La salud mental infantil presiona cada vez más al NHS, el sistema sanitario inglés. Los servicios de salud mental para niños y jóvenes de Inglaterra registraron en 2024-2025
1.048.965 menores con derivaciones activas, casi el
doble que en 2018-2019, cuando eran 563.639. Así lo recoge el quinto informe anual de la Children’s Commissioner, que advierte de un aumento de la demanda y de un sistema que no está logrando absorberla al mismo ritmo.
El crecimiento se ha acelerado en el último ejercicio. Según el citado documento, el número de niños derivados
aumentó un 9,5 por ciento en un solo año. El mayor incremento se concentra en tres motivos: sospecha de autismo, trastornos del neurodesarrollo excluido el autismo y ansiedad.
Las derivaciones por sospecha de autismo pasaron de 65.530 a 96.393 menores, un 47 por ciento más. Las relacionadas con otros trastornos del neurodesarrollo subieron un 24 por ciento, hasta 133.435 niños, mientras que las de ansiedad crecieron un 12 por ciento, hasta 169.389 casos.
El informe no señala que el NHS retrase los tratamientos de forma deliberada, pero
sí muestra que muchos menores no llegan a recibir atención efectiva durante el año. De todos los niños derivados en 2024-2025, solo el 36 por ciento recibió lo que el documento considera tratamiento, definido como al menos dos contactos con los servicios de salud mental infantojuvenil. El 29 por ciento tuvo la derivación cerrada antes de llegar a ese punto
y el 35 por ciento seguía esperando al cierre del ejercicio.
El atasco es especialmente claro en autismo y neurodesarrollo. Entre los menores derivados por sospecha de autismo,
el 71 por ciento seguía esperando tratamiento al final del año y solo el 13 por ciento llegó a recibirlo. En los trastornos del neurodesarrollo excluido el autismo, el 64 por ciento continuaba en espera y apenas el 19 por ciento recibió tratamiento. Estas son, además, dos de las áreas que más crecen en número de derivaciones.
Las listas de espera reflejan esa presión
La
Children’s Commissioner calcula una espera media ponderada de 128 días para el conjunto de menores derivados, según este informe. Entre quienes sí recibieron tratamiento, la mediana fue de 35 días, igual que en los dos ejercicios anteriores. Sin embargo, entre los niños que seguían esperando al final del año, la mediana ascendía a 224 días.
El informe añade que 60.041 menores llevaban más de dos años esperando.
La diferencia por motivo de derivación es muy acusada. Así, los niños derivados en crisis recibieron tratamiento con una mediana de espera de 4 días. En cambio, los menores con sospecha de autismo que sí llegaron a tratamiento esperaron una mediana de 356 días, prácticamente un año.
En los trastornos del neurodesarrollo excluido el autismo, la espera mediana fue de 176 días, casi seis meses.
El documento también apunta a un problema de coordinación, pues la Children’s Commissioner sostiene que
los servicios de salud mental no pueden resolver solos una crisis de esta magnitud y reclama una estrategia conjunta entre sanidad y educación, con más intervención precoz, vías compartidas para los niños con necesidades neurodesarrollativas y mejor conexión entre salud mental, pediatría comunitaria y escuela.
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