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"El médico debe concienciarse con las alarmas del trastorno alimentario"

La experta Andrea Arroyo desmonta algunos de los mitos que rodean a la anorexia y la bulimia

Andrea Arroyo.

13 jun 2019. 11.40H
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POR MARÍA GARCÍA
Ni la anorexia y la bulimia son trastornos que afectan solo al sexo femenino ni se dan solo en la adolescencia  ni son los únicos trastornos de conducta alimentaria (TCA) que existen, ni todas las personas que los padecen están delgadas. Según la Asociación contra la Anorexia y la Bulimia (ACAB), alrededor del cinco por ciento de la población adolescente femenina española padece un TCA y un 11 por ciento está en riesgo de padecer uno. Sin embargo, a pesar de que la prevalencia se considera alta, todavía existen tópicos y mitos alrededor de ellos. Andrea Arroyo, psicóloga y profesora de los Estudios de Ciencias d la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), explica a Redacción Médica que estos trastornos no entienden ni de edad, ni de sexo.

La incidencia y la prevalencia de la anorexia y la bulimia están aumentando en los últimos años. También en niñas. ¿Cómo es posible que ocurra esto?

Se está observando casos incluso de niñas preadolescentes, con nueve y diez años. Podríamos hablar de varios motivos. Uno de ellos es que la vulnerabilidad a la presión social, cada vez por lo visto, comienza a edades más tempranas.

Son trastornos que están asociados a las mujeres, pero indican que cada vez es más es cosa de varones.

Exacto. Entre los mitos que hemos incluido alrededor de los trastornos de la alimentación está que son únicamente dificultades mentales asociadas a mujeres, y esto no es cierto. Es decir, hay muchos hombres que también padecen o pueden suponer una población de riesgo para padecer trastornos alimentarios. Sí que es cierto que las estadísticas indican que hay muchos más casos de mujeres, pero eso no quita que ellos estén exentos de poder padecerlos.

¿Hay diferencias de género en el desarrollo de los trastornos?

"Una diferencia de género es la gestión de la imagen corporal"

Sí. De entrada, una diferencia entre ambos es la gestión de la imagen corporal y de la insatisfacción corporal. Una de las consecuencias que puede haber, en el caso de que se dé bajo peso (porque eso es otro de los mitos, que todas las personas con trastornos alimentarios son sinónimos de extrema delgadez), una de las consecuencias físicas en mujeres es la amenorrea, la de menstruación, mientras que en el hombre esta consecuencia física no existe. Sin embargo, hay otras que en las mujeres no se dan, porque por sexo también hay consecuencias sustanciales entre un organismo y otro.

¿Cuál es el perfil de ese 11 por ciento de personas que están en riesgo de padecer estos trastornos?

Hay características que, de alguna manera, definen que tengas un mayor o menor riesgo. Una de ellas es la etapa vital. En la adolescencia vemos mayor prevalencia. Esto no quita que en la etapa adulta también haya trastornos alimentarios, otro de los mitos. Pero es cierto que la etapa vital sería un factor de vulnerabilidad.

Otro factor de riesgo sería el tipo de contacto familiar y de contexto social al cual la persona está sometida. Por ejemplo, un factor social muy asociado al deporte y a ciertas exigencias sociales y físicas que pueden conllevar que haya una mayor preocupación por el cuerpo, por la comida, y  que eso te pueda conllevar a una extrema rigidez y que eso te acabe desencadenando en un problema.

Por lo que está viendo en estudio ahora también hay predisposición genética.

Sí, hay ciertos estudios que ya han sido publicados que indican que hay una serie de genes que, de alguna manera, comparten y pueden condicionar y predisponer a tener una mayor vulnerabilidad. Pero cabe destacar esto: que es una predisposición. Luego, la persona necesita interaccionar con un entorno que haya todos esos factores que predisponen al problema para que al final se acaben manifestando en el trastorno.

Siempre hablamos de que son trastornos mentales multifactoriales o multicausales. No se causan o surgen únicamente por un motivo (en este caso por un factor genético). No. Influyen muchos factores. Una persona puede tener una predisposición, pero también hace falta que interaccione explícitamente con este entorno favorecedor y que aparezcan esa serie de factores desencadenantes que hagan qu la dificultad brote y aparezca el trastorno.

¿Qué papel desempeñan las redes sociales en estos trastornos?

Un papel importante, sobre todo en población juvenil. La verdad es que pueden resultar vehículos bastante dañinos de pro enfermedad. Existen ciertas webs y una falta de regularización al mismo tiempo que provoca que el flujo de información nos sea la correcta y haya alguna que favorezca que estos trastornos o bien se mantengan, o aparezcan, o por lo menos continúen.

Todos estos mitos que han recogido, ¿pueden influir a la hora de diagnosticar el tratorno desde Atención Primeria?

"En menores, los padres pueden observar muchísima más preocupación por el peso, la comida y la imagen"

El mensaje que lanzaría es que estos médicos de AP o pediatras que están en primera línea tengan una alta conciencia de todas aquellas señales de alarma o de detección precoz que existen para detectar casos de trastornos alimentarios. Porque, en muchas ocasiones, conforman la primera línea de actuación, sobre todo cuando son menores. Primero se acude al pediatra o médico de referencia o de Atención Primaria para que, desde ahí, se ponga en marcha un funcionamiento que derive al paciente hacia una atención psicológica.

¿Y cuáles son estas señales de alarma?

Cambios bruscos de peso, que no tiene que ser únicamente una bajada, sino que debe haber grandes fluctuaciones de peso. A nivel psicológico, que haya mayor irritabilidad, cambios bruscos en el estado de ánimo. Consecuencias físicas como, por ejemplo, que aparezca lanugo, una falta de menstruación o amenorrea, que haya desajustes hormonales.

A nivel más social, puede haber un aislamiento, síntomas incluso más depresivos. En menores,  los padres pueden observar muchísima más preocupación por el peso, la comida y la imagen. A lo mejor observan ciertas conductas específicas, como que se miren mucho al espejo, que estén muy pendientes de lo que comen y que se vuelvan muy selectivas por la comida. O por el contrario, que se obsesionen muchísimo por la comida sana, que hagan pequeños rituales incluso con la comida.

En caso de que haya conductas compensatorias, como por ejemplo vómitos, se puede observar si la persona hace un deporte excesivo o, de repente, tiene un interés por hacer actividad o ejercicio físico en exceso. Si va muy a menudo al baño, por ejemplo.



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