El
control de los brotes de
sarampión depende en gran medida de la rapidez con la que se detectan los casos y se actúa sobre los contactos estrechos. En situaciones como la registrada recientemente
en Canarias, los protocolos sanitarios se centran en el aislamiento de los casos, el
rastreo epidemiológico y la vacunación de las personas expuestas en las primeras horas tras la exposición.
"Lo importante es el diagnóstico precoz y la
notificación inmediata", ha explicado en
Redacción Médica María del Mar Tomás, infectóloga y portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (Seimc), señalando que a partir de ahí se activa el estudio epidemiológico de los contactos y el
aislamiento respiratorio de las personas potencialmente expuestas.
Vacunación en las primeras 72 horas
Uno de los elementos centrales del protocolo
es la vacunación postexposición. La especialista ha indicado que, en contactos que no recuerden si están vacunados o no tengan constancia de haber recibido las dos dosis, se recomienda "la vacunación dentro de las
primeras 72 horas tras la exposición".
Además, en personas de mayor riesgo -como lactantes, embarazadas susceptibles o
inmunodeprimidos- también puede administrarse inmunoglobulina para reducir el riesgo de enfermedad o complicaciones.
Aunque la cobertura vacunal en España es elevada, la experta ha señalado que los brotes suelen concentrarse en personas no inmunizadas. Entre los grupos de mayor riesgo ha destacado a los
nacidos después de 1978 sin constancia de vacunación completa, el personal sanitario, los viajeros procedentes de zonas con circulación del virus y las personas no vacunadas o sin inmunidad previa.
Síntomas y posibles complicaciones
Tomás ha recordado que el sarampión es una enfermedad con una
elevada capacidad de transmisión, ya que se propaga por vía aérea mediante aerosoles. El periodo de contagio comienza aproximadamente cuatro días antes de la aparición del exantema y se prolonga hasta cuatro días después. “El periodo de incubación es
de 10 a 14 días, y los síntomas suelen aparecer entre los 7 y 10 días de media”, ha explicado.
Entre los más habituales ha citado "la fiebre alta, tos, secreción nasal, conjuntivitis y las manchas en la mucosa oral, seguidas del característico exantema" que comienza en la cara y se extiende al resto del cuerpo. En algunos casos, especialmente en personas vulnerables,
la enfermedad puede complicarse con neumonía, otitis media o encefalitis, llegando a requerir hospitalización.
Riesgo de expansión controlado, pero vigilado
Tomás ha señalado que, aunque los brotes suelen ser localizados, pueden ampliarse si encuentran población susceptible. Ha recordado episodios recientes en Canarias con decenas de casos, aunque con capacidad de control gracias a la vacunación. "
La clave está en el entorno en el que se producen los casos y en la rapidez de la respuesta", ha afirmado.
En definitiva, la especialista dice que en los próximos días "sí pueden aparecer más casos", pero insiste en que la situación puede mantenerse bajo control si se aplican correctamente las medidas de salud pública: aislamiento inmediato, rastreo de contactos, vacunación precoz y vigilancia activa. "Tranquilidad en principio, la vacunación evita más casos, pero
el seguimiento epidemiológico es fundamental", ha concluido.
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