Vivimos en un país al que se le acucia para que aumente su gasto en Defensa hasta el 5% del PIB, pero es penoso comprobar que nadie nos presiona, ni nosotros mismos, para que el listón presupuestario también se eleve en
investigación científica.
Qué aburridos son esos 'empollones' en laboratorios que solo piden becas y dinero para proyectos que vete tú a saber cuándo culminarán en algo, si es que algún día lo hacen.
La
crisis económica de 2008, aquella de la especulación y el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, se llevó por delante miles de millones de euros de la investigación española, que no se han recuperado ni se les espera. Era sencillo recortar a esos 'empollones', que se quejan poco porque son
gente acostumbrada a la precariedad, a pesar de su sólida formación.
La guinda al maltrato a la investigación en España la estamos contemplando estos días por fascículos con el culebrón del
Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). Cada día sale a la luz un escándalo de presuntas malversaciones millonarias, de presuntos
manoseos de códigos deontológicos internos, de presuntos trampantojos con investigaciones que funcionan en ratones y se venden a la opinión pública casi como curaciones definitivas en humanos.
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"Se deben depurar responsabilidades de una forma severa con quien robe o malgaste un euro que era para la investigación; con quien enraíce la mala hierba de sus negocios en un centro que es del interés común de todos los españoles"
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El prestigio de investigadores referentes en la
Oncología internacional se desvanece al ritmo que la UCO va constatando que hay un agujero negro por el que se van los billetes públicos destinados a la Ciencia, a la investigación, a la curación del cáncer. Los patronos privados salen corriendo despavoridos ante la
mancha reputacional que se extiende cada mañana al abrir el periódico.
¿Qué queda en pie en el CNIO? Posiblemente poco más que la
honradez de los investigadores de base, que no están bajo los focos porque andan en su laboratorio investigando. Esos a quienes los recortes y la malversación están arruinando la ilusión laboral y personal, y que seguramente viven asqueados por el lamentable espectáculo que les rodea.
Investigar no puede depender jamás de que el espectador haga
bizum a un número que sale en la tele, debe tener un
marco de financiación estable y serio.
El
Ministerio de Ciencia; innovación y Universidades debe actuar más a fondo, muchísimo más de lo que lo está haciendo hasta ahora, porque el caso del CNIO será paradigmático para
la Ciencia en España. Se deben depurar responsabilidades de una forma severa con quien robe o malgaste un euro que era para la investigación; con quien enraíce la mala hierba de sus negocios en un centro que es del
interés común de todos los españoles. No puede volver a suceder, hay que aprender del desastre y articular los mecanismos de control necesarios para que lo recordemos solo como una pesadilla.
¿Estamos a tiempo de
salvar la marca CNIO y lo que debe representar para la
esperanza contra el cáncer? Creamos de una vez en la Ciencia como motor para el avance de un país, y no nos resignemos a ser comprensivos con la picaresca como un mal endémico de nuestro carácter.
La ocasión es ideal para demostrar qué España queremos ser.
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