Esta semana se ha confirmado que el
Ministerio de Sanidad va a aumentar el rango de edad en el que se realiza el
cribado de cáncer de mama. Era una petición que incluso pacientes estaban reclamando desde hace tiempo en plataformas como change.org.
Es un avance que se pase del rango de 50 a 69 años hasta los 45 y 74 años. Y lo es, porque
la prevención secundaria funciona. En
España, entre 10.000 y 11.000 casos anuales (el 30 por ciento) se detectan gracias a los
cribados.
Pero la mala noticia de este anuncio del Ministerio de Sanidad viene envuelta en la letra pequeña que manejan el órgano estatal y las
Comunidades Autónomas, que son quienes deben aplicarlo por tener transferida la competencia asistencial: las comunidades y ciudades autónomas dispondrán de un
plazo máximo de tres años para iniciar la adaptación del programa y de
hasta seis años para alcanzar una cobertura de invitación cercana al 100% entre los nuevos grupos de edad.
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"Dar (y aceptar) plazos de 3-6 años para poner en marcha un cambio como el anunciado en el cribado de cáncer de mama habla de desidia, de conformismo y de deriva burocrática"
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¿Cómo es posible que en un país avanzado como España, con una más que
relevante red asistencial, y con una implantación digital que debiera ir acorde a los tiempos en los que vivimos, el
Sistema Nacional de Salud se permita unos plazos tan dilatados? A la velocidad que avanzan las innovaciones, de aquí a seis años el
screening puede estar ya obsoleto, y la lenta burocracia que impera en el
Consejo Interterritorial de Salud para implantar novedades lo que provoca es desde luego una
pérdida de oportunidad para los ciudadanos, que se traduce en enfermedad y en algunos casos muertes. Evitables ambos, porque si ya existe la tecnología e incluso la voluntad política, ¿por qué nos conformamos con ser tan lentos?
Mientras que el engranaje del Sistema Nacional de Salud va a ritmo propio de la burocracia que reflejaba
Benito Pérez Galdós en sus novelas, el ámbito privado está demostrando que el dinamismo es posible: prevención en calcio coronario,
biopsia líquida frente al cáncer, test para anticiparse a enfermedades neurodegenerativas, etc. Si hay novedades que pueden dar respuesta al ciudadano, al paciente, la
Administración Sanitaria no puede mirar a otro lado o eternizarse con 'papeleos', porque está generando un acceso de primera o de segunda al sistema sanitario, y eso es muy grave.
Dar (y aceptar) plazos de 3-6 años para poner en marcha un cambio como el anunciado en el cribado de cáncer de mama habla de desidia, de conformismo y de deriva burocrática.
¿Esa es la Sanidad Pública que queremos? Desde luego, hace falta
reformar para preservar el Sistema Nacional de Salud.
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