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"Quiero que me sustituya un médico de la ONT"

Recomienda a Sanidad, encargada de nombrar al próximo director, que elija a alguien de la 'casa'

Rafael Matesanz, director de la ONT.

04 mar 2017. 18.00H
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POR @CRISTINAALCALAL
Joana Huertas
El director y fundador de la Organización Nacional de Trasplantes, Rafael Matesanz, se despide de la ONT tras casi tres décadas capitaneándola. Durante este tiempo, Matesanz no solo ha colocado al país en el liderazgo absoluto en materia de donación y trasplantes, sino que ha hecho que esto se convierta en la verdadera ‘Marca España’. Pero no todo ha sido un camino de rosas. El todavía director de la organización se ha enfrentado a riñas políticas (especialmente con Bernat Soria), a ‘exilios’ profesionales (Toscana fue su refugio) y a ver peligrar verdaderamente el sistema con la entrada de agentes externos que querían privatizar las donaciones en España.

Entrevista a Rafael Matesanz, director de la ONT.

Casi 30 años al frente de la ONT. ¿No le da pena abandonar la organización que vio nacer?

Irse de un sitio que ha sido toda mi vida y donde he estado tantísimos años siempre da un poco de pena. Pero las cosas deben de tener su fin. Recuerdo que decía Borges que "todo lo que dura demasiado es una tragedia" y ha llegado el momento para dejarlo.


¿Qué le lleva a dejar la institución precisamente ahora?

¡Mi edad! (ríe). Ya tengo más de 67 años y, aunque podría quedarme un par de años más, coinciden circunstancias familiares como, por ejemplo, que mi mujer también se jubila. Ahora mismo está todo bien encarrilado, estamos en máximos y además hay una línea creciente que va a seguir en los próximos años.

¿Cree que la deja en buenas manos?

Sí, porque ya no son solamente los datos positivos que se han conseguido a finales del 2016 sino porque, sobre todo, la trayectoria está muy bien marcada. En enero hemos aumentado el número de donantes un 27 por ciento por encima de la cifra del año pasado y el número de trasplantes ha crecido más de un 30 por ciento. Quién dé las cifras cuando acabe el 2017 se encontrará con un nuevo récord. Eso no quita que mi sustituto no tenga que hacer innovaciones y emprender nuevos programas, pero se encontrará un terreno muy sólido que le permitirá gestionarla adecuadamente.

Se retira ahora en marzo. Imagino que ya debe conocer el nombre de su sustituto…

No, todavía no está fijado. Es a la ministra de Sanidad, Dolors Montserrat, a la que le corresponde hacerlo y ya está barajando varias posibilidades. La única recomendación que le he hecho es que sea de la organización porque se ha creado un sistema muy bien entretejido compuesto por las 17 comunidades y conformado, como Subdirección General dentro del ministerio, por 40 profesionales. Si viniera alguien de fuera tendría que empezar a aprender cómo se trabaja dentro de la ONT y eso sería una pérdida de tiempo y de esfuerzo. Por eso, lo más lógico, es que me sustituya un médico de la ONT.

“El exministro de Sanidad Bernat Soria me hizo mobbing

¿Ha dado a Montserrat un nombre concreto?

No porque no es mi papel, sino explicar cuáles son los pros y los contras y, sobre todo, dar perfiles. A partir de ahí, la responsabilidad de elegir a uno u otro le corresponde a ella.

¿Cómo ha conseguido la organización involucrar a todo el Sistema Nacional de Salud en la tarea de la donación?

Siempre digo que la ONT ha conseguido extraer del SNS lo mejor que tiene pero teniendo en cuenta que no actúa sobre una estructura específica que se dedique al trasplante, es decir, los cirujanos que hacen trasplante de hígado son los mismos que operan cánceres de colon, por ejemplo.

El gran éxito de la organización es conseguir crear una red que empieza en el centro y que sigue en las 17 comunidades por parte de los coordinadores autonómicos y de allí, a todos los hospitales donde se pueden producir donaciones y trasplantes. De esta forma, hemos conseguido crear una especie de ‘franquicia’ donde realmente todo el mundo se siente a gusto colaborando con esta red y que se renueva continuamente.

¿Cómo han sido las relaciones con las diferentes comunidades autónomas?

Lógicamente hay con quién uno se ha entendido mejor y con quién se ha entendido peor pero es que nuestra obligación es entendernos con todos por igual y creo que lo hemos conseguido. Un aspecto fundamental en el desarrollo histórico de la ONT es que cuando nace en 1989 coincide con la creación del Consejo Interterritorial, por lo que la Comisión de Trasplantes fue una de las primeras que tuvo. De hecho, en ese momento solo estaban transferidas las competencias de sanidad a cuatro o cinco regiones (Cataluña, Andalucía, País Vasco y Galicia) y el resto se gestionaba a través del Insalud.

Y, sin embargo, nosotros actuamos de forma descentralizada desde el primer minuto y las 17 comunidades tuvieron capacidad para acreditar sus centros. Esto nos dio la posibilidad de trabajar más rápidamente. No voy a decir que no ha habido problemas, pero han sido puntuales, como los tiene cualquier otra organización. Pero, en general, hay un sentimiento de mejorar todos juntos.

Matesanz explica la evolución de la ONT a lo largo de estos años.

¿Cuál ha sido la que ha puesto más pegas a la hora de trabajar?

Ninguna en especial. Siempre ha dependido más de la persona que haya estado en el puesto en cada momento. En mi trayectoria he tratado con 15 ministros y, evidentemente, uno entiende que el problema no es que sea de un partido u otro, sino de quién sea el ministro y cuál sea su sensibilidad y capacidad de diálogo.

Pues con las comunidades ocurre exactamente lo mismo. Me he entendido bien con las 17 a lo largo de todo este tiempo y gran parte del éxito de la organización ha consistido en extraer de cada una de ellas lo mejor que ha podido. Las primeras ideas las extraje, en gran medida, fueron del País Vasco, de Cataluña, de la Comunidad de Madrid, de Galicia, para luego hacerlo con el resto de comunidades que estaban avanzando.

¿Cuál es la mayor satisfacción que le ha dado la organización?

La mayor de todas es que todos estos años han conseguido un trasplante más de medio millón de españoles y que, si echamos la vista atrás desde la creación de la ONT, se ha multiplicado por tres el número de donantes y por cuatro el número de trasplantes. No hay ningún país que haya hecho algo parecido.

¿Y cuál ha sido el peor momento que ha vivido mientras la ha dirigido?

Ha habido momentos muy difíciles, sobre todo, relacionados más con las no buenas relaciones con el ministro de turno. El peor momento fue, probablemente, durante la época de Bernat Soria, sin duda.

¿Tan malas fueron las relaciones?

Hay una palabra que las define y es mobbing.

¿Cuál ha sido el mayor encontronazo?

No hubo solo uno, sino pequeños encontronazos.

El director desvela cómo han sido sus relaciones con Sanidad.

¿Se puede decir que es su gran archienemigo en sanidad?

No, no tengo enemigos. Eso ocurre en determinados momentos de tu trayectoria profesional y no es un problema de amistad o enemistad, sino uno iría poniendo cruces a lo largo de su vida que no le dejarían vivir. Y eso no tiene sentido.

¿Tan difícil es lidiar con los políticos sanitarios de este país?

Con los políticos en general. No hace falta que sean sanitarios.

¿Por qué? ¿Les puede el ego, la ambición de poder…?

Creo que la forma de ser de los políticos sigue, como tantas cosas en la realidad cotidiana, una curva de Gauss. Hay con gente con la que uno se entiende muy bien y después hay otra pequeña cantidad de personas.

¿Se lleva algún a amigo?

Muchísimos.

¿Se puede señalar a alguien, algún nombre?

Por supuesto. A Ana Pastor, Trinidad Jiménez, Alberto Núñez Feijóo, Romay Beccaría, así como otros que han sido niveles más intermedios dentro del Ministerio de Sanidad como Francisco Sevilla, exdirector general de Planificación; o Francisco Ortega. Son personas con las que he colaborado de forma modélica y que se han convertido en verdaderos amigos.

¿Y de la última etapa del Ministerio de Sanidad?

También ha habido muy buena gente colaborando, como por ejemplo, Pilar Farjas, que ha sido una de las grandes sostenedoras de la ONT en los momentos más difíciles para la organización, como han sido la crisis económica o con el encontronazo que tuvimos con la empresa alemana de médulas. Dio la cara y permitió que todo saliera adelante, por eso, de los últimos años no he tenido ninguna queja del Ministerio de Sanidad.

Ahora que lo menciona, ¿se solucionó la situación con DKMS, la empresa alemana a la que alude?

Sí, pero fue necesaria una modificación legal para conseguirlo. Un cambio que recuerdo como uno de los momentos de mayor satisfacción he tenido dentro de la organización. Desde la ONT pedimos cerrar el paso a cualquier conato de privatización del sistema de donaciones y trasplantes, viniera de fuera o de dentro del mismo. Para ello, fue necesario cambiar una ley –cosa que todo el mundo sabe que no es nada fácil–, lo que requiere poner de acuerdo a todos los partidos políticos. Por eso, solo bastó una llamada telefónica o una consulta tanto a PP, como PSOE, Convergencia, PNV o Izquierda Unida para que dijeran que sí, que inmediatamente.

“Tras llevar a España al liderazgo en trasplantes, me echaron de la ONT”

Hábleme de su etapa en la Toscana ¿se fue por motivos políticos o fue más una oportunidad para renovar conocimientos?

¡No me fui, me echaron! (ríe)

¿Se fue un poco resentido o le vio la cara positiva y como una oportunidad para renovar sus conocimientos?

Empiezo la ONT en el 1989 y tres años después, en 1992, ya somos los primeros del mundo, una posición que mantenemos hasta el 2000, momento el que tengo esos encontronazos políticos y ya no solo que me tuviera que ir de la ONT o del Insalud, sino que en España se me cerraron absolutamente todas las puertas . Entonces, simplemente, me tuve que ir del país y elegí la Toscana, pero por connotaciones turísticas o emocionales.

Una vez allí vi aquello como una oportunidad vital. Trabajar tres años en Florencia no es algo que pueda decir mucha gente y para mi aquello fue un paraíso terrenal: aprendí un nuevo idioma, nuevas costumbres y conocí a gente nueva. Trabajé muy a gusto con los italianos y les organicé el sistema de donación que hoy en día tienen, así como el de coordinación oncológica.

¿Y que le llevó a volver a la organización que le había cerrado las puertas un par de años antes?

Ya habían cambiado los responsables sanitarios y entre Celia Villalobos y Ana Pastor hay una serie de diferencias.

¿Volvió con resentimiento?

No, ya digo que no miro hacia atrás nunca. Ana Pastor me dio la oportunidad de volver y además con un proyecto muy ilusionante, aunque luego no se llevase a cabo.

¿El Centro Nacional de Trasplantes en Medicina Regenerativa?

Sí.

¿Y qué pasó con él? ¿Quién acabó con ese proyecto?

Elena Salgado cuando llegó al Ministerio de Sanidad.

¿Por qué?

Básicamente porque venía del Gobierno anterior. En España las cosas se han hecho por estos motivos tan claros y diáfanos.

Rafael Matesanz recuerda cómo fueron sus años en la Toscana, donde creó de cero el sistema de trasplantes en Italia.


¿Se arrepiente de algo en estos años de mandato?

Nunca me arrepiento de nada. Seguro que me he equivocado una y mil veces, porque a lo largo de 28 años de trabajo, uno comete errores continuamente. Pero siempre digo que hago siempre las cosas convencido de lo que hago y luego puedo valorar que me he equivocado, pero arrepentirme no.

Desde la creación de la ONT, ¿se ha sentido apoyado por el colectivo sanitario o, de lo contrario, o fueron más reticentes?

No, hubo unos comienzos muy complicados en los cuales hubo unos apoyos sectoriales. Por ejemplo, mis colegas nefrólogos me apoyaron desde el primer momento y también encontré muy buena acogida entre los coordinadores de trasplantes (los pocos que había en ese momento, intensivistas la mayoría). Pero también hubo problemas muy serios con los trasplantadores cardiacos y los hepáticos. Pero como, cuando al final ven que aquello funciona y que no iba a inmiscuirme en sus asuntos, sino que la ONT iba a actuar como agencia de servicios para ayudar a todo el sistema, todo se hizo mucho más fácil.

¿Encontró más apoyo en el colectivo de Enfermería que en el de los médicos?

Con los enfermeros siempre ha habido unas relaciones espléndidas. Hay que tener en cuenta que la plantilla inicial de la ONT estaba compuesta por dos secretarias, seis enfermeras y yo. Fue la calidad de las personas que accedieron a venirse conmigo las que hicieron posible que la organización se llevara a cabo, lo cual no era fácil, porque la verdad es que era una aventura que podría haber acabado fatal desde el primer minuto porque contábamos con pocos apoyos (ríe).

¿Qué palabra definiría el éxito de la ONT si tuviera que ponerle uno?

Hemos demostrado que somos un gran país con un gran Sistema Nacional de Salud y que lo único que hace falta es organizarlo.

“¿Mi mayor satisfacción? Que se haya triplicado el número de donantes”

¿Cómo se lleva la ONT con el resto de organismos internacionales de las mismas características?

Muy bien, porque hemos dedicado un gran esfuerzo. Al principio era complicado, porque a España, en general como país y en particular con el asunto de los trasplantes, se nos veía de la misma forma que nosotros vemos a los que van en pateras ahora. Simplemente España no existía en este campo y los profesionales se tenían que ir a aprender a Francia, Inglaterra, Alemania o a Estados Unidos.

Y claro, los primeros momentos tampoco fueron fáciles en ese sentido porque había una especie de mirar por encima del hombro. Pero los números son muy tercos. Cuando empezamos, España contaba con 14 donantes por millón y estaba por detrás de Francia, de Alemania, de Inglaterra y de casi todos los países de referencia. Lo únicos que estaban detrás de nosotros eran los italianos que andaban bastante peor. Pero en tres años nos colocamos líderes mundiales. Tras estos, los franceses fueron los que mejor reaccionaron y lo apodaron “el milagro español”, mientras que los holandeses y los belgas -que no nos quieren mucho- se lo tomaron bastante mal y empezaron a buscar explicaciones extrañas a nuestro éxito.

¿Miraban más con envidia que con ganas de aprender?

Sí. Ha habido muchos países que durante bastante tiempo se han dedicado a intentar buscar explicaciones extrañas. Decían que teníamos muchos accidentes de tráfico, que no pedíamos permiso a las familias… He tenido que oír las mayores tonterías que se puedan imaginar en ese sentido de gente poco leída y estudiada. Y claro, cuando uno lleva ya 25 años y le duplica, triplica o cuadruplica los donantes y me sale con esta historia siempre le digo lo mismo: “no tengo ningún interés en que te copies. Te cuento lo que hacemos y gracias a esto, tenemos cuatro veces más donantes que tú. Si lo quieres aprender bien y sino, allá tú”.

En este sentido, las relaciones han podido ser complicadas con algunos países, pero por lo general son muy buenas. Hemos asesorado a todo el mundo, desde Australia a Canadá, pasando por América Latina. Además, toda la directiva europea de trasplantes está hecha en España. La ONT ha dedicado unas cantidades de energías muy importantes a la colaboración del mundo porque, entre otras cosas, la marca sanitaria española más conocida en los cinco continentes es la ONT, como especie de paradigma de buen sistema que tiene, de solidaridad de la población además de las técnicas terapéuticas más modernas.

El todavía director de la ONT desvela cuál sería el futuro de la donación en España.


¿Está suficientemente financiada la organización?

Nunca se está suficientemente financiada.

¿Qué le falta?

En cualquier organización siempre se tiene el deseo de que esté mejor financiada. Una de mis mayores frustraciones es que la ONT no haya tenido competencias en la investigación de trasplantes. Y, probablemente, si la organización fuese un mastodonte y, en lugar de tener 40 personas tuviera 400, no sería tan ágil ni tan eficiente como realmente hemos sido. Nosotros somos un organismo pequeñito, que tenemos una mini estructura administrativa necesaria como organismo autónomo y cuyo objetivo es que haya donantes y que el sistema funcione.

¿En qué época se ha recortado más el presupuesto de la ONT?

En el mandato de Elena Salgado.

¿Temió por la viabilidad de la organización durante la crisis económica?

Sí, pero no por la organización solo, porque todo el país estaba realmente en una situación complicada y pasaba unos momentos muy difíciles. A la ONT le recortaron la cuantía de las subvenciones destinadas en formación un 20 por ciento y tuvimos que amoldarnos. Pero tras la crisis, nos hemos hecho más fuertes que cuando empezamos, frente a otros países como Portugal y Grecia, que tuvieron que acceder a un rescate económico y vieron resentidos sus modelos de trasplantes.

“Al SNS solo le falta organización para que sea un éxito”

¿Hubo un momento en que viera que había que echar el cierre de la ONT por los recortes?

No, por Dios, esto no se puede acabar así de la noche a la mañana, pero que se resintió, sí. De hecho, no sé si estuvo en relación con esto, pero si uno ve la evolución de la donación en España hay un pequeño descenso en el año 2010 en el que pasamos de unas cifras que teníamos de 33-34 pasamos a 32. Luego nos recuperamos y hemos ido teniendo un crecimiento más fuerte que nunca.

¿Llegará la tecnología a sustituir a los trasplantes, por ejemplo, con impresoras 3D?

Hay determinadas cosas que tiene un marketing tremendo y una de las que más son las impresoras 3D, que parece que con que uno apriete un botón, va a salir un hígado por ahí. Creo que la tecnología va a ser un muy buen complemento de los trasplantes, pero sustituirlos al 100 por cien no lo hará nunca.

Hay dos líneas tecnológicas que pueden presentar un avance muy importante en este campo. Una es creando órganos con impresoras; lo que pasa es que lo que se ha conseguido hasta ahora son órganos huecos y lineales, y no creo que este dispositivo sea capaz de crear un órgano sólido, aún queda mucho para eso, pero puede ser de gran utilidad para una serie de intervenciones quirúrgicas que no son propiamente trasplantes.

Y luego el otro campo es la utilización de células madre. Eso es la panacea porque supone obtener células del propio paciente que tiene una enfermedad, insertarlas en el embrión y darle órdenes para que fabrique con esas células un determinado órgano. Pero aunque fuésemos capaces de crear esos órganos artificiales con los embriones de cerdo o de alguna otra forma, la donación estándar iba a tener que convivir con ese tipo de fábricas de órganos porque hay muchos trasplantes que son urgentes y que no da tiempo a fabricar.

¿Y cuál es el paso más inmediato que debe dar la ONT para no estancarse?

Hacer todo lo que sea para mejorar. Por ejemplo, en estos momentos hay una línea de trabajo para mejorar la preservación de los órganos y que nos permita conservarlos mejor. Ya se está haciendo con el pulmón y se empieza a realizar con el corazón, que son nuestra mayor vía de expansión en donantes. Creo que la ONT lo tiene que incorporar a la mayor rapidez posible, lo que hemos hecho siempre, y lo que habrá que seguir haciendo.

La entrevista de Rafael Matesanz ha tenido lugar en el plató de Sanitaria 2000.


¿A qué retos se enfrenta su sucesor?

A muchos. El primero es mantener este ritmo de crecimiento porque quizás la sociedad española en eso esté mal acostumbrada. Años tras años de récords no es habitual. Es curioso porque cuando se dan los datos, uno lee la prensa regional y ve cómo reaccionan en determinadas comunidades: que si están con 41, 42 por millón y titulan que están por debajo de la media española… Si es que si jugáramos la Champions todas las autonomías, todas estarían las primeras del mundo.

Además de eso, en el día a día también surgen problemas serios, como el que se puso de manifiesto el año pasado con el fraude a la Seguridad Social por parte de pacientes de otros países, con el que aprovechar cualquier resquicio legal para hacer lo que se llama turismo de trasplantes. Yo he trabajado todos estos años para que el español que necesite un trasplante, sea el ciudadano con más posibilidades de conseguirlo. Y eso ha venido siendo así en los últimos 25 años y tiene que seguir siendo así. Por eso, España tiene que blindarse, desde el punto de vista legal, para no tener un problema serio en este sentido.

¿Tiene España techo materia de donación y trasplantes?

Claro, por supuesto, porque el techo viene dado por las características epidemiológicas de la donación.

¿Y dónde está?

Actualmente, tenemos 43 donantes y en el mes de enero ya estábamos en 44 o 44 y medio, aproximadamente. Pero claro, hay cuatro comunidades que están por encima de los 60, lo que te hace pensar que si ellas han llegad, ¿por qué no van a llegar las demás? Creo que sí que estamos con la capacidad de conseguir llegar a los 50 donantes por millón en todo el país, a través de las nuevas vías abiertas: la donación en parada cardiaca y la colaboración con los médicos de Urgencias.

¿Qué consejo le da a su sucesor?

Gestionar la ONT a lo largo de tantos años requiere tener una mezcla de mucha mano izquierda pero también un pulso muy firme con la derecha. Es decir, por una parte hay que ser diplomático, sin duda (lo decía antes, nuestra misión es llevarnos bien con todos), pero eso no es fácil. No me puedo permitir el lujo de entenderme con unas comunidades sí y con otras no y no está dentro de mi papel. Entonces, en ese sentido, hay que ser diplomático pero también hay que tener las ideas muy claras, y si uno está convencido de que el camino es ese, tiene que seguirlo, sin priorizar a nadie por motivos económicos, ni sociales, ni políticos.

¿Cómo le gustaría que le recordara la comunidad científica y médica de este país?

Como un firme defensor del Sistema Nacional de Salud y como un servidor del Estado, que a fin de cuentas es lo que he sido. He trabajado siempre en el sector público y, en ese sentido, he sido una parte de él.

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