Tiene mal pronóstico y relativamente pocas opciones de tratamiento. Se trata del
cáncer renal papilar. Pese a las claves que arrojan en relación a su desarrollo las
alteraciones en la vía del gen MET, presentes en el
30 por ciento de los pacientes con enfermedad en estado avanzado, todavía existiría un hueco por explorar en lo relativo a los efectos que tendría dirigirse hacia esta diana en concreto. De hecho, "idealmente", este tipo de alteraciones "deberían pasar a formar parte del
protocolo diagnóstico estándar para
personalizar el tratamiento desde el primer día", en opinión de Cristina Suárez, investigadora del Vall d'Hebron Instituto de Oncología (VHIO).
Convencida de la dirección a seguir en este campo y en la propia evolución de la especialidad, como es la
Medicina personalizada, Suárez cree que la meta se antoja, de momento, lejana, teniendo en cuenta que "en la
mayoría de los centros no se testan estas alteraciones genéticas". Por ello, es cauta al hablar de un nuevo arsenal terapéutico a corto plazo, a pesar de los buenos resultados obtenidos en el ensayo clínico de fase 2 Calypso, cuyo objetivo era determinar la eficacia de diversas combinaciones farmacológicas en cáncer renal avanzado.
Necesidad de ampliar la cohorte
En concreto, se estudió el
impacto del tratamiento combinado de un inhibidor de MET -savolitinib- con durvalumab (inhibidor de PD-1) en este tipo de tumores. Sin embargo, como autora sénior del estudio, no cree que la evidencia generada en los 40 pacientes que compusieron la cohorte sea suficiente como para situar esta dupla de fármacos como una alternativa disponible en las decisiones terapéuticas en un futuro próximo.
"Creo que estos buenos resultados no tienen tanto que ver con la combinación o la sinergia de estos dos fármacos como con la
selección de pacientes con alteración en la vía MET", afirma Suárez, aunque reconoce que, si se consiguiera la "evidencia" suficiente en la clínica, "lo ideal" sería
poder ofrecer esta alianza farmacológica.
Según los datos del estudio, publicados en la revista
Journal of Clinical Oncology, la mediana de la
supervivencia global fue superior en pacientes con este tipo de alteraciones (27,4 meses) que en el global de pacientes (18,3 meses). La
supervivencia libre de progresión también se duplicó en este grupo con 13,9 meses frente a los 6,5 meses que reflejó el resto. Los eventos adversos estuvieron en línea con lo esperado para estos dos fármacos como "
combinación poco tóxica" en comparación con otras opciones. Por tanto, según Suárez, se trata de una alternativa "bastante o muy bien tolerada en balance con el gran beneficio que puede dar en un tumor huérfano de tratamientos".
ADN tumoral en sangre como herramienta
En estos momentos, España cuenta con dos fármacos individuales dedicados al tratamiento del
carcinoma renal de no células claras, donde quedarían englobados estos pacientes, y otra "opción bastante utilizada", como son los
inhibidores de la tirosina quinasa (TKI) en monoterapia. Esta opción, unida a inmunoterapia se encuentra también en estudio aunque tampoco contaría con una muestra lo suficientemente grande como para lograr luz verde por las agencias reguladoras.
El estudio también evaluó la
presencia de fragmentos de ADN tumoral en sangre (ctDNA) al principio del ensayo y durante el tratamiento a través de
biopsia líquida, reforzando su valor "como una herramienta clave para monitorizar la evolución de la enfermedad en tiempo real y evaluar la eficacia de las terapias”. No obstante, a ojos de la investigadora, todavía queda camino por recorrer para usarla "en la práctica clínica diaria" a la hora de decidir si
cambiar o mantener un tratamiento en tiempo real. Lo cierto es que, en cáncer renal, el valor del ctDNA no estaría tan avanzado como en otros tumores, especifica Suárez, debido, en parte, a las dificultades diagnósticas. Por ello, a pesar del diseño de estudios basados en esta clave para ver si "
escalar o desescalar tratamientos", a día de hoy "todavía estamos lejos de poderlo utilizar".
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