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Covid-19: Así se blindan las residencias españolas para resistir al virus

Javier Benítez, geriatra y miembro del Grupo de Cronicidad de Semergen analiza cómo se está protegiendo a los mayores

Javier Benítez Rivero, geriatra y miembro del Grupo de Cronicidad y Dependencia de Semergen.

31 dic 2020. 16.00H
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Las residencias españolas se han tenido que enfrentar en 2020 a un nuevo coronavirus que ha puesto en peligro la vida de los más mayores. Según los datos de las comunidades autónomas, cerca de 25.000 personas mayores han muerto con Covid-19 o con síntomas asociados a esta enfermedad.

Por ello, los profesionales sanitarios que trabajan en estos centros se han esforzado en rearmar las residencias para proteger a los más vulnerables. Bien lo sabe Javier Benítez Rivero, geriatra en la Residencia de Personas Mayores de la Fundación Centro de Acogida San José de Jerez de la Frontera y miembro del Grupo de Cronicidad y Dependencia de Semergen, quien se ha encargado de mejorar la asistencia a las personas mayores.

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Benítez llegó a la residencia el pasado mes de julio tras 41 años de entrega al Servicio Andaluz de Salud. "Tener un geriatra en el servicio de una residencia es valor añadido necesario", subraya el facultativo, que desde su llegada mejoró los sistemas de protección para los mayores del centro, que capearon la primera oleada sin contagiarse.

"Tener un geriatra en el servicio de una residencia es valor añadido necesario"

Sin embargo, en septiembre se produjo el primer brote, en el que se contagiaron 13 residentes que vencieron a la enfermedad. "En un segundo brote, con 33 positivos, fallecieron cinco residentes recuperándose el resto satisfactoriamente", relata Benítez, quien, además, ha realizado el seguimiento de las personas que eran trasladadas al hospital.

La entrada del virus en el centro "ha sido a través de los propios trabajadores que los atienden, quienes se han contagiado fuera de la residencia y, a pesar de las medidas de protección, lo han introducido". Para tratar de evitar la transmisión del Covid-19, desde el centro se ha elaborado un Plan de Contingencia que adapta los protocolos de la Consejería de Salud y que contempla, por ejemplo, la suspensión de salidas y visitas, la sectorización en las zonas y la dotación hidrogeles, con unos 70 puntos de distribución en el centro.

Realización de pruebas a trabajadores y residentes


Una de las medidas tomadas por la Junta de Andalucía en la residencia es la realización de cribados serológicos a los trabajadores del centro. Desde el pasado mes de octubre, los empleados se realizan test de antígenos semanalmente para detectar los positivos y proteger así a las personas mayores. Recientemente, relata Benítez, el cribado ha permitido detectar a tres positivos entre el personal, que han sido derivados a la mutualidad de Riesgos Laborales y cumplen un aislamiento en sus domicilios.

A partir de estos positivos, el centro realizó una PCR a todos los residentes del sector que atendían estos profesionales, un total de 32 personas. "Han resultado positivos dos residentes, que están en zona de aislamiento, zona roja, según el protocolo. Sus compañeras de habitación están en aislamiento preventivo porque son PCR negativo", explica Benítez. 

Entrada de la residencia en la que trabaja Javier Benítez.


En la residencia, relata, se han establecido distintas áreas de aislamiento, distribuidas en forma de “acordeón” para ampliarlas o reducirlas en función de la demanda. El sector rojo, donde se ubican los residentes con Covid-19, se sitúa al fondo del pasillo, "separado con fronteras", tal y como ilustra Benítez, que describe el pediluvio por el que los profesionales sanitarios han de pasar antes de entrar o salir del mismo. Además, se ha establecido un punto de colocación de EPIS, con todo lo necesario para que el personal pueda equiparse con su equipo correspondiente.

"El pasillo de distribución del sector tiene una dirección única, se accede por un sitio y se sale por otro. Lo más peligroso de un traje de aislamiento tipo buzo es retirarlo después de haber entrado a una zona contaminada como es la roja, donde se ubican los residentes positivos", advierte el geriatra. En la zona amarilla o de aislamiento preventivo de personas que han tenido contacto estrecho con un positivo, pero son negativo, se ubican a los residentes que deben cumplir las 14 días de aislamiento aunque no hay síntomas ni indicios de su contagio. "Esta reorganización es muy complicada y transforma significativamente el funcionamiento del centro, pero la epidemia en este momento es prioritaria", reconoce Benítez. 


Control y registro de los profesionales


"Hemos instalado wifi y adquirido tanto tablets como auriculares para que las familias y los residentes puedan mantener el contacto también visual"

Los profesionales sanitarios deben registrar una "autodeclaración" en la entrada en la que se descartan síntomas compatibles con la Covid-19. "Hay un sistema por el cual se declara, con nombre, apellidos, DNI, hora y temperatura; no haber tenido síntomas como la tos, fiebre o trastornos gastrointestinales 48 horas antes", explica Benítez, que detalla que este mismo proceso se realiza en el acceso de los proveedores "para intentar minimizar los riesgos". Además, los trabajadores que se incorporan por primera vez o aquéllos que acumulan más de cuatro días consecutivos sin acudir al centro, se realizan una prueba de antígenos.

Para las fiestas navideñas, explica el geriatra, la Consejería de Salud ha permitido vacaciones a los residentes con un mínimo de cinco días. Sin embargo, si en ese periodo de tiempo se produce un brote en la residencia, los mayores no podrán regresar al centro. 

Plan de Humanización


La residencia también ha desarrollado un Plan de Humanización para frenar el deterioro cognitivo y las crisis de ansiedad que padecen los residentes, dadas las medidas de prevención y aislamiento impuestas. Y es que, al cerrar las zonas o sectores tras detectarse un positivo, los residentes han de permanecer en su habitación.

"Hemos instalado wifi y adquirido tanto tablets como auriculares para que las familias y los residentes puedan mantener el contacto también visual ", explica el geriatra, advirtiendo que se hace un registro de las llamadas y su periodicidad. 

"Desde agosto, el centro está cerrado a las visitas porque se han encadenado varios periodos de aislamientos por residentes positivos que van seguidos de 28 días de aislamiento preventivo, en el que se prohíben las salidas y visitas. Hasta la cuarta semana de enero está previsto que no se permitirían las visitas, dadas las normas actuales", lamenta.

Formación específica a los profesionales


En el centro se extreman las medidas preventivas frente al virus.

En los últimos meses, en la residencia se ha intensificado la formación del personal mediante la celebración de cursos preventivos frente al Covid. Además, cada mañana se realiza un briefing para hacer balance de la incidencia del centro y repasar las medidas de prevención adoptadas en el Plan de Contingencia.

"También hay reuniones de seguimiento interdisciplinares semanales, donde participa la dirección y el equipo técnico, para hacer un seguimiento de la situación y platear estrategias de intervención acordes a la misma", añade Benítez, satisfecho del "tándem" que forma junto a la directora de la residencia, Trabajadora Social con
experiencia en la gestión de Servicios sociosanitarios.

"Ante las bajas de personal por la pandemia, se realizan las contrataciones necesarias para que los servicios estén plenamente cubiertos, la maquinaria responde en ese aspecto de forma inmediata reforzando en las zonas más afectadas donde se necesitan mayor numero de personal debido a la sectorización", se congratula Benítez, que considera "satisfactorio" cómo se ha ido adaptando la residencia a las diferentes necesidades.

Por ejemplo, es el personal del centro quien realiza las pruebas PCR, cursadas mediante una petición online a Salud. "Nos mandan el material y ya las hacemos aquí. Las enviamos al hospital donde son analizadas y nos informan del resultado", explica.

"Aquí no ha habido reparos en la derivación de residentes al hospital", se felicita el geriatra, que advierte que no se trata éticamente de una cuestión "discutible ni negociable". "Existe un coordinador médico con el que mantenemos contacto muy fluido, así como con Atención Primaria mediante la Enfermera Gestora de Casos para comunicación bidireccional y para la provisión de test de antígenos y PCR cuando se determina. Diariamente mantengo contactos con el Hospital para saber cómo están los ingresados y me pasan un report", subraya.

Un año "agotador" para los profesionales de residencia


"El mundo residencial ha sido siempre asociado a noticias negativas. Es frustrante porque hay miles de profesionales que trabajan a diario con ilusión y entrega total, estando pendientes de los residentes"

De los 120 residentes que ha llegado a tener el centro en 2020, 47 se han contagiado y cinco han fallecido por Covid-19. "El mundo residencial ha sido siempre asociado a noticias negativas. Es frustrante porque hay miles de profesionales que trabajan a diario con ilusión y entrega total, estando pendientes de los residentes. Todos los profesionales somos igual de importantes, cada uno tiene su cuota de responsabilidad, el esfuerzo y implicación ha sido no solo profesional sino personal", subraya Benítez, que lamenta que "el trabajo en residencias está muy denostado e infravalorado, se trabajan con recursos escasos para afrontar situaciones sanitarias como la actual. Es necesaria una mayor especialización y reconocimiento de sus profesionales".

"Hemos llegado a tener a 25 residentes en zona de aislamiento, zona roja; y la dedicación ha sido agotador en algunos momentos para todos los profesionales", recuerda el geriatra, que advierte del esfuerzo que supone estar tanto tiempo con el EPI completo puesto, en su caso pasando consulta y llamando a las familias para informarles del estado de los mayores. "Se informaba diariamente al familiar directo, durante los 14 días de aislamiento", relata Benítez, que recuerda la "alegría" de darles el alta tras superar la enfermedad y la "frustración" que le han producido los fallecimientos. "Nosotros tenemos a 126 profesionales trabajando, por encima de la ratio, priorizando siempre la calidad en la asistencia", sentencia el doctor.

En su centro, la edad media se sitúa en torno a los 86,6 años y la residente más longeva, de 104 años, ella también ha superado el Covid-19. "Lo pasó en septiembre y fue toda una satisfacción verla regresar a su habitación", recuerda emocionado.

Aunque pueda contener afirmaciones, datos o apuntes procedentes de instituciones o profesionales sanitarios, la información contenida en Redacción Médica está editada y elaborada por periodistas. Recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional del ámbito sanitario.