Algo tan cotidiano como ser una persona optimista podría significar algo mucho más positivo que lo que implica ya de por sí tener esta actitud ante la vida. Y es que,
un estudio publicado en el Journal of the American Geriatrics Society por la Sociedad Estadounidense de Geriatría (AGS), aporta
evidencia entre la relación de este rasgo con un menor riesgo de padecer demencia.
El trabajo, titulado "The Bright Side of Life: Optimism and Risk of Dementia", analiza
datos de 9.071 adultos mayores de Estados Unidos, todos ellos cognitivamente sanos al inicio del estudio. Los participantes, con una edad media de 73 años, fueron seguidos durante un periodo de hasta 14 años dentro del conocido Health and Retirement Study, una representación de
población envejecida.
Un 15% menos de riesgo de demencia en personas más optimistas
Para medir el optimismo, los investigadores utilizaron el cuestionario validado Life Orientation Test-Revised, que evalúa el grado en que una persona espera resultados positivos en su vida. Paralelamente, se monitorizó la
aparición de demencia mediante
pruebas cognitivas periódicas.
Los resultados muestran una asociación clara "a mayor nivel de optimismo, menor riesgo de desarrollar demencia". En concreto,
un incremento de una desviación estándar en la puntuación de optimismo se relacionó con una reducción aproximada del 15 por ciento en la probabilidad de padecer esta enfermedad neurodegenerativa.
Además, los hallazgos se mantuvieron incluso tras ajustar por
múltiples factores potencialmente influyentes, como edad, sexo, nivel educativo, depresión o enfermedades crónicas. Esto refuerza la hipótesis de que el optimismo actúa como un factor protector independiente, y no simplemente como un reflejo de un mejor estado de salud general.
Los autores también abordaron una cuestión clave en este tipo de investigaciones como es
la causalidad inversa. Es decir, si el menor optimismo podría ser en realidad una consecuencia temprana del deterioro cognitivo. Para evitar este sesgo, excluyeron a los participantes que desarrollaron demencia en los primeros años de seguimiento, confirmando que la asociación persistía.
Posible factor protector del envejecimiento cerebral
Más allá de su interés científico,
el hallazgo abre nuevas vías en el ámbito de la prevención. A diferencia de otros factores de riesgo, el optimismo es potencialmente modificable mediante intervenciones psicológicas, como la terapia cognitivo-conductual o programas de psicología positiva. Esto sugiere que fomentar una actitud más optimista podría integrarse en estrategias de salud pública orientadas a reducir la carga de la demencia.
Estos resultados se alinean con investigaciones previas que relacionan el optimismo con
un envejecimiento más saludable,
mayor longevidad y mejor bienestar emocional. Sin embargo, el nuevo estudio aporta un avance relevante al centrarse específicamente en la incidencia de demencia y al utilizar un diseño longitudinal robusto.
En cuanto a los mecanismos explicativos, el estudio apunta a varias vías. Por un lado,
el optimismo se asocia con menores niveles de estrés y una mejor respuesta inmunitaria. Por otro, las personas optimistas tienden a mantener hábitos más saludables, como mayor actividad física y una vida social más activa, factores que ya han demostrado reducir el riesgo de demencia.
En palabras de los autores de este estudio, "
identificar el optimismo como un factor psicosocial protector resalta su valor potencial para favorecer un envejecimiento saludable".
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