El 2026 está siendo
año electoral sin pausa. Extremadura, Aragón, Castilla y León, y ahora Andalucía están desfilando una a una por las urnas, en convocatorias rodeadas de
promesas que llegan a cada rincón incluso de la España vaciada.
De todas estas buenas intenciones una
mayoría son sanitarias, porque la de Sanidad es una cartera que preocupa a los candidatos a presidente autonómico, conscientes de que da y quita apoyos cuando el ciudadano se acerca al colegio electoral.
Pero la retahíla de propósitos son solamente una cortina de humo en la mayoría de los casos. Se habla de reducción de
listas de espera, de inversiones millonarias en el sistema de salud, de
contratación de más profesionales, pero lo cierto es que el punto de partida del relato es engañoso para el ciudadano.
Y lo es porque
no existe verdadera transparencia en sanidad. Empezando por las listas de espera, que ya ha dicho el Ministerio de Sanidad que hay que rediseñar cómo se contabilizan para no hacernos trampas al solitario, y siguiendo por la gestión del día a día en hospitales, centros de salud, y en la propia Administración, que entre otras cosas también debe esmerarse en transparentar cómo se relaciona con el ámbito privado. Queda
mucho margen de mejora en general.
Aunque se está avanzando por ejemplo en algunas Consejerías poniendo al alcance ciudadano aspectos como la agenda y el salario de un consejero/a y su equipo,
faltan más indicadores de la actividad pública que estén bien explicados y accesibles de manera digital, que esclarezcan cuál es la labor real de un hospital y sus resultados. Y en un lenguaje que se entienda por gente no acostumbrada a tecnicismos. No podemos quedarnos en la superficie.
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"El primer paso desde luego es poner al alcance real esa fotografía de recursos, actividad y resultados; si no, ¿cómo va a saber el ciudadano si se está gestionando bien la sanidad?"
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Esta información no solo es útil desde el punto de vista de un paciente; su valor principal está en el
compromiso que las organizaciones sanitarias deben tener con la sociedad, que las sostienen a través de las contribuciones de cada individuo. Aquello de 'Hacienda somos todos' tiene un fondo social muy amplio, porque a la obligación de contribuir va íntimamente unido al
derecho a saber en qué se invierte cada céntimo que aportamos al conjunto. Y solo se está cumpliendo la parte de hacer la declaración de la Renta, no se están rindiendo cuentas con el contribuyente como corresponde a un país maduro democráticamente, como se supone que es España.
Ante esta circunstancia hay quien pone excusas ¿Está el
ciudadano preparado para interpretar la información ligada a este ejercicio de transparencia? ¿Puede dar lugar a tergiversaciones intencionadas? Pues el primer paso desde luego es poner a su alcance real esa
fotografía de recursos, actividad y resultados; si no, ¿cómo va a saber el ciudadano si se está gestionando bien la sanidad?
Lo que escuchamos ahora en boca de candidatos, gobiernos y oposiciones políticas son meramente
eslóganes y argumentarios con intenciones demoscópicas, mensajes muy masticados (y casi digeridos) para que el pueblo llano no piense, solo repita en función de la ideología con la que se quiera identificar. Como cuando defiende en el bar si ha sido penalti o no a favor del equipo del que es hincha. Hay que elevar el nivel, y esa transparencia, y la crítica y el debate en torno a ella, son definitivos para lograrlo.
Hay que
exigir al político desde el conocimiento, para cuando pasen cuatro años se pueda ver si se ha cumplido la prometido, pero con datos sobre la mesa, no con ideas vagas. Y ese conocimiento está ahora precisamente a recaudo del político en el poder. Hay que presionar para que lo libere, porque
la información no es propiedad de nadie en concreto, es patrimonio de todos y debe fluir por el bien común, sin censuras por miedo a que los votantes nos quiten el sillón.
Por eso el ciudadano debe dar el paso, salirse de la corriente política tóxica que le envuelve a través de algunos medios de comunicación y redes sociales, y ser protagonista;
reclamar las herramientas para ser un ciudadano informado, en este caso de sanidad. No podemos quedarnos con lo que nos cuentan, con lo que nos dicen. Esa reclamación individual a la Administración de una información fidedigna es uno de los pilares de la democracia. No acostumbremos al político a que nos cuele cualquier frase hecha respecto a la salud, o nos conformemos con un 'poquito' de transparencia. Queremos toda la
transparencia porque estamos en nuestro derecho, y más aún cuando se trata de salud.
Aunque pueda contener afirmaciones, datos o apuntes procedentes de instituciones o profesionales sanitarios, la información contenida en Redacción Médica está editada y elaborada por periodistas. Recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional del ámbito sanitario.