El
intercambio epistolar entre el Ministerio de Sanidad y la compañía farmacéutica Lilly, a cuenta de la decisión ministerial de no financiar con fondos públicos dos fármacos contra el avance del alzhéimer, ha vuelto a poner en primer plano el debate sectorial y social acerca de
cómo acercar las novedades terapéuticas a los pacientes.
Más allá de matices y detalles, parece que el fondo de la cuestión es esencialmente económico, por lo que hay que centrar los esfuerzos en este punto, porque la evidencia científica es algo de lo que se ocupan las agencias reguladoras.
Siendo así, a lo largo de los años industria y administración han encontrado fórmulas para avanzar cuando la ciencia progresa y la cartera de servicios común quiere incorporar la novedad.
Pagos por resultados, centrales de compras y otras fórmulas han funcionado en determinadas ocasiones. Si está en juego la mejora en la salud de miles de pacientes la obligación es inequívoca: deben entenderse. Un caso paradigmático fue el de la
hepatitis B, hace una década. Con voluntad política e industrial se dio ejemplo de cómo elegir el buen camino en una encrucijada semejante.
La vía que no se puede aceptar es la del callejón sin salida. Los pacientes ya reclaman estos tratamientos porque miran al entorno y ven qué sucede en otros países avanzados. También
los médicos especialistas en Neurología conocen bien el beneficio de las innovaciones disponibles, y las consideran un avance clínico real. Tan seguros están los prescriptores que
han pedido al propio Ministerio de Sanidad que se replantee la decisión y se financien estos dos medicamentos con dinero público.
Propuestas para avanzar seguro que quedan por explorar: selección en función de las características clínicas, del nivel de renta, o a través de mecanismo de compra conjunta europea son ideas que están en la mesa como ejemplos. Hay que sentarse con voluntad por ambas partes para que al levantarse el apretón de manos y la firma abran a los pacientes y a sus familiares la puerta a una nueva
dimensión terapéutica y a un día a día mejor.
No quememos puentes, ni nos salgamos de la vía del diálogo. Es responsabilidad conjunta (también de los medios de comunicación)
fomentar el debate constructivo para alcanzar el bien común. Aunque suene a perogrullo, es innegable que pacientes somos o seremos todos.
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