El
Traumatismo No Accidental (TNA), conocido comúnmente como maltrato infantil en lactantes y niños pequeños, constituye una causa relevante de morbimortalidad y continúa siendo una realidad infradiagnosticada. La Radiología se convierte en una pieza clave en la
detección precoz para ayudar a la protección de menores ante la sospecha de maltrato infantil, según especialistas de la Sociedad Española de Radiología Médica (Seram), como Elena Calabuig, ponente del 38 Congreso de la Seram que se celebrará del 20 al 23 de mayo en Valencia.
“El TNA es mucho más frecuente de lo que pensamos. En muchos casos no hay signos visibles, y el niño pequeño no puede explicar lo sucedido. En este contexto, la imagen médica aporta datos objetivos fundamentales para orientar el diagnóstico y poder proteger al menor. Por ello, el
papel fundamental del radiólogo en la sospecha y confirmación de estos casos”, explica Calabuig.
Un papel determinante en el diagnóstico y la protección del menor
Cuando existen hallazgos sospechosos en pruebas como la tomografía computarizada (TC) craneal o radiografías, el radiólogo refleja en su informe conclusiones explícitas que obligan a descartar un posible TNA. En algunos centros y secciones han elaborado un
comité con protocolo de actuación que activan en caso de sospecha que incluye el ingreso hospitalario del menor para garantizar su seguridad y la realización de estudios complementarios, como resonancia magnética (RM), serie ósea completa, exploración oftalmológica y pruebas analíticas.
Según Calabuig, “las pruebas de imagen proporcionan evidencia objetiva y documentada, con implicaciones clínicas y legales, que permite sustentar la sospecha diagnóstica y facilita la toma de decisiones médicas. En muchos casos, estos informes pueden ser determinantes en
procedimientos judiciales, donde los radiólogos actúan como peritos′′.
Protocolos multidisciplinares: una herramienta eficaz
Con el objetivo de mejorar la detección y el abordaje de estos casos en el Hospital General Universitario Dr. Balmis de Alicante, desde 2019 se ha implantado un
comité multidisciplinar hospitalario con un protocolo estructurado que coordina la actuación de diferentes especialidades médicas, así como profesionales del ámbito social y jurídico.
Este protocolo ha permitido:
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Incrementar la detección de casos sutiles que previamente podían pasar desapercibidos.
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Agilizar la realización de pruebas de imagen.
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Mejorar la coordinación entre servicios.
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Incorporar nuevas técnicas diagnósticas avanzadas, como la virtuopsia (procedimiento forense no invasivo que utiliza técnicas de imagen avanzadas, principalmente tomografía computarizada y resonancia magnética, para examinar el cuerpo de un fallecido).
Además, el estudio de imagen se adecúa según sospecha e incluye técnicas como
TC craneal y resonancia magnética cerebral y espinal, lo que permite identificar lesiones no visibles mediante técnicas convencionales.
La importancia de la coordinación para proteger al menor
La sospecha de maltrato infantil implica la participación coordinada de múltiples profesionales, entre ellos especialistas en
Radiología Pediátrica, Urgencias, UCI Pediátrica, Traumatología Infantil, Cirugía Infantil, así como médicos forenses, trabajadores sociales y autoridades judiciales.
“La Radiología no solo contribuye al diagnóstico, sino que también respalda la actuación clínica con evidencia objetiva, refuerza el
abordaje multidisciplinar y contribuye al objetivo fundamental: la protección del menor”, concluye Calabuig.
La experiencia demuestra que la implantación de protocolos estructurados y
comités multidisciplinares es esencial para garantizar una respuesta eficaz, mejorar la
detección precoz y asegurar la protección de los niños en situación de vulnerabilidad.
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