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Covid: HM Hospitales aborda el aprendizaje adquirido en Medicina Intensiva

Los intensivistas señalan que la mejor medida contra el virus es respetar las medidas de protección social

IV edición del congreso ‘Día Mundial del Pulmón Crítico’.

19 nov 2020. 13.10H
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Una de las lecciones aprendidas durante la pandemia del Covid-19 es la importancia que la Medicina Intensiva tiene como último escalón en la lucha por salvar la vida de los pacientes infectados por el virus. Bajo esta premisa, este 2020 ha cobrado más relevancia que nunca la IV edición del congreso ‘Día Mundial del Pulmón Crítico’ - ‘The World Day of Critical Lung’ (WDCL). Evento se ha celebrado de forma online y durante más de 12 horas más de 2.500 profesionales de los cinco continentes intercambiaron ideas y experiencias. Todos coincidieron en señalar a la ventilación protectora, el ‘decúbito prono’ y el manejo conservador de los fluidos como las medidas más efectivas para los pacientes de Covid-19 ingresados en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCIs).

El caos inicial en el manejo de los pacientes Covid-19 en UCI por la ausencia de un tratamiento efectivo, el elevado número de pacientes y su gravedad, “se controló en HM Hospitales bajo el principio ‘Hagamos lo que sabemos hacer’, priorizando la intubación oro-traqueal y el ‘decúbito prono’ precoz, la ventilación mecánica protectora y la sedación optimizada, evitando el uso de tratamientos compasivos sin evidencia científica demostrada”, señaló José Eugenio Guerrero, jefe de UCI de HM Hospitales, del Hospital Universitario Gregorio Marañón y el encargado de recibir en nombre de todos los profesionales sanitarios de España en primera línea contra la Covid-19 el ‘Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2020’.

Este reputado especialista, organizador del WDCL, también indicó que, “al inicio fue una marea de pacientes que pensamos que nos desbordaría, recibíamos pacientes de urgencias, de planta, de la pública, de otros hospitales, etc. pero se logró expandir las camas, se trabajó incontables horas, se sacó fuerzas de donde no lo había y hoy podemos afirmar que en HM Hospitales ningún paciente con COVID-19 que requirió cuidados críticos dejo de recibirlos”.

Estas situaciones escenifican la gravedad de la situación que se vivió y se vive en las UCIs de todo el mundo, que se puso de manifiesto durante el evento, organizado por HM Hospitales, la Federación Panamericana e Ibérica de Sociedades de Cuidados Intensivos e Insimed. Como respuesta a esta realidad asistencial, que pone a prueba la capacidad de los cuidados críticos de los sistemas sanitarios, los profesionales asistentes al congreso pusieron de manifiesto la importancia de la transferencia de conocimiento global, la formación continua y el entrenamiento constante de los profesionales sanitarios de Medicina Intensiva.

Orville Baez Pravia, organizador del WDCL e intensivista en el Hospital Universitario HM Sanchinarro, destacó que “la formación continua es imprescindible, si estudias salvarás unas cuantas vidas, sin embargo, si entrenas a miles de profesionales, con acciones mundiales y de calidad académica como el WDCL, seremos capaces de salvar muchas más vidas. La medicina intensiva se basa principalmente en la utilización de medidas de soporte relativamente sencillas como la ventilación protectora, el ‘decúbito prono’ o la resucitación; pero solo serán efectivas si se hacen siempre y bien. No precisamos grandes equipos, precisamos entrenarnos y hacer lo que sabemos hacer, pero bien”.

‘Primum non nocere’


Los expertos reunidos en el WDCL coincidieron en señalar que en las fases iniciales de la pandemia “el manejo de los pacientes tuvo momentos de caos producto del desconocimiento, la frustración que generaba la ausencia de un tratamiento efectivo y el elevadísimo número de pacientes graves. Desde las UCI de HM Hospitales siempre procuramos ser conservadores, cumplir con el dogma de ‘primum non noncere’. Esta pandemia demostró que es fundamental tener una base de investigación sólida y de lectura crítica de la evidencia científica, a mayor crisis sanitaria, más tranquilidad, más mente fría y más rigurosidad científica”, aseguró el Dr. Orville Baez.

En ese sentido, Pablo Cardinal-Fernández, organizador del WDCL, intensivista del Hospital Universitario HM Sanchinarro e investigador, ofreció algunas cifras que hablan de la labor desarrollada en el Grupo: “a pesar que más del 90% de los pacientes de HM Hospitales que durante la primera ola de la pandemia terminaron en la UCI requirieron intubación oro-traqueal o estaban en shock, 6 de cada 10 sobrevivieron”. Adicionalmente ha destacado que, “a pesar de la brutal carga de trabajo que el Grupo debió soportar, se priorizó la transferencia de conocimiento a regiones que en aquellos momentos no están tan afectadas. Se hicieron 2 webinares denominados ‘Madrid responde’ y se mantuvo la investigación como perenne faro en el descubrimiento de conocimiento y la objetivación de la calidad asistencial.

Otra de las conclusiones en las que coincidieron los profesionales asistentes reside en mantener la concienciación sobre la peligrosidad de los efectos del virus como la mejor prevención. De hecho, lanzaron una petición a la sociedad: “Cuando un paciente llega a la UCI implica que muchas cosas han fracasado, comenzado por la prevención. Como intensivistas que vemos el sufrimiento y la muerte en múltiples ocasiones pedimos que se respeten las medidas de protección social como el distanciamiento, el uso de mascarillas y la higiene de manos”, expresó Orville Baez, en representación de todos los asistentes.

La experiencia que durante la pandemia han vivido en primera persona los profesionales de la Medicina Intensiva, que incluye a médicos, enfermería, celadores, servicios de limpieza…, también han dado muestras de una gran humanidad en el trato de los pacientes, cuando muchos de ellos se encontraban en momentos difíciles. Muchos de los asistentes relataron sus experiencias personales y algunas mostraron la crudeza del momento y un gran sentido de la humanidad. “Una noche a finales de marzo, evaluando los pacientes que podrían requerir ingreso en UCI y en el silencio de los pasillos hospitalarios escuché que alguien cantaba el ‘Cumpleaños Feliz’. Al acercarme a la habitación, vi a dos enfermeras con sus EPIs y un pequeño bollo al que habían puesto una velita, le cantaban a un paciente que estaba solo. Ese fue su último cumpleaños. En una época de enorme soledad, me di cuenta que aún había corazón”, reconoce Cardinal-Fernández.

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