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¿Prohibir redes sociales a menores? "No es coercitivo, es salud pública"

José Antonio Luengo, vicepresidente primero del COP, analiza la prohibición a menores de 16 anunciada por el Gobierno

José Antonio Luengo, vicepresidente primero del Consejo General de la Psicología de España (COP).


04 feb 2026. 17.50H
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El acceso a las redes sociales para menores de 16 años podría limitarse en España. Así lo anunció el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su intervención en la Cumbre Mundial de Gobiernos. Las reacciones no tardaron en aparecer: de un lado, quienes hablan de la medida como un acto de coerción por parte del Gobierno; del otro, quienes la consideran un acto necesario para la protección de los menores. Es aquí donde se enmarca la valoración de José Antonio Luengo, vicepresidente primero del Consejo General de la Psicología de España (COP) y portavoz de la plataforma Control Z. Para él, la iniciativa tiene un significado claro: supone una vía de atajo en el tsunami generado por las aplicaciones y los dispositivos móviles. “No queremos decir que el consumo de redes sociales sea la causa de un trastorno de salud mental, pero hay una correlación evidente como variable a la que se unen otras variables”, explica a Redacción Médica. “Los efectos de las redes son ya un problema de salud pública”, advierte.


Qué consecuencias tienen las redes sociales en los menores


La evidencia científica es muy clara sobre este tema. “El consumo de dispositivos móviles en menores de tres años es muy arriesgado; genera impactos en el desarrollo del sistema nervioso de nuestros niños y niñas”, advierte Luengo. “Llama la atención que no hayamos sido capaces de decir alto y claro ‘oye, esto no se puede hacer’”, agrega. Así, insiste en la necesidad de no ver esta medida como algo coercitivo, sino como algo necesario para el buen desarrollo de los menores.

Con todo, el impacto ya es visible. Para empezar, el uso del tiempo se ha transformado. La dedicación a la práctica deportiva y a la actividad física se ha reducido. También lo ha hecho la presencialidad de las relaciones interpersonales, lo que ha empobrecido los procesos de comunicación al dejar de lado elementos clave como la mirada, los gestos o el silencio. Por otra parte, la cultura de la comparación permanente se ha intensificado, y esto resulta especialmente agresivo en edades tempranas. “Cuando son niños, su capacidad cognitiva todavía no les permite entender que lo que ven no tiene por qué ser siempre así. Entonces dejan de prestar atención a quiénes son, a lo que viven, incluso a lo que les ofrecen las personas que están con ellos, dando más valor a lo que observan fuera”, relata el experto.

La exposición constante a vidas idealizadas genera descontento con la propia identidad, con lo que se es y con lo que se tiene, alimentando la frustración y el malestar psicológico que, sin llegar necesariamente a trastornos graves, pueden convertirse en la antesala de problemas emocionales más complejos. A este escenario se suma la influencia de mensajes que indican qué ver, qué ser o cómo actuar, procedentes de referentes que no siempre son fiables, lo que incrementa el riesgo en menores especialmente vulnerables. Ante este escenario, el desarrollo de conductas de dependencia crece.


Cómo entender la prohibición del uso de las redes en menores


Hace unas décadas, con la irrupción de los smartphones en España, se apostó por la educación y la sensibilización. Sin embargo, el paso del tiempo ha dejado claro que no es suficiente. “Los riesgos que han ido apareciendo, y además en los últimos cinco años a una velocidad de vértigo en relación con el uso que nuestros niños, niñas, adolescentes y también jóvenes hacen de las aplicaciones y de las redes sociales, sobrepasan con mucho las posibilidades de control y de gestión que tenemos los adultos”, lamenta.

“Nos está llevando esta especie de tsunami que viene con todas estas aplicaciones y dispositivos. Esta inmersión prácticamente sin solución de continuidad en un contexto digital que en muchas ocasiones ni comprendes, sino que simplemente te metes en él y te lleva, te empuja, te colapsa”, advierte. Hay tecnologías que están diseñadas para generar, si no adicción, sí al menos un uso problemático. “No se trata de ir contra la tecnología en absoluto, sino de cuestionar determinados productos que la tecnología pone en manos de nuestros niños y adolescentes sin que el mundo adulto pueda siquiera acercarse a una posibilidad razonable de supervisión, control y gestión”, reitera.

El miedo a generar un posible efecto de reactancia, como puede ocurrir con otros ámbitos de abuso como el tabaco o el alcohol, no es inexistente. "Si me prohíben algo, me excita más la posibilidad de tenerlo. Esto es evidente", sostiene Luengo, por lo que insta a hacer las cosas "con sentido" y en un contexto de "paquetes de medidas" que se retroalimenten unas a otras. 

Luengo insiste en que no se trata de negar el uso del móvil: los menores pueden estar conectados. “No estamos hablando de limitarles la posibilidad, lógicamente, de que accedan a otras aplicaciones informáticas que les permitan aprender”, matiza. El foco está en el uso problemático de los smartphones y las redes sociales, cuyos efectos en la salud mental de niños y adolescentes ya son palpables.

Con todo, al igual que se ha dicho alto y claro que no es bueno fumar al lado de un bebé, hay veces que el mensaje no tiene la capalirad deseada.. "El niño está consumiento una toxicidad que, en el caso de las redes, en vez de ser de orden biológico es de orden psicológico", afirma. Por ello, la actuación de las familias es clave. "Tenemos que invocar, lógicamente, la colaboración", sostiene. "Hay algún país que va a poner una limitación y va a decir 'esto es así, a partir de determinada edad', pero si los padres consienten la limitación, puede ser menores. Es decir, si los padres lo consienten, su hijo podrá tener acceso a las redes sociales, en lugar de los dieciséis, a los catorce", concluye.

Aunque pueda contener afirmaciones, datos o apuntes procedentes de instituciones o profesionales sanitarios, la información contenida en Redacción Médica está editada y elaborada por periodistas. Recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional del ámbito sanitario.