Yo no creo que esté en crisis, al contrario, creo que está sano. Lo que hay que hacer es dotarlo presupuestariamente y avanzar", sostiene a la par que defiende la progresiva
estabilización del personal interino y la
ampliación de las carteras de servicios.
Carrasco discrepa con esta lectura. El sociólogo señala que
el sistema sanitario está perdiendo sus indicadores históricos de calidad. "Decir que nuestro sistema está sano se aleja mucho de la realidad. El modelo basado en la gestión y prestación pública se está abandonando y esto hace que el sistema empeore”, asevera. Además, vincula el
aumento de las listas de espera con el aumento de la frustración ciudadana.
Rocha concluye sumándose a la tesis de la crisis del investigador en Salud Pública. La directora adjunta a la Presidencia del Codem reclama un cambio de rumbo estructural prioritario frente al envejecimiento de la población. "
Necesitamos un viraje definitivo hacia el modelo de cuidados, potenciando la Atención Primaria", recalca.
El broche final llega con una conclusión:
la necesidad de erradicar la violencia en los centros sanitarios exige un compromiso transversal. Campoy pone sobre relieve el lema policial de "cuida de quien te cuida", mientras que el resto de la mesa coincide y reclama que la tolerancia cero deje de ser una mera declaración de intenciones para convertirse en realidad.
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Plató de Redacción Médica donde se ha celebrado el debate: ¿Hemos normalizado la violencia en el Sistema Sanitario?
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