El Sistema Nacional de Salud opera hoy prácticamente el mismo volumen de intervenciones quirúrgicas que a comienzos de siglo, pero lo hace en un país mucho más poblado y con una lista de espera notablemente más abultada. Es decir, que en los últimos 20 años, mientras la población envejecía, la tasa de natalidad caía y la población aumentaba,
los quirófanos españoles han mantenido un volumen de actividad muy similar. Así, los datos del Ministerio de Sanidad dibujan una tensión de fondo: España ha ganado casi ocho millones de habitantes desde el año 2000,
la actividad quirúrgica absoluta apenas ha variado y la demora para pasar por quirófano se ha disparado respecto a los primeros registros oficiales disponibles.
En diciembre de 2000, España tenía 40.665.545 habitantes. En diciembre de 2023, la población ascendía a 48.628.256 personas. Es decir, el país sumó 7,96 millones de habitantes, un incremento del 19,6 por ciento.
En ese mismo periodo, la actividad quirúrgica apenas se movió en términos absolutos: 3.669.183 actos quirúrgicos en 2000 frente a 3.708.500 intervenciones quirúrgicas en el SNS en 2023, según los datos del Ministerio de Sanidad. La diferencia equivale a 39.317 intervenciones más, un aumento de apenas el 1,1 por ciento.
La diferencia aparece con más claridad al ajustar por población. En el año 2000, la tasa de actividad quirúrgica era de 91 intervenciones por cada 1.000 habitantes. En 2023, la frecuentación quirúrgica del SNS se situó en 76,7 intervenciones por 1.000 habitantes, según datos del Ministerio de Sanidad. Dicho de otro modo: el sistema realiza hoy un volumen parecido de cirugía, pero repartido sobre una población mucho mayor.
La caída de la frecuentación es de 14,3 puntos por cada 1.000 habitantes, un descenso relativo del 15,7 por ciento respecto al año 2000.
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Hay más médicos pero apenas más intervenciones quirúrgicas
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La lista de espera ha seguido la dirección contraria. A 31 de diciembre de 2003, el SNS tenía 436.228 pacientes pendientes de una intervención quirúrgica, con una tasa de 10,37 por cada 1.000 habitantes, 77 días de demora media y un 8,02 por ciento de pacientes con más de seis meses de espera. A 31 de diciembre de 2023, la lista ascendía a 849.535 pacientes, con una tasa de 18,11 por 1.000 habitantes, 128 días de espera media y un 24,3 por ciento de pacientes con más de seis meses de demora.
La comparación deja una fotografía contundente:
la población crece casi un 20 por ciento, la actividad quirúrgica absoluta apenas aumenta un 1,1 por ciento y la lista de espera casi se duplica. La tasa de pacientes pendientes pasa de 10,37 a 18,11 por 1.000 habitantes, mientras que el tiempo medio de espera se eleva de 77 a 128 días. No puede afirmarse solo con estos datos que la menor frecuentación quirúrgica por habitante sea la causa directa del aumento de la demora, pero
sí que la capacidad quirúrgica no ha evolucionado al mismo ritmo que la presión asistencial reflejada por las listas de espera.
La evolución se produce, además, en un
contexto de fuerte incremento de los profesionales médicos en España. Según los datos de médicos colegiados del Instituto Nacional de Estadística (INE), el país pasó de
179.033 facultativos en el año 2000 a 301.684 en 2023, lo que supone 122.651 médicos más y un aumento del 68,5 por ciento. La cifra también supera ampliamente la de 1997, cuando había 168.240 médicos colegiados. Es decir, mientras el número de médicos crece con fuerza en estas dos décadas, la actividad quirúrgica total apenas varía y la lista de espera se dispara.
El dato de actividad vinculada a la lista de espera en 2023 refuerza esa idea. Ese año se registraron 2.685.984 entradas en lista de espera quirúrgica y 2.174.248 salidas por intervención realizada. La tasa de entradas fue de 60,1 por cada 1.000 habitantes. Este indicador no permite calcular por sí solo el resultado final, porque existen otros motivos para salir de la lista de espera, pero sí muestra que
el flujo de pacientes que entran en el circuito quirúrgico supera ampliamente las intervenciones realizadas desde esa lista durante el año.
Cirugía ambulatoria: ¿una revolución sin demasiado impacto?
El principal cambio organizativo está en
cómo se opera. La cirugía mayor ambulatoria ha pasado de ocupar un papel limitado a convertirse en una parte relevante de la actividad quirúrgica. En 2000 representaba el 16,3 por ciento de los actos quirúrgicos. En 2023, los datos del Ministerio sitúan las intervenciones de cirugía mayor ambulatoria en el
37 por ciento del total de intervenciones quirúrgicas del SNS.
Pero
esa transformación no ha bastado para contener la espera. El SNS opera más sin ingreso, pero no necesariamente opera lo suficiente para absorber la demanda acumulada. La ambulatorización ha modernizado la respuesta quirúrgica, aunque los indicadores muestran que la capacidad resolutiva sigue por debajo de la presión asistencial.
Los datos dibujan así
una paradoja sanitaria: más cirugía ambulatoria, una actividad total muy similar a la de hace dos décadas, una población mucho mayor y casi el doble de pacientes esperando. La cuestión que plantean las cifras no es solo si el SNS opera de manera más eficiente, sino si está operando al ritmo que exige la demanda actual. Con un 68,5 por ciento más de médicos colegiados desde 2000, la actividad quirúrgica apenas ha aumentado un 1,1 por ciento y
la frecuentación quirúrgica ha caído de 91 a 76,7 intervenciones por cada 1.000 habitantes.
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