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Papel "estratégico" para Familia en el duelo de supervivientes del suicidio

La psiquiatra María Irigoyen analiza las dificultades e incluso las patologías que pueden sufrir estas personas

María Irigoyen, especialista en Psiquiatría en el Hospital Universitario Santa María de Lérida.

18 ene 2023. 08.00H
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Cuando se da una muerte por suicidio existen víctimas colaterales. La especialista en Psiquiatría del Hospital Universitario Santa María de Lérida María Irigoyen y otras compañeras han publicado recientemente una carta sobre esta cuestión en The European Journal of Psychiatry. Basándose en las conclusiones del científico Edwin S.  Shneidman, la facultativa define a los supervivientes del suicidio como aquellas personas que se sienten emocional, social y financieramente afectadas por el suicidio de un pariente cercano.

Aunque el experto estimó que hay seis supervivientes por cada suicidio, Irigoyen explica que hay estudios que revelan que la cifra varía en función de la relación y la edad de los fallecidos. Entre estas 'víctimas colaterales' se incluye a los sanitarios que trataron a las personas que fallecieron. “Los médicos también son supervivientes del suicidio de un paciente nuestro. Es evidente que el recuento de supervivientes por cada uno está infranotificado. Sin duda somos supervivientes de ese evento traumático y doloroso”, explica.

Los sanitarios no solo pueden ser supervivientes, sino que también pueden ser un eslabón clave para el resto de supervivientes del suicidio. Irigoyen, que también es miembro de la Comisión Nacional de la Especialidad, defiende que convendría aprovechar el papel estratégico que puede jugar la Atención Primaria, considerando que clásicamente el médico de Familia atendía toda la familia y, por tanto, con “alta probabilidad” conocerá al fallecido por suicidio, pero a su entorno parentesco también. “Con esa proximidad, ese conocimiento del entorno y confianza es una oportunidad para identificar situaciones de duelo patológico o riesgo suicida”, esclarece.

El duelo es una reacción adaptativa, dinámica y autolimitada. Pero cuando el duelo es por un suicidio, existe un “riesgo elevado” de que se pueda convertir en patológico con “elevada culpa, estigma, rumiación, evitación de conductas habituales, aislamiento e incluso riesgo suicida”. “Si no se aborda oportunamente, tiene alto riesgo de cronificación”, declara.


Patologías de los supervivientes


En la elaboración del duelo por el suicidio intervienen algunas circunstancias que lo determinan: “Aparece la clínica depresiva, ansiosa, insomnio, funcionamiento social más deficiente, pero singularmente el trastorno de estrés postraumático”. Este cuadro es más habitual en aquellos supervivientes que hallaron el cuerpo del suicida o que tuvieron que identificarlo. Este trastorno se caracteriza por una elevada rumiación y flashback que reiteran el evento. Estas personas, detalla, presentan tasa de depresión más elevada de por vida, pensamientos de culpa, peor funcionalidad laboral y peor ajuste social.  Además, paradójicamente, tienen “un mayor riesgo de presentar ideación suicida o incluso de realizar un intento de suicidio”.

El estigma que supone el suicidio complica más la situación para los supervivientes, por lo que Irigoyen resalta la importancia de realizar un manejo cuidadoso del suicidio para fomentar la sensibilización y la prevención, pero “con cuidado de no lesionar a los supervivientes”. “Cuando una persona ha fallecido en estas circunstancias, lo único que queda por hacer por esa persona es cuidar de sus allegados”, concreta.

“Cuando una persona ha fallecido por suicidio, lo único que queda por hacer por él es cuidar de sus allegados”


La doctora detalla que el impacto del fallecimiento varía en función de los rangos de edad. De esta manera, cuanto más joven es la persona muerta, mayor es el impacto. “Un estudio de Alan Berman de 2011 cuantificó que tras el suicidio de un menor se podían contabilizar al menos 80 supervivientes”, detalla. Por el contrario, el suicidio de una persona más mayor, tiene un impacto “más relativo”, pese al dolor que provoca. Por otra parte, en las primeras etapas de la vida, la infancia y la adolescencia, el impacto del suicidio de una persona cercana resulta más laborioso de gestionar que incluso otras muertes también traumáticas. 


Las herramientas de ayuda actuales


Estos supervivientes pueden contar con grupos de apoyo y asesoramiento, herramientas que la especialista considera muy relevantes porque permite crear un ambiente de confianza y desestigmatizantepara ellos. Entre los existentes, destaca DSAS (Después del Suicidio Asociación de Supervivientes), pues se ha convertido en “un referente nacional en apoyo y cuidado de supervivientes”. Su trabajo ha servido de modelo para replicar en otras comunidades autónomas, según desarrolla y cuenta con grupos de apoyo y asesoramiento que son “extraordinariamente importantes” sobre todo en los momentos iniciales de duelo.

Sobre el papel de las instituciones, Irigoyen defiende que todos los agentes de la sociedad deben estar informados sobre el riesgo de estas personas para “ser capaces de realizar un acompañamiento noble y honesto y habilitar la ayuda sanitaria de modo precoz y efectivo al menor síntoma de riesgo suicida o duelo patológico”.

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