España tiene un problema muy serio con el
absentismo. Lo dicen las cifras, frías, pero que reflejan la realidad, que desde luego está candente: afecta a
1,4 millones de trabajadores diarios y supone un coste total anual de
33.000 millones de euros, de los cuales las empresas asumen 17.000 millones. El resto, lógicamente, salen de las arcas del Estado, que se nutren a su vez principalmente del rendimiento laboral.
España es
líder en ausencias debidas a una enfermedad o accidente, encabezando la clasificación de los países pertenecientes a la Unión Europea (y son 27).
Un
4,5% de los ocupados en España (entre 20 y 64 años) faltan a su puesto de trabajo por
incapacidad temporal durante una semana como promedio. Esta tasa casi duplica la media de la Unión Europea, que se sitúa en el 2,5%. También habla del empeoramiento de esta situación el hecho de que somos el país donde más rápido ha crecido este indicador. Desde 2018, las ausencias por incapacidad temporal en España han
aumentado un 73%, un ritmo 4,6 veces superior a la media europea.
Los datos y la tendencia, como se puede comprobar, no son halagüeños, porque hablan de que vamos a escenarios peores si seguimos en esta dinámica.
El impacto de las listas de espera sanitarias
Buena parte de este problema reside en las
listas de espera de consultas y pruebas diagnósticas que se amontonan en la sanidad pública. Existe una relación directa y plenamente reconocida por organismos oficiales como la
AIReF y el Defensor del Pueblo entre el atasco en la sanidad pública y el repunte histórico del absentismo laboral en España.
Las listas de espera son un verdadero lastre para el país, y seguimos sin querer solucionarlo. Veremos añadida además la repercusión a corto y medio plazo de las
huelgas médicas que vivimos estos meses, y el plante de anestesistas y cirujanos que presionan no haciendo horas extra, las llamadas peonadas.
Este es el panorama que tenemos, y solo lo pueden cambiar políticos con
voluntad (que cumplan de verdad su compromiso con los ciudadanos) y
gestores diligentes. Hay fórmulas en otros países que están funcionando, basta con echar un vistazo alrededor, no hay que inventar nada.
No debe ser en ningún caso un enfrentamiento de utilización política por uno o por otros, porque si entra en ese terreno no habrá solución. La idea es simple: se trata de resolver el problema porque esto es un lastre para la economía y para el funcionamiento del país. Una
espada de Damocles para el avance del propio estado del bienestar, porque la
economía financia el bienestar, y el bienestar potencia la economía.
Hace falta más agilidad para gestionar las bajas, más participación de los recursos que pueden aportar las
mutuas y más apoyo a los
médicos de Familia, que muchas veces se ven presionados para conceder las bajas.
Decir que hay poco control o que se dan a la ligera no puede ser un motivo para obtener crédito político. Una vez más, y en esta ocasión es un asunto fundamental y estratégico, no necesitamos bronca parlamentaria, se necesitan
soluciones (y pronto).
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