Novedad en la 'familia Ozempic': "Puede ser un psicofármaco interesante"

Una investigación detecta la atenuación del consumo de alcohol y las conductas violentas ligadas a la impulsividad

El presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría Clínica (SEPC), Edorta Elizagarate; y Guillermo Lahera, psiquiatra y catedrático de la Universidad de Alcalá.


18 jun 2026. 19.15H
Los agonistas del receptor GLP-1 están demostrando efectos que van mucho más allá del control de la diabetes y la obesidad. Una nueva investigación realizada en Estados Unidos sugiere que estos tratamientos, conocidos popularmente por su capacidad para favorecer la pérdida de peso y tratar la diabetes, también podrían atenuar la relación entre la impulsividad, el consumo de alcohol y las conductas violentas. Aunque todavía se necesitan más estudios y un mayor volumen de evidencia científica, los hallazgos abren una nueva línea de investigación en el ámbito de la Psiquiatría y las reacciones comportamentales ligadas a adicción y actos violentos.

Para el presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría Clínica (SEPC), Edorta Elizagarate, los resultados del estudio, que incluyó a 821 personas que habían utilizado agonistas GLP-1 en algún momento de su vida, “generan expectativas importantes en el campo de las adicciones, especialmente por su potencial para reducir el consumo de alcohol. Esta disminución podría contribuir a una mejor preservación de las neuronas y de las conexiones sinápticas, favoreciendo una regulación más adecuada de sistemas neurobiológicos como el de la dopamina”.

Ante el riesgo de generar expectativas poco realistas, Elizagarate recuerda que aún se trata de una línea de investigación emergente: “Los datos iniciales son prometedores y apuntan en una dirección interesante. Si estos resultados se confirman en futuros estudios, podríamos estar ante un nuevo paradigma para el abordaje de la deshabituación alcohólica y otros trastornos relacionados con el control de impulsos”.

Otro de los aspectos que destaca el psiquiatra es la relación existente entre el consumo de alcohol y las conductas violentas: “Cuando una persona consume alcohol se produce una alteración cognitiva que reduce su capacidad para interpretar adecuadamente el entorno. Esto favorece respuestas más impulsivas y limita la capacidad de valorar correctamente determinados estímulos, aumentando el riesgo de comportamientos hostiles”.

Guillermo Lahera, psiquiatra y catedrático de la Universidad de Alcalá, coincide con el presidente de la sociedad y asegura que “la relación entre los fármacos para perder peso y aspectos psiquiátricos está cobrando cada vez más relevancia. De repente, un fármaco que ha revolucionado el campo de la diabetes y la obesidad sorprende por sus efectos conductuales, convirtiéndose en un potencial psicofármaco muy interesante”.

Lahera asegura que este estudio no es el único publicado este año sobre los agonistas GLP-1 y su efecto sobre el consumo de alcohol: “Va a haber una segunda fase del boom de Ozempic que está por concretarse y que no solamente mide peso y variables metabólicas, sino que también reduce el consumo de alcohol”. Cuando un paciente afirma a un especialista que tiene un deseo de consumo de alcohol irrefrenable, “estos fármacos parece que reducen esta ansiedad”.

Relación entre impulsividad y conductas violentas


Uno de los aspectos más relevantes de la investigación, según el catedrático, es que “no afirma que los agonistas GLP-1 reduzcan el nivel de impulsividad, sino que reducen la relación entre la impulsividad y las conductas violentas. El estudio compara a pacientes que toman GLP-1 y otros que ya lo han dejado, y se refleja que no hay diferencias de impulsividad, pero sí una alteración en la relación entre estos dos factores”.

Para el especialista, el elemento más destacado del estudio es su mecanismo de acción central y periférico, ya que el GLP-1 “actúa contra la conducta del sujeto, influyendo en el sistema nervioso central para modular los circuitos del control de impulsos, conocidos como el circuito de recompensa. De esta manera, se disminuye la fuerza del estímulo que genera la recompensa y la respuesta impulsiva". Tras estos efectos, el catedrático afirma que "se logra modular el paso al acto, disminuyendo la fuerza del estímulo, que puede ser el alcohol, la comida o la irritación. La fuerza intrusiva en la cabeza del paciente pierde fuerza, llegando a que no se pase a la acción”.

Cual seria en este caso la ruta neuroendocrina que hace que esos agonistas del recetor de GLP1 logre penetrar e influir en el sistema nervioso central para modular los circuitos del control de impulsos, conocidos como el circuito de recompensa: “Se disminuye la fuerza del estímulo que genera la recompensa y la respuesta impulsiva,

Resultados aún preliminares


Pese al interés de los resultados, Elizagarate insiste en que las conclusiones deben interpretarse con cautela. “Es necesario seguir aplicando el método científico para comprobar si estos hallazgos se reproducen en estudios más amplios y en diferentes poblaciones. Todavía quedan muchas incógnitas por resolver. Es necesario determinar si los agonistas GLP-1 son realmente capaces de reducir el consumo de alcohol y si esa posible reducción acaba traduciéndose en una menor incidencia de conductas violentas. Probablemente será más fácil demostrar lo primero que lo segundo”, señala.

Tras analizar estos resultados, Lahera está convencido de que esta familia de medicamentos “se puede convertir en un psicofármaco muy interesante, abriendo un horizonte de posibilidades en el terreno de las adicciones y trastornos de personalidad con marca de impulsividad y tendencia al acto”. Además, el especialista recuerda que en la mayoría de los fármacos “no existe un efecto central, y aquí se une este efecto junto con el periférico. Por lo tanto, también puede ser una revolución en el campo de la conducta”.

Del metabolismo a la conducta


En el ámbito clínico, y ante la necesidad de que especialistas como endocrinólogos e internistas tengan presentes estos posibles efectos a la hora de prescribir estos tratamientos, el catedrático afirma que “cuanta más información se tenga sobre los efectos del fármaco, mejor para todos. La evidencia preliminar que ya se está generando a través de la investigación afectará a la prescripción de los facultativos, que deberán tener en cuenta los efectos conductuales. En ocasiones serán beneficiosos, pero en otras displacenteros”.

En este mismo escenario, el presidente de la SEPC considera que, en los próximos años, “los agonistas GLP-1 podrían convertirse en una herramienta relevante dentro de la Psiquiatría, ampliando las opciones terapéuticas disponibles para distintos perfiles de pacientes”. No obstante, para que este abordaje pueda incorporarse de forma generalizada al Sistema Nacional de Salud (SNS), será necesario evaluar cuidadosamente su relación coste-beneficio.

“Si los resultados terminan consolidándose, no solo podría reducirse el consumo de alcohol, sino también determinadas conductas violentas, con el consiguiente impacto positivo sobre la salud mental, la calidad de vida de los pacientes y los costes sociales asociados”, concluye.
 
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