La falta de datos unificados opaca el éxito de la red oncológica española

La OCDE ha publicado un informe de buenas prácticas para la atención a pacientes con cáncer en la UE

Mathias Cormann, secretario general de la OCDE.


29 jun 2026. 06.15H
El cáncer gana cada vez más peso como problema de salud pública. En 2024, se estimó que había cerca de 2,7 millones de casos de cáncer diagnosticados en los países de la Unión Europea. De hecho, desde el año 2000, el número de diagnósticos ha aumentado un 28 por ciento. Ante esta situación, la respuesta de los sistemas sanitarios es clave. Sin embargo, los “sistemas de atención oncológica en Europa no están ofreciendo la mejor relación calidad-precio en la atención”. Así lo asegura el informe Buenas prácticas para brindar atención oncológica de alto valor en los países de la UE, publicado recientemente por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). España tampoco escapa a esta valoración: pese al éxito de su modelo organizativo, la organización denuncia su cuenta pendiente con la unificación de datos.

España: un modelo organizativo de referencia con retos pendientes


España se sitúa entre los países europeos que mejor han desarrollado la coordinación regional para la atención oncológica. Junto a Austria y Eslovenia, el sistema sanitario español destaca por utilizar la organización autonómica como una herramienta para construir vías asistenciales integradas, lo que contribuye a reducir los retrasos en el diagnóstico y el inicio de los tratamientos. La lectura es, por tanto, que una planificación coordinada puede mejorar la continuidad asistencial y la experiencia del paciente.

Además, también se reconoce a España como uno de los países que mejor aplica el principio de ofrecer la atención más adecuada con el menor impacto posible para el paciente. En el caso del cáncer de mama, el 79 por ciento de las intervenciones corresponden a mastectomías parciales, una técnica menos invasiva que ofrece los mismos resultados de supervivencia que la mastectomía total en los casos indicados. La cifra sitúa a España entre los referentes europeos y muy por encima de países como Rumanía o Polonia, donde este tipo de cirugía representa la mitad o menos de las intervenciones.

No obstante, no se han alcanzado los mejores resultados en todas las áreas. En el cáncer de próstata, España figura entre los países con una mayor utilización de la prostatectomía, con seis o más intervenciones por cada diez diagnósticos. Sin embargo, esta cirugía puede provocar importantes efectos secundarios a largo plazo. Además, en muchos pacientes existen alternativas más conservadoras y centradas en la persona. Pruebas de ello son países como Irlanda, Noruega o Dinamarca, donde se practica menos de una prostatectomía por cada diez casos.

Por último, la gestión de los datos es la principal asignatura pendiente. Aunque la descentralización ha favorecido la organización asistencial, también ha dificultado la creación de un sistema unificado de información sobre el cáncer. De los 29 países analizados por la OCDE, 26 cuentan con registros nacionales que cubren a toda la población. España, junto con Italia y Rumanía, sigue dependiendo de registros regionales, una fragmentación que limita la disponibilidad de datos homogéneos para evaluar resultados, comparar estrategias y planificar políticas sanitarias a escala nacional.

¿Cuál es la situación del resto de la Unión Europea?


La adopción de esta estrategia es el objetivo para toda la Unión Europea. Así, la OCDE destaca a nivel general la importancia de reforzar el valor de los sistemas de atención oncológica mediante cuatro prioridades clave. En primer lugar, propone desarrollar protocolos integrados que conecten diagnóstico, tratamiento y supervivencia, con vías de derivación ágiles y equipos multidisciplinares. Asimismo, plantea optimizar recursos mediante innovación tecnológica, impulsando la atención ambulatoria, la estratificación del riesgo y el uso de biosimilares. La tercera prioridad es reforzar los sistemas de datos para medir resultados y aplicar estándares de calidad, siguiendo modelos de Alemania y Países Bajos. Por último, destaca la necesidad de impulsar una atención centrada en el paciente, promoviendo su participación, el autocuidado y el bienestar integral, como muestra la experiencia francesa.
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