Desde
ansiedad y retraimiento social hasta
trastornos alimentarios y conductas autolesivas, en los casos más graves. El uso problemático de las redes sociales, no solo
impacta en el rendimiento escolar y en el clima familiar, sino que ya es fuente de problemas de tipo mental entre los menores. Conscientes de ello, los profesionales que integran la
Unidad de Salud Mental del Hospital Universitario Virgen de Macarena, en Sevilla, trabajan ya en un proyecto que utiliza este tipo de plataformas en su favor y que
convierte los memes en una herramienta útil a la hora de proteger a la población pediátrica de contenido perjudicial.
El trabajo, publicado recientemente en la Revista de Psiquiatría y Salud Mental, propone, como base, entender las autolesiones en los adolescentes -habitualmente cortes, golpes u otras lesiones corporales realizadas sin fines suicidas como una forma de regular o aliviar un dolor emocional intenso- como un "fenómeno comportamental de escala global que tiene un alto componente de aprendizaje social y de difusión cultural memética", expone Álvaro López, psiquiatra de esta Unidad.
Conviene aclarar que el concepto de meme, no obstante, dista del que está instalado ya en el imaginario colectivo cuando hablamos de este tipo de plataformas de comunicación. "No nos referimos a las imágenes humorísticas que circulan por internet sino al concepto original de Dawkins que es usado en el marco de la teoría memética ("meme" como unidad de información cultural que se transmite y se replica)", matiza el profesional. Desde esta perspectiva, ciertos contenidos y narrativas sobre autolesión pueden "propagarse por imitación a través de las redes sociales, ya que sus algoritmos de recomendación pueden amplificar dicha exposición en adolescentes en riesgo de autolesión en pos de maximizar el tiempo de permanencia de los menores dentro de la aplicación, generando un peligroso efecto de cámara de eco".
Regulación emocional
Frente a este mecanismo, los investigadores sevillanos proponen usar la misma vía de transmisión. El equipo planteó una solución heurística: crear y difundir "memes protectores", es decir, "mensajes breves, positivos y fácilmente compartibles que enseñen regulación emocional, alternativas a la autolesión y búsqueda de ayuda a los adolescentes más vulnerables", aprovechando que son precisamente estos canales su principal vía para relacionarse y consumir información.
De esta forma, la estrategia exige que la Inteligencia Artificial detrás de los feeds detecte patrones "lingüísticos, conductuales o emocionales asociados al riesgo de autolesión" entre los jóvenes. Una vez identificados, el sistema modifica sus recomendaciones para insertar "materiales de carácter preventivo cuando existan señales de interacción relacionadas con este tipo de comportamientos lesivos. "La idea sería poder desplazar la exposición del contenido dañino, que las plataformas no son capaces de moderar, insertando y amplificando la circulación de mensajes protectores personalizados para las personas en riesgo", detalla el experto.
En cualquier caso, este sistema no sería tanto una "forma de mejorar el uso que hacen los jóvenes de las redes sociales sino de modular mejor el contenido que les llega mediante los sistemas de recomendación, una estrategia para que no queden atrapados en una tóxica burbuja de filtro", aclara López.
Por ello, será la evidencia en el futuro la que se encargue de demostrar la capacidad de este trabajo, "principalmente conceptual", para prevenir grandes amenazas en este medio. Dado su propósito de prevenir "la amplificación y el 'contagio digital' de conductas autolesivas y contrarrestar la exposición repetida a contenidos sensibles", esta estrategia, según López, podría "adaptarse también a otras amenazas en línea, como la difusión de contenidos pro-TCA que circulan en las redes sociales".
Experiencias previas de campañas basadas en mensajes breves, claros y replicables, tales como 'Si bebes, no conduzcas', han logrado "calar en la conciencia colectiva y reducir riesgos", lo que hace pensar al que experto "que esta propuesta pueda dar sus frutos dentro del marco legal y ético vigente". No será "fácil", reconoce, ya que para llevarla a cabo "sería necesaria una colaboración internacional público-privada para exigir a las plataformas una moderación más eficaz del contenido sensible y la reconfiguración de sus algoritmos de recomendación" para automatizar, cuando sea necesario, la inserción de estos 'memes protectores'.
Mayor exposición que al alcohol o el tabaco
Y es que, desde un punto de vista epidemiológico, la
adicción a las nuevas tecnologías se ha convertido en
problema de salud pública. a ojos de los psiquiatras, en tanto en cuanto, el
nivel de exposición de la población general al mundo digital es
"muy alto, prácticamente universal", muy por encima del
consumo que muestran otras sustancias como el alcohol o el tabaco. Un aumento inversamente proporcional a la edad en la que debutan este tipo de problemas de salud mental, culpables del
insomnio, pérdidas de productividad o síntomas ansioso-depresivos que "pueden traducirse en una carga de morbilidad considerable si afectan a millones de personas".
Además, la economía del 'like' y la cultura de la comparación constante, advierte el psiquiatra fracturan la autoestima adolescente.
"La imagen al exterior pesa más que la propia identidad", lamenta.
Es por ello que la propuesta gubernamental de vetar el acceso a redes a menores de 16 años encuentra respaldo clínico y el beneplácito de los psiquiatras, para los que las plataformas carecen de moderación suficiente y operan como una especie de salvaje oeste digital para los menores. Retrasar la edad de registro, por tanto, protegería el neurodesarrollo en una etapa crítica y de máxima vulnerabilidad.