El sufrimiento nos hace buscar ayuda. Un sostén. Alguien que mitigue el dolor. Forma parte de la naturaleza humana. Y es ahí, en ese preciso momento en el que somos vulnerables, cuando "nos exponemos a que abusen de nosotros". Cuando aumenta el riesgo de convertirnos en una
potencial víctima de un movimiento sectario. Los más de 30 años de experiencia de Miguel Perlado en este campo le han hecho saber que no es algo exclusivamente acotado a ciertos individuos. "Todos podemos estar expuestos a que, cuando nos abrimos con confianza al otro, alguien lo retuerza aquello para convertirlo en una
dinámica de control y de explotación", advierte.
Es por ello que, desde hace años, este psicólogo ofrece formación regular a los profesionales del
Sistema Nacional de Salud para que dispongan de
herramientas diagnósticas en la intervención clínica o incluso "a nivel forense" en un terreno ya de por sí "resbaladizo" que entronca con lo "religioso y lo espiritual".
Esta amenaza latente aboca al facultativo a "
afinar sus instrumentos, su oído y su atención" para poder disponer del contexto del paciente y
evitar posibles orificios de entrada de este tipo de casos al sistema de salud, enmascarados bajo un infradiagnóstico o como "algo volátil que no se ve o que, si acaso,
se anota como una nota marginal en la historia clínica sin llegar a explorarse".
Inclusión en la exploración clínica
Ya de por sí, la
falta de sensibilidad que rodea a este problema, con "poco reconocimiento desde el punto de vista asistencial", contribuye a agrandar estas grietas de acceso por las que se cuelan pacientes sometidos a un
daño psicológico. Y es que, cuando una víctima acude a
Atención Primaria o a la consulta del psiquiatra, los profesionales carecen a menudo de las herramientas para vincular sus síntomas con la
manipulación grupal.
"Si esto no se abre a la exploración clínica, entonces van a quedar
puntos ciegos", advierte el experto, acostumbrado a ver cómo el profesional ubica este tipo de casuísticas en un lugar erróneo, bien por su complejidad o por entender que se trata de una cuestión familiar o de "
psicopatología del paciente". "Todavía hay que trabajar mucho, inclusive entre profesionales, porque cuesta mucho", explica.
Teniendo en cuenta la proliferación de este tipo de grupos sectarios en España, el profesional debe, ahora más que nunca, ser capaz de identificar "
contextos de relación traumatizantes" donde se pervierten la confianza y el acompañamiento en "experiencias de daño y explotación" dando lugar a secuelas de gran calado. "Gran parte de las personas que han transitado o que han estado adheridos durante muchos años a estas comunidades presentan
traumas complejos y las dejan rotas".
Posibles señales de alerta en consulta
Para ello, indica Perlado, es importante estar receptivo a todas esas
señales de alerta que emite la víctima de una secta en consulta. Una dedicación exclusiva a una nueva actividad, hasta rozar la "obsesión", la irritabilidad o desconfianza ante las preguntas del facultativo, y la asunción de discursos muy negacionistas son indicadores clave. Ante la ocultación del paciente, que llega a normalizar el abuso como "una medida de transformación profesional", es
la familia o la pareja la que suele dar pistas de la manipulación coercitiva al facultativo, quien, a su vez, debe ser capaz de manejar las complicaciones de trabajo clínico que esto pueda conllevar sin perder la confianza del paciente. "Habrá que ver entonces cómo articular esa exploración complementaria para que podamos disponer de datos y de herramientas para la intervención".
Algo que se complica, teniendo en cuenta el
vacío formativo que existe en este terreno, sin herramientas docentes específicas y con una maquinaria investigadora que "todavía requiere mucho empuje". El propio Perlado tuvo que recurrir a la experiencia de sus colegas norteamericanos, pioneros en la puesta en marcha de "este tipo de
intervenciones terapéuticas" para saber cómo abordar estos escenarios y obtener una "progresiva especialización".
El germen de dicho interés florecía de su propia experiencia a la sombra de uno de estos movimientos sectarios cuando era joven. Fue, en concreto, durante su adolescencia, cuando comenzó a frecuentar una escuela que investigaba
fenómenos parapsicológicos, la cual escondía en su interior un grupo esotérico-ocultista. La crisis psicótica de un amigo, reinterpretada por el grupo como un estado de "iluminación" o "despertar espiritual", serviría como
punto de inflexión para Perlado a la hora de alejarse de este grupo al que había permanecido adherido más de dos años.
Hoy, tras casi 30 años de carrera y desempeñándose como supervisor clínico en la Asociación para la Investigación del Abuso Psicológico (AIIAP), subraya la dimensión estructural del fenómeno. "Estamos hablando de un
problema sanitario, es un problema que cabalga medio camino entre lo social y lo sanitario", sentencia.
Sin castigo en el Código Penal
A la falta de refuerzo formativo, se sumaría otro hándicap desde el ámbito forense como es la falta de respaldo legislativo y por tanto, acciones de tipo punitivo. Lo cierto es que, a día de hoy, la manipulación coercitiva no figura como delito en el
Código Penal español. De ahí que, la labor del perito que ejerce Perlado, consista en
objetivar el daño psicológico e intentar correlacionarlo con las dinámicas del grupo mediante pruebas documentales, como mensajería o grabaciones. Su meta en los tribunales no es perseguir la doctrina de la organización, sino probar la explotación sufrida. "Mi tarea no es anti-grupos, mi tarea es ayudar a las personas", subraya.
Es en este punto donde el experto desmonta la creencia de que las sectas -o "
contextos de alto control ideológico" como prefiere denominarlas- captan exclusivamente a personas con bajo nivel de estudios o mayor grado de vulnerabilidad. "Ese mito vuelve a incidir en que, al parecer, hay personas especialmente débiles de carácter, implícitamente, o el subtexto pudiera deslizarse un poco hacia ahí, pero lo cierto es que existe una
multiplicidad de factores que pueden interaccionar con la adhesión a estos contextos y hay que ver caso por caso", indica.
¿Cuál es la extensión de las sectas en España?
Las estimaciones se encargan de erosionar esta falsa convicción: aproximadamente un 1 por ciento de la población podría haber tenido contacto con una secta en algún momento de su vida. Sin embargo, y ante la falta de una "estadística fidedigna", todavía son muchas las incógnitas que rodean a este tipo de movimientos como
'El Palmar de Troya'. "Estamos hablando de grupos que minimizan, o bien a veces, por el contrario, maximizan sus cifras para dar una imagen de bondad: 'No debemos ser tan extraños si tenemos tantos miles de seguidores'", explica. Además, hay que tener en cuenta que estos grupos "funcionan por aros concéntricos". De esta forma, la "
experiencia sectaria y la vivencia se dan en los núcleos más íntimos de estas agrupaciones" pero también puede haber simpatizantes, personas que entran y salen, en los niveles periféricos, lo que hace que sea complicado establecer "una prevalencia", especialmente cuando hay menores implicados. "Con los niños todavía las cifras son mucho más invisibles", expone.
Tal y como "la experiencia clínica" indica y la "investigación empírica" corrobora, basta con que la víctima esté atravesando una
transición vital como una ruptura de pareja, pérdida de empleo, duelos o procesos migratorios para abonar el terreno y ser más propensos a la seducción del proyecto transformador que ofrecen este tipo de iniciativas.
Por tanto, y ante ese sentimiento de culpabilidad que actúa como mínimo común denominador, el psicólogo destierra la idea de que se trate de un fallo en la propia persona. "No es algo que funciona mal en él o en ella. De alguna manera traen el
impacto traumático como una señal de que abusaron de ellas y de que hubo algo mal en aquella relación que se suponía de cuidado", aclara.
El desmantelamiento y exposición de grupos como
'Los Miguelianos' en Galicia o
'La Chaparra' en Castellón, han contribuido a visibilizar este tipo de movimientos en España, cuya idiosincrasia supone un 'caldo de cultivo' similar al que presentan el resto de países en Europa, según Perlado. "No tenemos nada tan particular para que aquí proliferen más o menos", explica, si bien,
conocer el alcance y extensión real de este tipo de movimientos y su rango de acción "es una tarea harto difícil de establecer".
Aunque pueda contener afirmaciones, datos o apuntes procedentes de instituciones o profesionales sanitarios, la información contenida en Redacción Médica está editada y elaborada por periodistas. Recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional del ámbito sanitario.