Las nuevas ‘salas B4’ contra el ébola, al detalle

El país dispone de 25 centros diagnósticos y ocho unidades de aislamiento en proyecto

Lunes, 01 de junio de 2015, a las 13:58
Javier Barbado / Imagen: Cristina Cebrián. Salamanca
Las ocho instalaciones de máximo aislamiento en sendos hospitales para aislar a los enfermos de ébola (o de otras enfermedades infecciosas de alto riesgo de contagio) que se construyen en este momento en España, dispondrán de sistemas de control, vigilancia y limpieza que los aproximan a los que se utilizan en las salas B4 o de alta bioseguridad de los mejores laboratorios del mundo preparados para esta clase de amenazas (y de los que el país carece).

Así lo han detallado ingenieros y especialistas durante el III Encuentro Global de Ingeniería Hospitalaria organizado por Sanitaria 2000 en Salamanca con la colaboración de la AEIH, entre ellos algunos de los protagonistas menos conocidos de las sucesivas crisis que afrontó la Comunidad de Madrid a partir del verano de 2014.  

El ingeniero y miembro de la AEIH Carlos Ramírez, en este contexto, ha revelado que un sistema informático de control automático regulará el tránsito de personal escogido para atender a enfermos de ébola y enfermedades similares en las unidades de aislamiento que se construyen en este momento en España.

Ramírez explica las instalaciones del Gómez Ulla.

Este mecanismo es sofisticado, pues debe ser resistente al peróxido de hidrógeno que se utiliza en todo momento como desinfectante, y cumple diversas funciones: visionado del enfermo, de su historia clínica, comunicación con el centro de control, acceso a servicios digitales para el paciente, incluida la conversación remota con sus familiares.

Asimismo, ha hecho especial hincapié en la calefacción, la refrigeración, la electricidad y cualquier otras clase de prestación energética “que no deben faltar en ningún momento” en esta clase de unidades, donde funcionan sistemas de extracción con filtros especiales desinfectables con agua oxigenada.

Ramírez se ha referido también a los extractores, climatizadores y filtros que han hecho necesarios sistemas de combinación tecnológica muy específicos para estas salas, que deben mantener la temperatura y el flujo de aire en la dirección adecuada del lado más limpio al más sucio. “El sistema dispone de agua hiperclorada, tratamiento de los residuos y posibilidad de instalación de diálisis ante el daño renal del enfermo, entre otras complejidades adicionales”, ha subrayado.

Hasta 15 sanitarios por paciente en el Gómez Ulla

Julián Arranz, arquitecto responsable del proyecto de las instalaciones del Hospital Central de la Defensa o Gómez Ulla de Madrid (que incluye ocho habitaciones con un coste total de otros tantos millones de euros) para aislar y tratar a enfermos de ébola y otras enfermedades infecciosas de elevado riesgo de contagio, ha puesto énfasis en el número de personal que requieren (hasta quince personas por paciente) y el grado de complejidad de las infraestructuras adyacentes.

Arranz ha detallado el diseño de las habitaciones, que incluye el acceso y las esclusas, y también se ha referido a los protocolos de actuación del personal, que exige la colación de cámaras (incluso se planteó ubicarla en el baño, a lo que los ingenieros se negaron y lo reemplazaron por otros métodos más respetuosos con la intimidad del paciente). Entre las salas, se encuentran los vestuarios para los equipos de protección individual (EPI).

De izquierda a derecha, Salvador Villanua, coronel del Ejército y Jefe de la Unidad de Proyectos; Julián Arranz, arquitecto de BernA10 Arquitectos, Venancio Giménez, jefe del Servicio de Mantenimiento del Hospital Carlos III de Madrid; Carlos Ramírez, vocal de la Asociaicón Española de Ingeniería Hospitalaria (AEIH); Dan Mudarra, director de unidad de negocio de Prhoinsa; y Enrique Díaz, delegado de Interiores de Madrid de Clece.


El coronel Villanua y la crisis de 2014

Salvador Villanua, coronel del Ejército y Jefe de la Unidad de Proyectos, se ha ocupado desde julio de 2014 de planificar en el Gómez Ulla la instalación de las habitaciones, es decir, antes de la crisis de los misioneros y de la paciente Teresa Romero que hubieron de ser atendidos en España ese mismo verano.

De acuerdo con el relato de Villanua, se conformó entonces la Comisión presidida por la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, “y fue entonces cuando contratamos al arquitecto Julián Arranz. “Todo lo que se ha diseñado desde entonces se ha hecho pensando en la seguridad biológica”, ha recalcado.

El servicio militar de construcciones construye, en la actualidad, la instalación de la planta número 22 del citado centro más otras dos plantas por encima de ella, según ha recordado.

El biólogo que se enfundó el EPI

Dan Mudarra, biólogo y director de la Unidad de Negocio de Prhoinsa, ha explicado la naturaleza del ébola y el abordaje de las crisis acaecidas en todo el mundo. “Aunque el último brote ha sido el año pasado, se han registrado otros de menor impacto que no se han extendido años antes; cuando llega a occidente, alrededor de 1.100 casos y una mortalidad muy elevada, la Organización Mundial de la Salud declara la alarma internacional”.

Como recordó Mudarra, el 14 de agosto falleció en Madrid el primero de los misioneros contagiado con el virus; en esa diatriba se encontró él mismo, enfundado en su EPI, para descontaminar la habitación en que había yacido el enfermo: “Vaporizamos el agua oxigenada con un vapor seco que se descompone en agua y oxígeno con altas propiedades oxidativas; se trata de un compuesto, el vapor seco, compatible con el material en líneas generales salvo algunos como el cobre, que actúa como catalítico de la reacción y puede interferir en ella”, razonó.

El circuito mantiene constante el flujo de aire en la sala. El ciclo consta de cuatro fases: humidificación, condicionamiento, descontaminación y aireación. “Una parte muy importante es la de los indicadores químicos y biológicos (papel indicador) que viran de color y sirven para verificar la ausencia de microorganismos en la sala”, ha añadido.

La desinfección de la casa de Teresa Romero

Enrique Díaz, delegado de Interiores de Madrid-Clece, ha informado del encargo del Servicio Madrileño de Salud (Sermas) que le fue consignado a esta compañía para que descontaminara la casa en que permaneció la paciente enferma de ébola Teresa Romero en el Hospital Fundación Alcorcón: “Trabajamos con diez voluntarios; dedicamos tres días, uno para la vivienda de la auxiliar, y el resto para las zonas comunes del vecindario”, ha relatado.

“Coordinamos un equipo multidisciplinar que, en pocas horas, formó a las diez personas y logró llevar a cabo la intervención en menos de un día”, exhortó. “Evitamos riesgos para los ciudadanos y calmamos a la población”, señaló; “en general somos, los españoles, muy buenos en la improvisación, pero falta continuar la labor desarrollada en el tiempo; por eso hicimos un estudio de mercado y concluimos que el método de la compañía estadounidense Xenex era la más avanzada; fundada por científicos, provee a los ciudadanos americanos de más de 250 dispositivos que emiten ratos ultravioleta y erradican los patógenos”, ha puntualizado. La empresa Clece dispone de la exclusividad para esta clase de operaciones especiales de limpieza.

El líder del equipo médico de La Paz
 
Con independencia del foro mencionado y en declaraciones exclusivas a Redacción Médica, el jefe de la Unidad de Enfermedades Infecciosas del Hospital La Paz-Carlos III de Madrid y miembro de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (Seimc), José Ramón Arribas, confirmó que el comité de expertos conformado en su momento para atajar las crisis desatadas por el virus de ébola se continúa reuniendo en la actualidad con periodicidad.

Arribas, que aprovecha la conversación para reivindicar la especialidad de Medicina de Enfermedades Infecciosas en España (en la actualidad inexistente), centra ahora su esfuerzo en la selección de personal cualificado para la unidad de máximo aislamiento del hospital en que trabaja, que fue el primero que afrontó una situación de estas características.
 
“Vamos a tener  habitaciones con mejores recursos técnicos para atender esta clase de enfermedades, y estamos en pleno proceso de selección de personal al tiempo que seguimos haciendo entrenamientos periódicos con los equipos de protección individual”, ha relatado. “Todos los meses, de hecho, se hace un reentrenamiento, pero ahora estamos priorizando para escoger al mejor personal preparado para afrontar estas situaciones”.
 
Esta misma tarea “también la están llevando a cabo” los otros siete hospitales que planifican la instalación de unidades de máximo aislamiento, y, de hecho, se ha creado al efecto una comisión interterritorial “que también está lista para ponerse operativa y tomar decisiones en caso de alarma”.
 
Para Arribas, no cabe duda de que “la crisis del ébola ha multiplicado nuestra capacidad de respuesta para hacer frente a esta clase de enfermedades”.

De izquierda a derecha, Luis Mosquera, presidente de la Asociación Española de Ingeniería Hospitalaria (AEIH); Antonio Fernández-Campa, director gerente del Servicio Gallego de Salud (Sergas) de la Xunta de Galicia; y José Luis López, vocal de la AEIH.


Jesús Gutiérrez, jefe del Servicio Técnico del Príncipe de Asturias de Madrid; Martín Herrero, vocal de la Asociación Española de Ingeniería Hospitalaria (AEIH); Carlos Ramírez, de la AEIH; y Dan Mudarra, director de la unidad de negocio de Prhoinsa.


De izquierda a derecha, Luis Blázquez, director comercial de Carburos Médica; Javier Negredo, jefe de Sección de Mantenimiento del Hospital La Paz de Madrid; Chema Muñoz, de Carburos Médica; José María Pérez, jefe de Mantenimiento del Hospital Nuestra Señora del Prado; y Manuel Álvarez, director de Infraestructuras del Hospital de Burgos.


Julián Arranz, arquitecto de BernA10 Arquitectos; José Nieves, director de Gestión y Recursos Humanos Hospital Universitario 12 de Octubre; Beatriz Blanco, ingeniera del Hospital Ramón y Cajal de Madrid; José Antonio Rodríguez, gerente de SIAC; y Antonio Romero-Toro, subdirector de Gestión Técnica del Hospital Ramón y Cajal de Madrid.


De izquierda a derecha: José Luis de los Frailes, del Hospital Universitario Fundación Alcorcón; Zackary Ballard, de Siemens; y Carmelo Alejandro de la Higuera, jefe de mantenimiento del Hospital Santos Reyes.


Raúl Valdeolmillos, inegniero técnico industrial de mantenimiento del Complejo Asistencial de Zamora; Eduardo Corrales, jefe de Servicio de Mantenimiento del mismo hospital; Tomás Romera, del Servicio 112 de Castilla y León; Vicente Pérez, subdirector de gestión del Hospital Clínico de Valladolid; Antonio Villarreal, responsable de Electromedicina del Hospital Universitario Álava; Andrés Zarzuelo, ingeniero del Hospital Clínico de Valladolid; José Cesareo Martín, ingeniero técnico industrial del Hospital Universitario de Salamanca; y Javier Fernández, jefe de Mantenimiento del Hospital Santiago Apostol.


Jordi Vivancos, director de Infraestructuras y Mantenimiento del Complejo Sanitario Integral de Barcelona; Carlos Ramírez; y María Eugenia Conia, jefa de Mantenimiento de este mismo hospital.


José María Pérez; Javier Godoy, director de Carburos Médica; José Antonio Rodríguez; Luis Blázquez; y Jesús Gutiérrez.


En la imagen de la izquierda, Ángel Bienayas, director de Calidad y Desarrollo de APR, y Enrique Bordería, director de Desarrollo de Veolia. En la imagen de la derecha, Pablo Domínguez, consejero del Hospital de Molina, y Salvador Villanua, coronel del Ejército y Jefe de la Unidad de Proyectos.


Javier Negredo, Javier Godoy, Javier Guijarro, secretario general de la Asociación Española de Ingeniería Hospitalaria (AEIH), y Luis Blázquez.


En la imagen de la izquierda, Julián Arranz y Salvador Villanua. En la imagen de la derecha, Paulino Pastor, presidente del Comité 100 de Climatización de Aenor; y Javier Torrón, gerente de Camfil.


Imagen de uno de los descansos del III Encuentro Global de Ingeniería Hospitalaria, celebrado en el Parador de Salamanca.


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