Mientras la mayoría de
los países europeos avanzan hacia la implantación de programas de cribado de
cáncer de pulmón, España continúa sin financiación pública para desarrollar una estrategia nacional. Y es que el contraste con países como Reino Unido, Alemania, Polonia, Croacia, República Checa o Francia es cada vez mayor y sitúa al sistema sanitario español en
una posición de claro retraso respecto a su entorno, tal y como señala en
Redacción Médica Luis Seijo, codirector del
Proyecto Cassandra, la mayor iniciativa impulsada en nuestro país para evaluar la implantación de este cribado en el Sistema Nacional de Salud (SNS).
"En Europa ahora
la situación es fragmentada", explica Seijo. Aunque existe una recomendación de la Comisión Europea favorable a implantar el cribado mediante tomografía computarizada (TC) de baja dosis en población de riesgo,
cada país ha desarrollado un modelo diferente. Algunos han optado por programas nacionales plenamente estructurados, mientras otros han comenzado con proyectos piloto financiados por las administraciones.
Sin embargo,
esa diversidad de modelos tiene un denominador común: la mayoría de los países ya están dando pasos para incorporar el cribado a sus sistemas sanitarios. "La mayoría de países están avanzando más allá de lo que está haciendo España", resume.
Reino Unido lidera el modelo europeo y otros países avanzan
Nuestro país continúa pendiente de poner en marcha una estrategia nacional de cribado de cáncer de pulmón. Aunque existen iniciativas de investigación y proyectos piloto como
Cassandra, el SNS todavía no cuenta con un programa financiado de forma específica. Así que ahora mismo el referente europeo, según el especialista, es actualmente
Reino Unido. Su sistema sanitario ha cribado ya aproximadamente
un millón de personas y los resultados empiezan a reflejar el impacto que puede tener la detección precoz. "Les va muy bien", afirma.
De hecho, apunta que
el 70 por ciento de los tumores detectados mediante el programa británico se diagnostican en estadios I y II, cuando las posibilidades de tratamiento curativo son mucho mayores. La diferencia con la práctica clínica habitual resulta significativa: "Lo normal es que si un paciente llega al médico con síntomas,
en torno al 40 o 50 por ciento tenga un estadio IV y dos terceras partes presenten una enfermedad avanzada no operable".
Además del beneficio clínico, Reino Unido dispone ya de datos reales sobre la eficiencia económica del programa. Según explica Seijo, el coste se sitúa
alrededor de los 9.300 euros por año de vida ajustado por calidad, muy por debajo del umbral de 29.300 euros que el propio sistema británico considera coste-efectivo. "No entiendo cómo España no ve por qué nos iba a salir más caro a nosotros", señala.
Junto al Reino Unido, otros países europeos también están consolidando sus estrategias. Alemania financia el cribado desde este mismo año, aunque todavía carece de una estructura nacional centralizada para auditar los resultados.
Polonia, Croacia y la República Checa disponen ya de programas nacionales estructurados y con seguimiento protocolizado, mientras que Francia ha apostado por un proyecto piloto de gran dimensión con el objetivo de implantar
un programa nacional en torno a 2030.
Fuera de Europa, el neumólogo destaca especialmente el avance de varios
países asiáticos. Allí no solo se está extendiendo el cribado entre fumadores, sino que algunos estudios han comenzado a evaluar también a mujeres no fumadoras, un perfil con mayor incidencia de cáncer de pulmón en determinados países de la región. En cambio,
Estados Unidos, pese a llevar años impulsando esta estrategia, encuentra mayores dificultades derivadas de un sistema sanitario fragmentado que dificulta la incorporación de la población de riesgo a los
programas de detección precoz.
España, en último vagón del cribado del cáncer de pulmón
Frente a ese escenario internacional, España continúa
sin financiación pública específica para el cribado de cáncer de pulmón. Actualmente existen
iniciativas de investigación en algunos hospitales, proyectos vinculados a cohortes internacionales y el proyecto piloto Cassandra, impulsado por sociedades científicas y asociaciones de pacientes, que en la actualidad cuenta con
16 centros activos y llega ya los
1.500 pacientes reclutados.
El objetivo de Cassandra no es demostrar la eficacia del cribado: "Eso está más que demostrado". Según Seijo, es una cuestión de "
demostrar la factibilidad y la viabilidad en el Sistema Nacional de Salud". Así, lamenta que el proyecto continúe sin financiación pública: "
Tenemos apoyo tácito, tenemos buenas palabras, pero
sin recursos y sin dinero es difícil llegar lejos".
A juicio del especialista, el principal obstáculo no es científico, sino político. "España mantiene todavía una
Estrategia Nacional del Cáncer que desaconseja el cribado de cáncer de pulmón y un informe de la Red Española de Agencias de Evaluación de Tecnologías Sanitarias que cuestiona su coste-efectividad", asegura. Y es que justamente el informe encargado por el Ministerio de Sanidad hace tres años concluía que el cribado de cáncer de pulmón no era coste-efectivo para el SNS. Una valoración que Seijo considera alejada de
otros análisis económicos publicados para nuestro sistema sanitario.
Un país preparado, pero pendiente de la decisión política
"Hay un
problema de voluntad política y un problema del 'status quo' en cuanto a la valoración de los recursos que tiene el país y el coste que supondría implementar un programa de cribado", sostiene. En su opinión, mientras no cambie esa visión será difícil pasar de los proyectos piloto a una estrategia nacional. "Es muy difícil encontrarte a alguien que vaya en contra de lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero no vas a encontrar voluntad de
financiar, impulsar e implementar un programa de cribado de cáncer de pulmón a escala nacional".
El codirector de Cassandra insiste en que el proyecto ya
reúne condiciones suficientes para recibir respaldo institucional. "Me gustaría ver un apoyo decidido de las administraciones, con recursos y con dinero, de un proyecto que ya está en marcha, reclutando pacientes y que está por la labor de demostrar la viabilidad y factibilidad en el Sistema Nacional de Salud".
Paradójicamente, asegura que la ciudadanía española muestra una elevada predisposición a participar en este tipo de programas. Según una encuesta realizada en el marco del
proyecto europeo Solaces, España es el país con mayor aceptación del cribado entre la población de riesgo. Apenas
un 5 por ciento de los potenciales candidatos rechazaría participar, frente a porcentajes superiores al 20 por ciento registrados en otros países europeos.
En definitiva, para Seijo, el camino que debería seguir España pasa por revisar la Estrategia Nacional del Cáncer, actualizar la evaluación económica del cribado y dotar de financiación a los proyectos ya existentes. Solo así, sostiene, podrá dejar de ocupar una posición rezagada respecto a Europa. "
Somos un país minoritario porque no estamos apostando por este cribado", concluye.
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