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¿Cómo debe el médico comunicar la muerte a un niño?

Ildefonso Muñoz, psicólogo de Hospital Quirónsalud Campo de Gibraltar, ofrece un conjunto de recomendaciones prácticas

Ildefonso Muñoz, psicólogo de Hospital Quirónsalud Campo de Gibraltar.

03 nov 2016. 09.10H
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POR REDACCIÓN
Comunicar una muerte no es una labor sencilla. Aún menos, cuando la persona que recibe la información es un niño. El psicólogo de Hospital Quirónsalud Campo de Gibraltar, Ildefonso Muñoz, precisa que los síntomas del luto en los más jóvenes pueden variar o estar camufladas por otros síntomas, como problemas para dormir, problemas de atención, rebeldía, pesadillas y sentimientos de culpa (a veces pueden pensar “ha sido por culpa mía”), aunque todo depende de la edad del niño y de las circunstancias familiares.

Muñoz precisa que tanto en adultos como en niños el luto se vive en cinco etapas: negación; pensar que es imposible que ocurriera; negociación, revivir la situación y pensar qué pudo hacer para cambiarlo; ira, considerando que no es justo y grandes dosis de frustración; depresión o tristeza, se vive un letargo emocional; y aceptación, donde comprende que la situación ha ocurrido y es inevitable. Sin embargo, el paso por estas etapas es más complejo en los niños.

El especialista aclara que “los menores de 8 ò 9 años tienen problemas para entender la ‘irreversibilidad’ del fallecimiento, es decir, ellos no terminan de entender que la persona fallecida no va a volver nunca más, por el sentido de inmediatez del tiempo que ellos tienen. Los mayores de 9 años ya empiezan a comprender que la muerte ‘para siempre’ y el dolor o la tristeza suele ser mayor”. De ahí que recomienda tomar medidas.

Independientemente de la edad del niño, Muñoz indica que “para que el menor pase el proceso de duelo de una manera correcta es importante mantenernos calmados, hablarles (acorde a su edad y sin detalles desagradables o traumáticos sobre el suceso) de lo que ha pasado y que nos pregunten con total confianza sobre lo que quieran o necesiten saber, que aunque normalmente no suelen hacerlo en el momento lo pueden hacer en los días siguientes”.

En caso de tratarse de un familiar que convivía con el menor hablar con normalidad sobre la persona y tener alguna foto u objeto para que pueda recordarlo. De esta manera, asegura que no hay que negar que el familiar viviera con ellos, aunque advierte que “esto no hay que confundirlo con construirle un altar al familiar”. Incluso, podrá ayudar realizar un pequeño “ritual” de despedida si el menor lo desea (llevar flores, una visita a algún lugar “especial” para la familia o incluso acudir al cementerio o donde estén las cenizas).

En caso de considerar, que los síntomas tras el fallecimiento del ser querido son o muy intensos o muy duraderos e influyen considerablemente en la vida de la persona, lo mejor es consultar con un psicólogo especialista y ponerse en sus manos para evaluar la gravedad del problema y tratarlo, concluye Ildefonso Muñoz.

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