En
apenas 27 meses de formación universitaria, una persona
sin necesidad de haber cursado Medicina puede estar
preparada para desarrollar diagnósticos clínicos y manejar tratamientos en el sistema sanitario estadounidense bajo la figura del
Physician Assistant (PA), un perfil profesional que en Estados Unidos actúa como apoyo directo al médico y que requiere certificación nacional y licencia estatal para poder ejercer.
El programa de
Stanford, uno de los más reconocidos del país, establece que su currículo tiene una duración total de
nueve trimestres, equivalentes a 27 meses. Se trata, por tanto, de poco más de dos años de formación específica orientada a la práctica clínica.
Este itinerario formativo
no exige una licenciatura o grado previo en Medicina. El único requisito académico de acceso es contar con un
bachelor’s degree (un título universitario) sin que sea obligatoria una disciplina concreta, lo que implica que el aspirante no necesita ser médico para iniciar este camino profesional.
Entre las competencias clínicas que se incluyen en el programa figura de manera explícita la
capacidad de desarrollar un diagnóstico diferencial a partir de la historia clínica, la exploración física y las pruebas diagnósticas. Es decir, el PA se forma para identificar y evaluar problemas médicos siguiendo un
razonamiento clínico completo.
Además, el plan docente contempla una
preparación intensiva en terapéutica clínica y farmacología. El programa incluye cursos centrados en principios farmacocinéticos y en el
uso de terapias farmacéuticas, así como en la
toma de decisiones terapéuticas en la atención médica. También se aborda el marco normativo que regula la práctica profesional del PA y su alcance dentro del sistema sanitario.
Este modelo profesional, cada vez más extendido en Estados Unidos,
está generando un debate creciente. The New York Times advertía recientemente de que,
en los centros de atención urgente del país, es cada vez más probable que el paciente sea atendido por un PA, una figura sanitaria con licencia que puede prestar atención clínica,
incluida la prescripción de medicamentos, bajo supervisión médica. El diario subraya que la expansión de responsabilidades y la búsqueda de un mayor grado de autonomía está elevando la tensión con parte del colectivo médico.
De hecho, en estados como Oregón, New Hampshire o Maine, estos profesionales ya empiezan a ser denominados “physician associates” en lugar de “physician assistants”, un
cambio de nomenclatura que para muchos no es solo simbólico,
sino parte de un proceso de ampliación de su papel asistencial. Según el Times, mientras los profesionales defienden que el término “assistant” infravalora su función, organizaciones médicas como la American Medical Association advierten de que este “rebranding” puede confundir a los pacientes.
¿Solución al problema estructural de la falta de médicos?
El periódico estadounidense también contextualiza este fenómeno en un
problema estructural: la falta de médicos y el crecimiento acelerado del número de PA, que se ha cuadruplicado desde el año 2000, lo que ha llevado a muchos estados a flexibilizar los acuerdos de supervisión y permitir que estos profesionales operen con mayor independencia.
Ahora bien, los propios documentos académicos insisten en que la capacidad profesional del Physician Assistant no se obtiene únicamente con completar el máster. Para poder ejercer,
los graduados deben aprobar el examen nacional de certificación, el PANCE, y posteriormente solicitar la licencia estatal correspondiente. Los requisitos concretos y el alcance final de la práctica clínica dependen de la regulación de cada estado.
Así, el modelo estadounidense del Physician Assistant permite que, tras poco más de dos años de formación especializada y un examen nacional obligatorio, profesionales que no han estudiado Medicina puedan
asumir funciones clínicas avanzadas, como contribuir al diagnóstico y al manejo terapéutico del paciente, dentro de un marco regulado que sigue abriendo debate en el sistema sanitario norteamericano.
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